miércoles, 7 de enero de 2009

Volveremos

Y para qué volver atrás en paraísos falsos

si la realidad matará las ilusiones;

como haber amado y perdido todo,

otra vez,

amar y formar otro,

ese que no es

y querer que todo, absolutamente todo,

cambie su forma de rojo tormento.

Y para qué regresar los brazos cansados

a rodear estatuas demasiado alertas,

besar sus muslos tibios igual que el día,

prisión húmeda,

dulce de medianoche;

su boca de arena deshecha en humo,

en volcanes breves calcinados.

Y para qué regresar...

lo pregunto al cielo,

a los mártires, mis iguales,

al destino, espejo desierto,

al mar nocturno de sombras informes

pedazos de aire del color del tiempo.

Y para qué volver…

a coser del corazón los trozos desgarrados

del agua fría el mismo nombre

grabado en mi piel de estantes vacíos.

Para qué regresar

los pasos perdidos hacia cuevas de ilusiones,

verdosas esperanzas

absurdas de reflejos

de inocua riqueza bañada,

luz de limbos condenados,

párpados duros,

dolor inacabado.


Pero volvemos,

volvemos al sitio que el aire ya ha mecido

sobre cuerpos memorados y tristes.

Volvemos como el buitre a las entrañas

de Prometeo encadenado,

nueva carne,

tortura idéntica.

Volveremos porque los ojos,

duros cristales salados,

no distinguen los lamentos

incrustados en niebla de alegría,

ni recuerdan tampoco

bajo oníricas rosas

el desenlace trágico

de incontables verdades acumuladas.

Volvemos y volveremos

cual la piedra que se lleva a la montaña,

antigua carga segura a derrumbarse en su cima.

Volvemos y volveremos

a retorcer las mismas aguas espejos,

a acariciar la piel primera, desierta llaga,

a circular susurros, ahogados ecos

en el viejo laberinto la oreja sorda,

en las manos, blanco hierro.

Volveremos del paraíso al infierno

en amarillas nostalgias,

cólera ignorada hecha fuego

que recorre las arterias y tensa los nervios.

Volveremos, fiebre helada.

Volveremos, voces mudas;

de piedra la boca

de eternidad la muerte

de cierto el regreso.

Volveremos, sí, con la frente en alto

a destrozar cascadas

y pintar océanos y nubes.

El peso de la verdad nos cegará los ojos

más, un poco más,

siempre más.

Y sin embargo volveremos

sabiendo la condena sin tregua,

anhelando la paz sin dueño.

Volveremos los brazos llenos de otras piedras

elevando la mirada hacia nuevas cimas.

Volveremos, seguramente, volveremos.




Music: My immortal - Evanescence
Quote: "Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca, y entonces jugamos al cíclope." J. Cortázar.

2 comentarios:

Fernando Brambila O. dijo...

No sé si es mi propia lectura o no, pero percibo cierta alusión a Sísifo en el poema, con el asunto del retorno eterno y hasta algo absurdo.

†...Fenrir Branford...† dijo...

Un poco mas doloroso que el tormento de Sísifo... bastante más, de hecho... al menos dentro de sus penurias el no se enamoró... de haber sido así, hasta cuando hubiera soportado su jornada con la roca sobre la montaña? Podía con el peso de la roca, pero dudo que hubiera sido capaz de leventar tantas veces su corazón... después de todo, quien puede?

Absurdo... no sabes cuanto... y que no el amor es la delicia del absurdo? No fingimos obstinadamente mientras lo paladeamos para ignorar el hecho de que, el día de mañana, tendremos tierra en la boca en lugar de pétalos de rosas?

Ahhh, pero eso es lo que deseamos vivir, que no... no es esa la jornada del romántico errante, del amante de amor, del perseguidor de la decepción... no buscamos arrojarnos de cabeza hacia ese oceáno violento una y otra vez hasta el día de nuestra muerte, para darnos cuenta que enmedio del hielo y del fuego de ese intenso jugueteo, jamás hallamos al sueño encarnado que tanto tiempo añoramos?

Como sea... sabes lo que siento al respecto hehe... excelente forma de plasmarlo, querida mia.