jueves, 17 de noviembre de 2016

¿Cuánta vida te está costando tu sueldo?




La cosa tiene un gran preludio: todo empezó cuando terminé la maestría y estaba quedándome sin beca, un muy buen amigo me dijo que se necesitaba una "asistente" en el Centro Cultural del México Contemporáneo, el cual pertenecía al sindicato de maestros (SNTE); entré, era un trabajo sencillo: contestar llamadas, hacer citas para la coordinadora, dar informes, llevar la agenda cultural y de la jefa, atender a los artistas. Después de un año haciendo es chamba, la jefa vio algo de potencial en mí y decidió ponerme a cargo de Relaciones Públicas, lo que sea que eso signifique. En menos de un mes después, por cuestiones de incomodidad (la directora era hija de Elba Esther Gordilloy ahora ella estaba en la cárcel), el sindicato decidió que lo mejor era correr a todos los que trabajaban ahí, sin preguntar ni considerar nada.

Luego de eso, mi buen amigo me pidió que lo ayudara a dar unas clases en un Cetis, también lo apoyé con cosas que necesitaba y, como en realidad quien me estaba pagando era él (de dónde, no lo sé, mucho menos cómo, pero no entremos en detalles), me siguió pagando lo acordado a cambio de las nuevas actividades asignadas. Un día me dijo que necesitaban a alguien con buena ortografía y redacción para que ayudara a revisar un periódico que hacía el SNTE en la FIL de Guadalajara, así que me mandó para allá a hacer corrección de estilo y apoyar con una que otra cosita. Entonces conocí a una señora, directora de la Editorial del Magisterio, quien me ofreció un trabajo fijo. Yo, atenida a lo que me pagaba mi amigo y sabiendo que pronto dejaría su puesto de Secretario General en el SNTE, decidí tomar ese trabajo. Es una editorial, me dije, qué bonito ha de ser.

Y comencé. Y poco a poco se me fueron bajando los ánimos y fueron creciendo las decepciones. La verdad es que nunca había hecho corrección de estilo de manera profesional. De modo que ahí aprendí mucho, en serio mucho, más de impresión y edición que de corrección, pero lo aprendí. Y también aprendí lo que no se debe hacer. Resultó que la tal Editorial era más bien una imprenta, cuya directora no sabía la diferencia entre una imprenta y una editorial. Resultó que había un plan de independizarse del sindicato y funcionar como debería ser una editorial de verdad, pero esto nunca se concretó. Bueno, la supuesta independencia sí, con una gran ceremonia de inauguración en un nuevo lugar, y a la cual se invitaron a las editoriales más importantes de México (o al menos eso creía yo, pues en realidad se invitaron a las imprentas más importantes de México). Total que el proyecto nunca resultó lo que yo me imaginaba. Era una editorial sin editores, sin catálogo, sin línea editorial y que pretende cobrar a los autores porque no los ve como autores sino como clientes. Con todo respeto externé mis ideas, le dije a la jefa que no podía cobrar a los autores porque eso no es lo que ellos buscan ni esperan; ella dijo que si no les cobraba de dónde iba a sacar dinero, que aquello era un negocio y que me quitara esas ideas de la cabeza; evidentemente no tiene idea de cómo funciona una editorial y por más que se lo digan no le interesa escucharlo. Encima, habría que sumarle que no sabe los contenidos de lo que se publica, que piensa que todas las personas que quieren escribir libros son ególatras y que se asquea cuando sabe que hay muchas propuestas de publicar poesía; "poetas no", decía.

Yo estaba decepcionada y desesperada. Desde que inició el año (con apenas un año trabajando ahí) empecé a buscar otras opciones, sin encontrar nada que me gustara y con sueldos bajísimos. Después de la inauguración estuve a nada de renunciar, pero la necesidad de la lana y los gastos me detuvieron; fui a entrevistas, no me llamaron, busqué por ahí y por allá sin hallar nada que fuera suficiente como para renunciar de una vez por todas. Hasta que un buen día encontré un anuncio en Facebook en Ediciones Era donde pedían gente con un perfil como el mío y que supiera hacer lo que más o menos sé hacer. Y tuve la fortuna de que quisieron contratarme. Una cosa buena del sindicato es que paga muy bien (y cómo no, si todos sabemos las arcas que se llevó doña Elba Esther), pero ya llevaba mucho tiempo pensando si era realmente importante tener dinero a cambio de estar en un lugar que no me gusta, o bien, no tenerlo pero estar en un lugar que de entrada tiene mejor horario, cuyos directivos saben bien cuál es la chamba y donde, por supuesto, estoy cerca de la literatura.

Esta oferta de Era salió en el momento menos esperado. Ya estaba resignada a terminar el año ahí, ahogada de trabajo hasta los fines de semana debido a su pésima planeación (eso o renunciar, definitivamente), atendiendo a peticiones que me parecían incongruentes y fuera de lugar (como fabricar una botarga para la FIL Guadalajara y tener un stand que no exhibe ni vende libros, sí, en la feria del libro más importante de Latinoamérica). Pensé en aplicar al doctorado, cosa que tampoco me llenaba de felicidad pero al menos parecía una puerta de salida ante tanta frustración. Afortunadamente, la luz llegó, con Era, algo que no tenía entre mis planes, pero que me salvó. Y además, con todo lo que busqué y todo lo que aprendí, me hice buena haciendo corrección de estilo y cuidado editorial (allá, en el sindicato, la jefa cree que esa chamba es cosa que cualquiera que sepa leer puede hacer), le eché ganas y me hice muy buena, tanto que me llaman de Editorial Planeta y de Editores Mexicanos Unidos, y trabajo con libros de literatura que generalmente valen la pena (nunca había leído La Isla del Dr. Moreau ni Moby Dick y me las eché mientras las corregía). Estoy en mucha paz, tanta que ya tengo tiempo para retomar mi blog y puedo regresar a mis pendientes de escritura.

Bueno, no todo es miel sobre hojuelas: me pagan la mitad de lo que me pagaba el sindicato, pero no me importa. ¿Cuánta vida te está costando tu sueldo? Me lo pregunté y decidí que no podía seguir dejando la vida en algo que no sólo no me gustaba, sino que incluso me avergonzaba; es real que cuando me preguntaban de mi trabajo yo no quería ni abrir la boca, de la pena. Ahora, después de buscar y buscar, no me avergüenza, porque por fin trabajo en una editorial de verdad, vaya, una editorial.


Music on: Sweetheart - Jont
Quote: "En el insomnio de la noche caben / caravanas en el desierto / e hileras de pingüinos saltando al agua". Elsa Cross
Reading: La campana de cristal - Sylvia Plath

martes, 18 de octubre de 2016

¿No habrá puerta de salida? en la FIL Zócalo 2016


A finales de abril me informaron que la editora de Abismos estaba buscando escritores jóvenes para armar un libro para el Mercado de la Poesía en Francia. Yo tenía ya listo un libro, así que lo mandé a ver si le gustaba algún poema. El caso es que le gustó todo y me propuso editarlo. En un par de meses se hizo todo, firma de contrato, revisión de pruebas, impresión. Yo, feliz, más feliz que nunca.

En fin, el libro va a tener su primera presentación el próximo viernes 21 de octubre en la Feria Internacional del Libro en el Zócalo, la cita es en el foro "La Chula" a las 15:00 horas. Es un libro bonito, desgarrador pero bonito, que, si pudiera definir rápidamente, diría que se trata de "quedarse", de la "no renuncia", y claro, de la angustia, la desesperanza, las puertas sin salida..., del mundo, pues.

Estoy agradecida con Sidharta Ochoa por la oportunidad y toda la difusión que se ha hecho. El libro, hasta el momento, ya se puede comprar en Amazon y pronto estará en varias librerías. El cuarto libro, el tercero de poesía, me siento contenta, mucho.

Music on: Dudley - Yeah yeah yeahs 
Quote: "El amor conduce a las despedidas". Alejandro Páez Varela
Reading: La ciudad de las palabras - Alberto Manguel

viernes, 26 de agosto de 2016

Las distracciones

De la serie: Homenajes a Leonora Carrington



El infierno desconoce los puntos cardinales,
se extiende sin medida, circular como el tiempo.
Es un reino de fuego que contiene islas errabundas.

Niña de sal, cruza la puerta de la nada.

Aun entre el caos se dicta la armonía de las esferas,
y del cielo infinitos ríos de luz abrasan cada esquina.

Niña, baja de la barca y hurga con tus manos secas el fango ennegrecido.

En lo alto se desliza la mujer danzante,
su blancura de estrellas se vierte sobre la noche,
sus gemelas admiran viaje, cenit y caída.

Niña, el mundo subterráneo se forja entero ante tus ojos.

Una columna con piel de árbol soporta el triángulo eterno, guardián inmóvil, el ave de rapiña cuida el mundo luminoso de su centro.

Niña, baja a buscar el camino de la hierba.

El andrógino de largos cabellos forja destinos desde un vehículo encallado,
su espalda tiene surcos de noche, sus visiones tejen el viento.

Niña, ve a conocer al rey loco, para que seas tú quien lo lleve lejos del camino que ignora.

Habitantes mutilados se arrastran por las zanjas del desastre, su canto lastimero impregna el aire y transporta el germen de la muerte.

Niña, despierta, una estatua vigila tus pasos.

Llueven susurros que apaciguan las llamas, en el umbral no hay letreros.


Bienvenida.


Music on: True love waits - Radiohead
Quote: "La locura te abre puertas de tu interior. Cometer actos que los otros condenan te eleva a otra dimensión, saltas encima de tu propia mediocridad". Elena Poniatowska
Reading: Leche del sueño - Leonora Carrington

martes, 5 de julio de 2016

El despertar de Alejandra Pizarnik: la poética de no ser de este mundo



Alejandra, siendo adolescente, llamó por teléfono al psicoanalista y escritor León Ostrov, para solicitarle una entrevista. A partir de aquí, las visitas fueron frecuentes; Ostrov recuerda así el primer encuentro que tuvo con Alejandra: “Mi primera impresión, cuando la vi, fue la de estar frente a una adolescente entre angélica y estrafalaria. Me impresionaron su grandes ojos, transparentes y aterrados, y su voz, grave y lenta, en la que temblaban todos los miedos”.

El objetivo original de los encuentros era el psicoanálisis; sin embargo, entre ambos se desarrolló una complicidad escritural psicológico-literaria. Durante los años en que Alejandra vivió en París, ambos establecieron una correspondencia constante, en la cual se puede atestiguar este vínculo que trasciende la relación entre un psicoanalista y su paciente. Ostrov afirma: “No estoy seguro de haberla siempre psicoanalizado; sé que siempre Alejandra me poetizaba a mí”.

Es a partir de esta correspondencia que se puede desentrañar una parte de la poética de Alejandra, las cartas son poéticas en sí mismas, pero sueltas, en prosa libre, sin tapujos y con una plena sensación de sinceridad. León se convirtió en un cómplice poético. Tan es así que el libro La última inocencia (1956) lo dedicó a él y, posteriormente, para cuando publicó Las aventuras perdidas (1958) decidió dedicarle un poema ahí: “El despertar”.

Este poema es un canto elevado hacia la noche, hacia ese decir constante que ella no es de este mundo. ¿Qué significa el despertar para Alejandra? No es un despertar alegre ni positivo. Es darse cuenta de que la libertad es un engaño, de que la vida es una tortura. En una carta a León escribe: “Todavía me contemplo, asombrada de estar viva”.

En “El despertar” Alejandra reúne lo que piensa de su existencia, una suerte de transitar estático, una imitación de lo que debería ser la vida. A través de una plegaria invoca a lo desconocido, para obtener un poco de misericordia. Un fragmento del mismo da cuenta de la desesperación y angustia latente:

Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás o simplemente fue
¿Cómo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco esperaría
con las luces encendidas?
¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?
El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado
Las preguntas de piedra en piedra
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual
Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Como un mantra repite en varios momentos del poema el hecho de que la jaula se ha hecho pájaro, ¿qué significado esconde esta letanía que aparece como una constante aterradora? La jaula tiene una función doble, atrapa, pero al mismo tiempo protege. La jaula se convierte en un elemento de la libertad, se hace pájaro y afuera, donde no hay barrotes que detengan nada, la libertad es aterradora. ¿Qué haré con el miedo?, se pregunta también constantemente, la poeta no sabe qué hacer con los monstruos que se asoman desde el aire, desde la luz, desde todo lo asible e inasible. La jaula era un mecanismo de protección que, perdido, la conduce a la angustia y al dolor. León fue testigo de ese miedo, cuando ella le escribe, desde París: “La verdad es que acá me muero de miedo. No sé si ello responderá a mi inmensa capacidad de temer o si la realidad contiene verdaderas causas que lo desaten”.

El vacío, la soledad, la alienación son constantes en la pluma de Alejandra. Y la poesía era una forma de vida, una manera de escapar de los estándares, de abstraerse fuera de las rutinas establecidas sobre ir a trabajar, “ganarse la vida”, perder el tiempo en el ritual absurdo de trabajar siete u ocho horas diarias, de enrolarse en lo que los otros llamaban vida.

En la correspondencia, sigue apareciendo su miedo, su miedo a la existencia cotidiana e incomprensible: “No tengo miedo de morir, tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva, tengo miedo del viento […], tengo miedo de los árboles salvajes, nacidos porque sí y para nada”. Alejandra despertó, en contra de su voluntad, al miedo inenarrable. Pero esta condición es, aunque terrible, su aliada. Alejandra sabía de la unión entre poesía y vida, tal como lo entendían los grandes poetas de vanguardia. Pero en ella la angustia y el miedo eran demasiado pesados, ella lo sabía.

También sabía que algún día iba a partir, para nunca regresar. El despertar fue una denuncia explícita de la existencia que no deseaba, de un trajinar constante de luchas de contrarios, de antítesis que se le presentaban y frente a las que no respondía sino con paradojas. Un apunte de diario escrito en 1961 lo atestigua. “En medio de mi terror estaba el pequeño miedo a perder la intensidad de mi sufrimiento. Si mi angustia me deja, pensé, estoy perdida”. Escrito en el pizarrón, el día de su muerte, se leía: “ir nada más que hasta el fondo”. El despertar que ella necesitaba era otro, uno desconocido, uno que no tuviera nada que ver con esta tierra ajena. 

Music on: She always takes it black - Gregory Allan Isakov
Quote: "Acudir a la infencia / es regresar vacío / y sin infancia: adulto / que es la peor manera / de despertar por las mañanas". A.E. Quintero
Reading: Leonora - Elena Poniatowska

viernes, 1 de julio de 2016

Elegía




1. Luces neón

Ciudad de México, destellos que abren el silencio y la penumbra,  ciudad cómplice y enemiga, avistada desde el cuarto piso.

(Vodka tonic.
Agua.
Cigarrillos.
Almohadas viejas.
Sábanas roídas.)

No hay lugar para los sueños.
La ilusión de lo eterno ha sido confinada a algunos metros cuadrados.
Silencio.
Tu mano apenas me roza pero insistes en que nos quedemos, que guardemos otro poco ese momento antes de que exista otra persona que no pueda hacernos seguir en el secreto.
Silencio.
No dices nada pero lo sé: el final apremia.
Tu mano no puede tocarme al caminar por la calle pero sí a través de escaleras viejas, o dentro de un elevador ruidoso, cómplice de pequeñas confesiones calladas.
Tu mano quiere deslizarse suave sólo a través de las ropas y entre los lugares más oscuros y distantes.

(Cerrar cortinas.
Terminar el acto.
Servir otro trago.
Abrir la ventana.
Fumar.)

Sé que hubo una vez un pacto, tuvo que haberlo.
Quizá lo juramos bajo estrellas demasiado pálidas, en una cercanía muy liviana; por algo no pareció en serio, no dijimos nada y cada uno entendió lo que quiso, un pacto que nunca salió del secreto ahogado en cuatro paredes y otros espacios escondidos, clausurados, estancias y nichos perdidos en el anonimato, en una cantina o en otros tantos cuartos de la misma anatomía.

2. El cisma

En una de esas noches apareció.
Las distancias y los saludos forzados venían anunciando su llegada, no así su gracia conmigo, su permanencia en los dos.
Era el amor, el que nunca vino a visitarnos a ambos que no consagró aquello que dicen que se consagra, ese halo de luz que jamás apareció en ninguno de nuestros besos (¿se podrán contar los besos como se quieren contar las tristezas, se podrá compensar la idea de felicidad con el llanto escurriéndose hacia adentro?), no, en ninguno de nuestros besos, ni en las frases o las esperas.
Apareció para que decidieras partir, porque partir es fácil cuando el amor llama al otro lado de la puerta, allá, a existir detrás de nuestros (¿nuestros?) sueños.
Para que decidieras desparecer en medio de la niebla de una melodía
que nunca escuchamos juntos,
en un deseo insatisfecho: “I won’t share you”.

3. En el jardín del dolor

Llevo varios meses durmiendo en este cuarto, en este departamento alquilado para dos, en este cuarto nuevo que compartimos un par de noches, cuando ya habías roto el lazo, aunque yo seguía sin saberlo (saber nos llaga el alma, nos puebla las noches de invierno).

Pienso en sembrar un jardín con los recuerdos, para que crezca un árbol que asfixie el cuarto, la estancia, todo lo que pueda, conmigo adentro.
Pienso en los que mueren, en saber renunciar.
La no renuncia implica la convivencia constante con un tipo de dolor que se va sembrando y cuidando, como un fruto que alimenta y que es lo único que otorga esa pizca de eternidad.
Así sería mi árbol: jardín del dolor.

Duelen las cosas que ya no están:

(Canciones: Leonard Cohen a la madrugada, Philip Glass y “Please let me get what I want this time”. Lugares: Tepoztlán al amanecer, sentarse afuera de las aulas, las calles del centro, Morelia nunca visitada, Guanajuato y tu sitio en la cama. Palabras, muchas palabras: Hegel, Heidegger, Wittgenstein, Barthes, Pessoa, Vargas Llosa y Camus)

Las otras cosas: los soliloquios antes de dormir, la forma de preparar los tragos, tu olor, tus ojos, tus manos, lo que era ya una extensión de ti.
Sigo firme realizando el ritual de pensarte, sembrando las semillas que tienen el nombre de algún recuerdo.
Sigo ejecutando la fuga de la realidad para no pensar, para no ser.
Siembro mi jardín.

4. Recuerdos nuevos

No pedía mucho. Solo quería la eternidad.
Supe que no sería protagonista de ningún romance, que el secreto era el único destino.
Acepté. Entendí, desde aquel día, con los ojos clavados en las vigas viejas que no habría nunca amor.
Pero permanecí. Se me fueron llenando los bríos de moho, pero me quedé a intentar.
La eternidad: sólo eso. El mundo se vino abajo. Me quedé. Fue muy tarde para saber que algunas palabras no serían capaces de sostener un universo.

Ahora voy a crear recuerdos nuevos, aunque no olvide que el desamor refleja la insuficiencia, aunque el dolor impida la fabricación de otras realidades, aunque el fracaso se recuerde a cada respiro —respiración seca, de sal, de polvo— como un titánico esfuerzo para mantenerme a flote.
La renuncia es la verdadera corona, pero no todos somos capaces de liderar ese reino.
Mi biografía es la del intento que fracasa, y la del dolor, no la de la muerte.
Debo olvidar que existe ese mundo, hablar sobre ese dolor que tiene que mantenerse a flote porque si se hunde se transforma en una penumbra con dientes.

Mi fracaso es la realidad: ser todo lo dispensable, lo que sigue quemándose, desperdiciado, ardiendo incansable sobre sus propios restos.

Music on: Heart of golf - Birdy
Quote: "La poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre". Luis Cardoza y Aragón
Reading: Leonora - Elena Poniatowska

miércoles, 22 de junio de 2016

Corta para lo que deseo


Yo soy mediocre. El mundo es demasiado grande y, como sé que no voy a alcanzarlo, me freno más de lo que debería. Pero no es tanto así, hay veces en las que no me freno y anhelo y busco y me caigo, y cada que me caigo me da más trabajo recomenzar; retomo el vuelo frenándome más, con cansancio, con agotamiento y tristeza.

Yo no alcanzo. O quizá sí pero no me parece suficiente. No me he cansado de escribir, por ejemplo, pero lo que más hago es quejarme, no me he cansado de quejarme. Hace unos meses leí Memorias del subsuelo de Dostoievski, y me enfrenté a un espejo, yo soy como ese hombre de la queja, que no tiene otra opción más que quejarse porque es verdaderamente incapaz de hacer otra cosa.

Yo no soy suficiente. Vivo anhelando las vidas de otras personas, pensando en qué me faltó para que ese hombre que me encantaba me hiciera caso, por qué tuve la mala suerte de no ser elegida para tal o cual trabajo, para esa beca para la que me esforcé tanto. Resultado: no soy suficiente. Y la duda es una cosa enferma que carcome el alma paulatinamente, porque si uno supiera qué hizo mal podría al menos trabajar para obtener ese “algo” que hizo falta, para saber por dónde arreglar la cosa. La duda, cera caliente vertiéndose sin parar en el cuerpo.

Si tan sólo pudiera aceptar la insuficiencia y la mediocridad, sería todo muy sencillo. Pero no, yo vivo aferrada a las posibilidades alegres que veo en los otros, pensando por qué ellos sí y yo no. Si pudiera aceptar que tengo un trabajo mediocre pero que me pagan bien, podría dejar de anhelar eso que yo creo que es mejor para mí, de buscar, de desgastarme por hacer que otros, los de otros trabajos, me legitimen y me contraten. Pero no alcanzo, no alcanzo para lo que deseo, no tengo talento, no importa el esfuerzo, no alcanzo. Igual me pasó con un tipo al que yo adoraba con mucha devoción: no le alcancé, no fui suficiente para que quisiera estar conmigo, ni modo. Es la historia de mi vida. Tengo problemas con el hecho de tener que aceptar amable y felizmente lo que tengo en lugar de tratar de luchar por algo más.

En fin, así soy, corta. El mundo no se hace a medida de nadie y, sin embargo, yo siempre quedo corta para lo que deseo. ¿Sería tan terrible acoplarse a lo que hay y dejar de sufrir? Por un lado no, pero por otro, la necedad… Ese querer ser más de lo que se es, ese maldito deseo insatisfecho y el constante impedimento por ser eso más y esa estúpida tendencia a sólo admirar lo que falta en lugar de valorar lo que se tiene y esa antigua necedad por querer que las cosas sean otra cosa.

Music on: Óverdur - Sigur Rós
Quote: "El silencio es la grieta por la que camino cuando no respondo". Adriana Ventura
Reading: Odioso caballo - Francisco Hernández



Quote: 

viernes, 17 de junio de 2016

La libertad, esa utopía



Hace unos días estuve en el Anexo del Reclusorio Oriente. El programa Visitando a los lectores, que organiza la Coordinación de Literatura del INBA, me volvió a invitar. En esta ocasión les llevé un texto de Jorge Luis Borges: "La casa de Asterión". No sé por qué me gusta tanto ese cuento, creo que es, en parte, por mi afición a los mitos griegos, y porque creo que todos ellos pueden explicar mucho de nuestro comportamiento actual, ya que los dioses son humanos y comenten atrocidades humanas, pero con el poder de un dios. La historia de Teseo y el Minotauro me ha fascinado desde que un día, cuando era niña, mi mamá tuvo a bien comprarme un libro de mitología para niños, nunca he terminado de agradecer esa adquisición, por cierto.

La idea del ciclo es hablar de la obra propia, pero creía que era mejor hablar de Borges primero, aunque claro, si uno habla de Borges y luego lee un textito propio queda muy mal parado, pero bueno, no quise ser protagonista total así que llevé mis copias y leímos poco a poco, detenidamente, el cuento (en ocasiones como ésta es que pienso que debería aventurarme a dar clases de Literatura, pero esa es harina de otro costal), les gustó mucho. Sin advertirlo a toda conciencia, había elegido un texto cuyo centro era el encierro, la privación de la libertad y, sobre todo, la soledad. No inicié hablando de estas características, sino más bien de los recursos literarios de la transgresión a lo establecido, en este caso, la transgresión y "vuelta de tuerca" que ofrece Borges al dar una imagen del Minotauro no como la bestia despiadada que nos cuenta el mito, sino como este ser alienado e ignorante de su castigo, este ser que busca entretenerse de mil maneras para tratar de evadir la soledad.

Uno de los muchachos que asistieron a escucharme me preguntó mi opinión de "libertad", dijo que a ellos les habían dicho que para qué querían la libertad si no habían sabido utilizarla de manera correcta. Yo no puedo juzgar, ignoro por qué cada uno de ellos está ahí, no es cosa relevante. Sólo contesté que la libertad era una utopía, que yo misma, allá afuera, era esclava de un montón de cosas. Y es cierto, el sistema nos ha hecho creer ciertas situaciones, actuar conforme a ciertas líneas y, entre tanto, no nos damos cuenta de que somos esclavos y, aunque nos diéramos cuenta, no es tan sencillo salir huyendo como si nada, las reglas del mundo nos atrapan, nos llevan como si tuviésemos los ojos vendados o bien, como esclavos a disgusto y sin fuerzas para la rebelión.

Personalmente, me sentí muy agradecida con la invitación, esta ocasión la disfruté incluso más que la primera (no sé qué sea, pero tiendo a sentirme más a gusto entre hombres que entre mujeres). Trabajo diario en un lugar que nada tiene que ver con la literatura, sé que muchos grandísimos escritores tuvieron trabajos comunes y hasta mediocres; yo, aunque no me creo grande, sí creo que se puede tener una actividad intrascendente siempre que se trata de trabajar también por lo que sí es trascendente. Este tipo de actividades son un respiro a mi rutina. Recuerdo una frase genial de Henry Miller que me parece que se adapta perfecto a lo que trato de expresar: "Siempre hay sitio, aunque sea en nuestra propia alma, para crear un trozo de Paraíso, por demencial que pueda parecer semejante propósito". Suscribo, hay que luchar por generar esos sitios, si dejamos de crearlos estamos dejando de lado una buena parte de nosotros.

Así pues, estaré muy agradecida si me permiten realizar una actividad similar. Tengo que seguir el camino de mi pasión, es lo único que tengo seguro en mi vida.



Music on: A day in the life - The Beatles
Quote: "No sólo olvidamos cosas porque carecen de importancia, sino también porque importan demasiado". Joseph Roth
Reading: Odioso caballo - Francisco Hernández

viernes, 8 de abril de 2016

Palabras urgentes

El lunes pasado estuve con Andrés Castuera-Micher en su programa "Palabras urgentes" que se transmite por Código Ciudad de México. Leí poesía y charlamos, me hizo preguntas inteligentes, y creo que salí bien librada. Media hora de charla poética hizo que todo mi día valiera la pena, que sintiera que sí, que hay que seguir por ahí, que la pasión es la pasión y que hay que seguir adelante con ella, a pesar de su apariencia cero redituable.

Hay un podcast y se escucha aquí:
http://www.codigoradio.cultura.df.gob.mx/index.php/palabras-urgentes/21824-adriana-dorantes

Music on: Ray LaMontagne - Let it be me
Quote: "La poesía dota a las cosas de una vida circunstancial". Georges Braque
Reading: Los enamoramientos - Javier Marías