miércoles, 18 de enero de 2017

Miedo

Crecí en una casa donde vivía mucha gente. Mis abuelos, mis tías abuelas, mi mamá, mis tías, mis primos, las primas de mi mamá, el perro, los canarios... La casa era siempre un festín, ruidosa, atiborrada, pero armónica, tengo buenos recuerdos de esa época. Conforme fui creciendo la gente se fue yendo, algunos yendo a otras partes, algunos otros, la mayoría, muriendo, como es natural.

Vi de cerca cómo mis tías abuelas se morían una a una, veces más agónicas que otras; vi cómo se murió mi abuelo, cómo se fue enfermando y decayendo, vi morir a otra de mis tías, poco a poco, marchitándose dolorosamente. Así es la muerte. Y yo estoy sola, sola para cuidar a la gente que me dio todo lo que pudo, sola para cuidar no sólo a mi mamá sino a mis tías. Sé que no se me nota, que me distraigo con cosas raras que mi familia no entiende, pero vivo con un temor constante del día en que mi mamá no esté y todo aquello se derrumbe. Porque yo, aunque ya tiene tiempo que no vivo en esa casa, sé que ella es el sostén de mil cosas que en ella suceden y sostén de mil más que pasan en mi ser. Miedo constante y firme de cuando se enferme y algo le pase; siempre, soterrada y calladamente, miedo.

Y ahora comienza a pasar. No creo en Dios, no tengo a quién pedirle bríos con esperanzas, me tengo a mí misma y sé que no me basto pero no puedo ponerme en manos de nada ni nadie. Comienza a pasar y nunca estaré preparada para que pase. No creo en Dios y no creer en él me enfrenta a la soledad que los creyentes no quieren ver, no creo en Dios y sé que nada puede detener el curso de la vida.

Pero el miedo es muy real, no es una creencia innecesaria. El miedo apela y carcome despacio. Comienza a pasar, comienzo a tener la conciencia plena de que no hay manera de huir a lo inevitable; y sé, con una certeza heladísima y dolorosa, que el ciclo debe completarse. Mientras, tengo un miedo espantoso, seguiré teniendo un miedo espantoso y me preparo, fracaso en el intento, claro, porque algún día tendré un hueco inmenso que nada podrá llenar nunca... y para eso no sé cómo se debe preparar uno.


Music on: Running up that hill - Placebo
Quote: "Es necesario que el hombre se encuentre a sí mismo y se convenza de que nada puede salvarlo de sí mismo". Jean Paul Sartre
Reading: Oriundo Laredo - Alejandro Páez Varela

viernes, 13 de enero de 2017

No ser yo

Quisiera no ser yo. Quisiera no ser una niña mensa que trata de escribir versitos a partir de sus traumas. Quisiera no ser una gorda que no puede salir de su propia gordura. Quisiera no ser una persona insuficiente.

Y quisiera muchas cosas más, pero la realidad es que no hago el tremendo esfuerzo para conseguirlas. Me quedo a la mitad porque sé que no alcanzo. Pero al mismo tiempo entiendo de la frágil línea que divide la aceptación de la resignación; la mediocridad de la imposibilidad. Aunque el hecho de que sepa de su existencia no significa que pueda ser capaz de distinguir dónde se ubica exactamente.

Quisiera poder enfocarme en cosas productivas. Quisiera poder contener el llanto que a cada rato se instala en mis ojos en cualquier momento del día, a veces sin causa alguna. Quisiera tener la disciplina para lograr cosas que valen la pena o saber distinguir las que valen la pena de las que no. Quisiera no ser tan fácilmente seducida por Netflix y Facebook ni gastar tan fácilmente mis horas de soledad. Quisiera no haberme humillado ante el tipo que me gustaba, con tal de tener un ápice de su atención. Quisiera no tener esta necesidad de escribir de todo lo vergonzoso que soy. Quisiera poder aplicar a un doctorado sin el miedo de que no lo voy a lograr. Quisiera no sentir que todos en la oficina hacen un mejor trabajo que yo, que tienen mejores ideas y que ni siquiera les cuesta lograrlo. Quisiera haber podido enamorar al tipo que me gustaba, quisiera que no me hubiera dejado por otra.

Y también quisiera muchas cosas más. Ser capaz de decirle a mi mamá que la quiero, tener empatía y platicar con ella de cosas que no sólo me importan a mí. Quisiera poder hacer a un lado el hecho de que mi tía no me habla porque desaprueba mis decisiones. Quisiera tener fuerza para contestar con la verdad sin preocuparme por sus consecuencias. Quisiera no tener depresiones espontáneas que nadie aguanta ni entiende. También quisiera no haber subido 14 kilos en los últimos cinco meses y quisiera no tener hambre nunca.

Quisiera no haber escrito esto, no desear la humillación, no necesitar que me miren. Quisiera dormir y no tener que empezar de nuevo.


Music on: Running up that hhill - Placebo 
Quote: "Lo propio de la poesía es iluminar. La oscuridad depende de la noche que explora: la del alma misma y el misterio en que está inmerso el ser humano." Saint John Perse
Reading: Morirás lejos - José Emilio Pacheco

martes, 27 de diciembre de 2016

Querido Santa Claus:


Antes que nada, disculpa que te diga la siguiente verdad: siempre le he hecho cartas a los Reyes Magos. No es que tuviera algo en tu contra, querido, pero mi mamá nunca me inculcó la fe en el señor que anunciaba la Coca Cola. Y la fe la he perdido, en general, con el paso de los años.

Pero cuando uno tiene deseos da igual a quién se los pida, querido Santa Claus, los mitos encierran un carisma inigualable y el receptáculo se ajusta a la persona y su realidad individual. Así pues. Lo que deseo en este momento es lo que creo que necesito o no necesito, según sea el caso, pocas cosas, concretas, ambiciosas:

Primero que nada, querido Santa Claus, quiero resignación, sí, de esa que te dicen que debes tener cuando las cosas te salen mal, frase muy recurrente cuando se te muere alguien, pero también aplicable a cuando trabajas muy duro para lograr algo y fracasas, cuando intentas muchas veces y descubres que por más que trates no eres suficiente. Resignación, sí, para no enloquecer ni deprimirse; resignación, querido Santa Claus, porque no hay manera de luchar contra la corriente sin morir de agotamiento.

Después quiero valor, en grandes dosis, porque necesito despertar todos los días en este mundo que se cae a pedazos y poder responder como aquel Sísifo en la montaña, con alegría y felicidad plena frente a una condena eterna; responder, querido Santa Claus, que estoy bien a pesar del castigo, a pesar de que nado en el fango cuando lo que espero es volar sobre las estrellas, responder que todo está bien y que sí soy feliz.

Y quiero amor, querido Santa Claus, porque uno debe tener algo hermoso que te destruya y al mismo tiempo te haga renacer, porque es siempre sorprendente y te hace romper límites impensados, porque estoy convencida de que es mucho más de lo que dicen que es, y que, aunque no alcance y no sea más grande que mil cosas, encuentra la manera de hacer girar la existencia entera, hacia rumbos desconocidos. Y eso siempre es necesario.

Y al final, querido Santa Claus, quiero vida, porque sin ella no se hace nada; y además quiero ser capaz de vivir pensando profundamente sin azotarme por la pequeñez de mi ser en el mundo, para así poder siempre abrazar la vida sin pensar en la muerte. Y no, por si te lo preguntabas, no quiero muerte, sobre todo no muerte, querido Santa Claus, no quiero que venga a rondar con la certeza gélida de su presencia irremediable, la quiero lejos, lejos para pensar que el tiempo presente es hoy y es bueno y que, mientras haya vida, hay posibilidad, a pesar de todo.

Querido Santa Claus, hasta ahí mis deseos. Disculpa la retahíla, entiendo que no podemos establecer convenios más allá de esta ocasión especial, mas es mi plan escribirte de nuevo el siguiente año y aseguro estar deseando cosas diferentes, porque nada me basta, querido, siempre falta algo, todo es insuficiente. 

Music on: Not even jail - Interpol
Quote: "El futuro es de quien lo ve como presente". Mauricio Montiel Figueras
Reading: Los niños están locos - Héctor Manjarrez

viernes, 23 de diciembre de 2016

Yo hubiera hecho lo mismo


Leyendo a José Emilio Pacheco, di con un poema titulado "La mayoría de edad", y me hizo pensar en ese momento en que me dejaron, más bien en los muchos momentos en que me han dejado. El poema dice así:

La mayoría de edad
no se alcanza por fecha de nacimiento
ni consta en los archivos oficiales.
Nos graduamos de adultos nada más
cuando alguien nos deja.
En plena juventud llega de pronto
el sabor de la muerte.

No vengo a azotarme porque me dejaron ya que, aunque sí es terrible en muchos niveles, creo muy importante recalcar el otro lado: siempre somos víctimas. Es decir, siempre vamos a herir a alguien, a dejar a alguien, por el simple hecho de que queremos estar bien y hacer lo que creemos que nos hará felices.

La última vez que me dejaron fue hace tres años. Por ridículo que suene, aún me duele, y todavía puedo llorarlo y sufrirlo con gran facilidad; me duele no haber sido suficiente, me duele sobre todo, que me dejaron por otra persona que era todo lo que yo no era y que sí era suficiente y más.

No sé si haya un adjetivo para lo que sigue, pues yo nunca he dejado a alguien por alguien más. En mis relaciones amorosas es usual que me dejen por alguien más. He escuchado de personas maravillosas que se convierten en verdugos tremendos. Gente que viviendo un matrimonio tranquilo y en paz logran dejarlo todo por otra persona porque esa persona sencillamente les cambia la vida y consideran pertinente arriesgarlo todo por intentar (¿amor? bueno, supongo que es amor) y lograr.

Sí creo que la mayoría de edad se alcanza cuando te dejan, ahí toda la razón, querido José Emilio, porque terminas devastado y sabes que el mundo sigue su curso pero te sientes en pausa, como un intruso; porque no puedes dejar de hacer el resto de las cosas que normalmente haces y que necesitas hacer, pero todo se siente distinto, vacío, pesado, enrarecido, y sólo deseas despertar de una pesadilla terrible en la cual no sabes en qué momento te metiste ni qué hiciste para joderlo todo y estar ahí. Y nada, eres tú, insuficiente y triste, mirando a la persona que amas amando a otra, haciendo todo lo que no hizo contigo con otra y te mueres un poquito cada vez que lo reflexionas o lo atestiguas. Ni modo: la madurez no es bonita.

Y como amo la paz y la tranquilidad, deseo profundamente que nunca me pase a mí (no hablo ya de ser la víctima porque eso, de tantas veces que me ha pasado, es algo que, aunque no se haga costumbre, al menos sé las etapas y los desenlaces); me refiero a ser el verdugo. No quiero que llegue alguien a mi vida que prometa cambiarla y darme todo lo que creo que no tengo y necesito, no quiero que nadie me entregue castillos y estrellas y me haga pensar que puedo echarlo todo por la borda, sin más consideraciones. No quiero ser el verdugo que ejecute el alma de quien me ama y me da todo lo que es, no quiero.

Pero ¿lo haría? Mucho he pensado en esa última vez que me dejaron, he pensado en él y he visto un poco de su vida a la debida distancia de las redes sociales (tan cerca, tan lejos); veo que es feliz y que haberme dejado no fue un capricho, sino algo que tenía que hacer para estar bien. A veces pienso que fue la decisión correcta, incluso pienso que, de hallarme en la misma situación yo hubiera hecho lo mismo, y no hubiera tenido consideración por la víctima; al final uno hace lo que tiene que hacer para estar bien, aunque eso implique lastimar a la gente como daño colateral (y estaría bueno que él leyera esto, en la misma distancia que nos da internet pero que de alguna manera nos mantiene en contacto). Así es la vida. ¿Lo hubiera hecho? Sí, seguramente también lo hubiera hecho.

Y es normal, pasa todo el tiempo... Pero ya estuve del otro lado y, en verdad, no quisiera hacerlo.

Music on: Nancy from now on - Father John Misty
Quote: "Escribes porque somos puertas / mal cerradas delante del vacío". Jeremías Marquines
Reading: Los niños están locos - Héctor Manjarrez

jueves, 17 de noviembre de 2016

¿Cuánta vida te está costando tu sueldo?




La cosa tiene un gran preludio: todo empezó cuando terminé la maestría y estaba quedándome sin beca, un muy buen amigo me dijo que se necesitaba una "asistente" en el Centro Cultural del México Contemporáneo, el cual pertenecía al sindicato de maestros (SNTE); entré, era un trabajo sencillo: contestar llamadas, hacer citas para la coordinadora, dar informes, llevar la agenda cultural y de la jefa, atender a los artistas. Después de un año haciendo es chamba, la jefa vio algo de potencial en mí y decidió ponerme a cargo de Relaciones Públicas, lo que sea que eso signifique. En menos de un mes después, por cuestiones de incomodidad (la directora era hija de Elba Esther Gordilloy ahora ella estaba en la cárcel), el sindicato decidió que lo mejor era correr a todos los que trabajaban ahí, sin preguntar ni considerar nada.

Luego de eso, mi buen amigo me pidió que lo ayudara a dar unas clases en un Cetis, también lo apoyé con cosas que necesitaba y, como en realidad quien me estaba pagando era él (de dónde, no lo sé, mucho menos cómo, pero no entremos en detalles), me siguió pagando lo acordado a cambio de las nuevas actividades asignadas. Un día me dijo que necesitaban a alguien con buena ortografía y redacción para que ayudara a revisar un periódico que hacía el SNTE en la FIL de Guadalajara, así que me mandó para allá a hacer corrección de estilo y apoyar con una que otra cosita. Entonces conocí a una señora, directora de la Editorial del Magisterio, quien me ofreció un trabajo fijo. Yo, atenida a lo que me pagaba mi amigo y sabiendo que pronto dejaría su puesto de Secretario General en el SNTE, decidí tomar ese trabajo. Es una editorial, me dije, qué bonito ha de ser.

Y comencé. Y poco a poco se me fueron bajando los ánimos y fueron creciendo las decepciones. La verdad es que nunca había hecho corrección de estilo de manera profesional. De modo que ahí aprendí mucho, en serio mucho, más de impresión y edición que de corrección, pero lo aprendí. Y también aprendí lo que no se debe hacer. Resultó que la tal Editorial era más bien una imprenta, cuya directora no sabía la diferencia entre una imprenta y una editorial. Resultó que había un plan de independizarse del sindicato y funcionar como debería ser una editorial de verdad, pero esto nunca se concretó. Bueno, la supuesta independencia sí, con una gran ceremonia de inauguración en un nuevo lugar, y a la cual se invitaron a las editoriales más importantes de México (o al menos eso creía yo, pues en realidad se invitaron a las imprentas más importantes de México). Total que el proyecto nunca resultó lo que yo me imaginaba. Era una editorial sin editores, sin catálogo, sin línea editorial y que pretende cobrar a los autores porque no los ve como autores sino como clientes. Con todo respeto externé mis ideas, le dije a la jefa que no podía cobrar a los autores porque eso no es lo que ellos buscan ni esperan; ella dijo que si no les cobraba de dónde iba a sacar dinero, que aquello era un negocio y que me quitara esas ideas de la cabeza; evidentemente no tiene idea de cómo funciona una editorial y por más que se lo digan no le interesa escucharlo. Encima, habría que sumarle que no sabe los contenidos de lo que se publica, que piensa que todas las personas que quieren escribir libros son ególatras y que se asquea cuando sabe que hay muchas propuestas de publicar poesía; "poetas no", decía.

Yo estaba decepcionada y desesperada. Desde que inició el año (con apenas un año trabajando ahí) empecé a buscar otras opciones, sin encontrar nada que me gustara y con sueldos bajísimos. Después de la inauguración estuve a nada de renunciar, pero la necesidad de la lana y los gastos me detuvieron; fui a entrevistas, no me llamaron, busqué por ahí y por allá sin hallar nada que fuera suficiente como para renunciar de una vez por todas. Hasta que un buen día encontré un anuncio en Facebook en Ediciones Era donde pedían gente con un perfil como el mío y que supiera hacer lo que más o menos sé hacer. Y tuve la fortuna de que quisieron contratarme. Una cosa buena del sindicato es que paga muy bien (y cómo no, si todos sabemos las arcas que se llevó doña Elba Esther), pero ya llevaba mucho tiempo pensando si era realmente importante tener dinero a cambio de estar en un lugar que no me gusta, o bien, no tenerlo pero estar en un lugar que de entrada tiene mejor horario, cuyos directivos saben bien cuál es la chamba y donde, por supuesto, estoy cerca de la literatura.

Esta oferta de Era salió en el momento menos esperado. Ya estaba resignada a terminar el año ahí, ahogada de trabajo hasta los fines de semana debido a su pésima planeación (eso o renunciar, definitivamente), atendiendo a peticiones que me parecían incongruentes y fuera de lugar (como fabricar una botarga para la FIL Guadalajara y tener un stand que no exhibe ni vende libros, sí, en la feria del libro más importante de Latinoamérica). Pensé en aplicar al doctorado, cosa que tampoco me llenaba de felicidad pero al menos parecía una puerta de salida ante tanta frustración. Afortunadamente, la luz llegó, con Era, algo que no tenía entre mis planes, pero que me salvó. Y además, con todo lo que busqué y todo lo que aprendí, me hice buena haciendo corrección de estilo y cuidado editorial (allá, en el sindicato, la jefa cree que esa chamba es cosa que cualquiera que sepa leer puede hacer), le eché ganas y me hice muy buena, tanto que me llaman de Editorial Planeta y de Editores Mexicanos Unidos, y trabajo con libros de literatura que generalmente valen la pena (nunca había leído La Isla del Dr. Moreau ni Moby Dick y me las eché mientras las corregía). Estoy en mucha paz, tanta que ya tengo tiempo para retomar mi blog y puedo regresar a mis pendientes de escritura.

Bueno, no todo es miel sobre hojuelas: me pagan la mitad de lo que me pagaba el sindicato, pero no me importa. ¿Cuánta vida te está costando tu sueldo? Me lo pregunté y decidí que no podía seguir dejando la vida en algo que no sólo no me gustaba, sino que incluso me avergonzaba; es real que cuando me preguntaban de mi trabajo yo no quería ni abrir la boca, de la pena. Ahora, después de buscar y buscar, no me avergüenza, porque por fin trabajo en una editorial de verdad, vaya, una editorial.


Music on: Sweetheart - Jont
Quote: "En el insomnio de la noche caben / caravanas en el desierto / e hileras de pingüinos saltando al agua". Elsa Cross
Reading: La campana de cristal - Sylvia Plath

martes, 18 de octubre de 2016

¿No habrá puerta de salida? en la FIL Zócalo 2016


A finales de abril me informaron que la editora de Abismos estaba buscando escritores jóvenes para armar un libro para el Mercado de la Poesía en Francia. Yo tenía ya listo un libro, así que lo mandé a ver si le gustaba algún poema. El caso es que le gustó todo y me propuso editarlo. En un par de meses se hizo todo, firma de contrato, revisión de pruebas, impresión. Yo, feliz, más feliz que nunca.

En fin, el libro va a tener su primera presentación el próximo viernes 21 de octubre en la Feria Internacional del Libro en el Zócalo, la cita es en el foro "La Chula" a las 15:00 horas. Es un libro bonito, desgarrador pero bonito, que, si pudiera definir rápidamente, diría que se trata de "quedarse", de la "no renuncia", y claro, de la angustia, la desesperanza, las puertas sin salida..., del mundo, pues.

Estoy agradecida con Sidharta Ochoa por la oportunidad y toda la difusión que se ha hecho. El libro, hasta el momento, ya se puede comprar en Amazon y pronto estará en varias librerías. El cuarto libro, el tercero de poesía, me siento contenta, mucho.

Music on: Dudley - Yeah yeah yeahs 
Quote: "El amor conduce a las despedidas". Alejandro Páez Varela
Reading: La ciudad de las palabras - Alberto Manguel

viernes, 26 de agosto de 2016

Las distracciones

De la serie: Homenajes a Leonora Carrington



El infierno desconoce los puntos cardinales,
se extiende sin medida, circular como el tiempo.
Es un reino de fuego que contiene islas errabundas.

Niña de sal, cruza la puerta de la nada.

Aun entre el caos se dicta la armonía de las esferas,
y del cielo infinitos ríos de luz abrasan cada esquina.

Niña, baja de la barca y hurga con tus manos secas el fango ennegrecido.

En lo alto se desliza la mujer danzante,
su blancura de estrellas se vierte sobre la noche,
sus gemelas admiran viaje, cenit y caída.

Niña, el mundo subterráneo se forja entero ante tus ojos.

Una columna con piel de árbol soporta el triángulo eterno, guardián inmóvil, el ave de rapiña cuida el mundo luminoso de su centro.

Niña, baja a buscar el camino de la hierba.

El andrógino de largos cabellos forja destinos desde un vehículo encallado,
su espalda tiene surcos de noche, sus visiones tejen el viento.

Niña, ve a conocer al rey loco, para que seas tú quien lo lleve lejos del camino que ignora.

Habitantes mutilados se arrastran por las zanjas del desastre, su canto lastimero impregna el aire y transporta el germen de la muerte.

Niña, despierta, una estatua vigila tus pasos.

Llueven susurros que apaciguan las llamas, en el umbral no hay letreros.


Bienvenida.


Music on: True love waits - Radiohead
Quote: "La locura te abre puertas de tu interior. Cometer actos que los otros condenan te eleva a otra dimensión, saltas encima de tu propia mediocridad". Elena Poniatowska
Reading: Leche del sueño - Leonora Carrington

martes, 5 de julio de 2016

El despertar de Alejandra Pizarnik: la poética de no ser de este mundo



Alejandra, siendo adolescente, llamó por teléfono al psicoanalista y escritor León Ostrov, para solicitarle una entrevista. A partir de aquí, las visitas fueron frecuentes; Ostrov recuerda así el primer encuentro que tuvo con Alejandra: “Mi primera impresión, cuando la vi, fue la de estar frente a una adolescente entre angélica y estrafalaria. Me impresionaron su grandes ojos, transparentes y aterrados, y su voz, grave y lenta, en la que temblaban todos los miedos”.

El objetivo original de los encuentros era el psicoanálisis; sin embargo, entre ambos se desarrolló una complicidad escritural psicológico-literaria. Durante los años en que Alejandra vivió en París, ambos establecieron una correspondencia constante, en la cual se puede atestiguar este vínculo que trasciende la relación entre un psicoanalista y su paciente. Ostrov afirma: “No estoy seguro de haberla siempre psicoanalizado; sé que siempre Alejandra me poetizaba a mí”.

Es a partir de esta correspondencia que se puede desentrañar una parte de la poética de Alejandra, las cartas son poéticas en sí mismas, pero sueltas, en prosa libre, sin tapujos y con una plena sensación de sinceridad. León se convirtió en un cómplice poético. Tan es así que el libro La última inocencia (1956) lo dedicó a él y, posteriormente, para cuando publicó Las aventuras perdidas (1958) decidió dedicarle un poema ahí: “El despertar”.

Este poema es un canto elevado hacia la noche, hacia ese decir constante que ella no es de este mundo. ¿Qué significa el despertar para Alejandra? No es un despertar alegre ni positivo. Es darse cuenta de que la libertad es un engaño, de que la vida es una tortura. En una carta a León escribe: “Todavía me contemplo, asombrada de estar viva”.

En “El despertar” Alejandra reúne lo que piensa de su existencia, una suerte de transitar estático, una imitación de lo que debería ser la vida. A través de una plegaria invoca a lo desconocido, para obtener un poco de misericordia. Un fragmento del mismo da cuenta de la desesperación y angustia latente:

Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás o simplemente fue
¿Cómo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco esperaría
con las luces encendidas?
¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?
El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado
Las preguntas de piedra en piedra
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual
Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Como un mantra repite en varios momentos del poema el hecho de que la jaula se ha hecho pájaro, ¿qué significado esconde esta letanía que aparece como una constante aterradora? La jaula tiene una función doble, atrapa, pero al mismo tiempo protege. La jaula se convierte en un elemento de la libertad, se hace pájaro y afuera, donde no hay barrotes que detengan nada, la libertad es aterradora. ¿Qué haré con el miedo?, se pregunta también constantemente, la poeta no sabe qué hacer con los monstruos que se asoman desde el aire, desde la luz, desde todo lo asible e inasible. La jaula era un mecanismo de protección que, perdido, la conduce a la angustia y al dolor. León fue testigo de ese miedo, cuando ella le escribe, desde París: “La verdad es que acá me muero de miedo. No sé si ello responderá a mi inmensa capacidad de temer o si la realidad contiene verdaderas causas que lo desaten”.

El vacío, la soledad, la alienación son constantes en la pluma de Alejandra. Y la poesía era una forma de vida, una manera de escapar de los estándares, de abstraerse fuera de las rutinas establecidas sobre ir a trabajar, “ganarse la vida”, perder el tiempo en el ritual absurdo de trabajar siete u ocho horas diarias, de enrolarse en lo que los otros llamaban vida.

En la correspondencia, sigue apareciendo su miedo, su miedo a la existencia cotidiana e incomprensible: “No tengo miedo de morir, tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva, tengo miedo del viento […], tengo miedo de los árboles salvajes, nacidos porque sí y para nada”. Alejandra despertó, en contra de su voluntad, al miedo inenarrable. Pero esta condición es, aunque terrible, su aliada. Alejandra sabía de la unión entre poesía y vida, tal como lo entendían los grandes poetas de vanguardia. Pero en ella la angustia y el miedo eran demasiado pesados, ella lo sabía.

También sabía que algún día iba a partir, para nunca regresar. El despertar fue una denuncia explícita de la existencia que no deseaba, de un trajinar constante de luchas de contrarios, de antítesis que se le presentaban y frente a las que no respondía sino con paradojas. Un apunte de diario escrito en 1961 lo atestigua. “En medio de mi terror estaba el pequeño miedo a perder la intensidad de mi sufrimiento. Si mi angustia me deja, pensé, estoy perdida”. Escrito en el pizarrón, el día de su muerte, se leía: “ir nada más que hasta el fondo”. El despertar que ella necesitaba era otro, uno desconocido, uno que no tuviera nada que ver con esta tierra ajena. 

Music on: She always takes it black - Gregory Allan Isakov
Quote: "Acudir a la infencia / es regresar vacío / y sin infancia: adulto / que es la peor manera / de despertar por las mañanas". A.E. Quintero
Reading: Leonora - Elena Poniatowska