jueves, 31 de julio de 2008

El amor y la muerte

Pareciera a veces que no hay más arte en la tierra que el de dos cuerpos que se unen en el beso, que el beso puede crear mundos perfectos y reales, pero no es nada cierto, lo único cierto es la muerte y el amor que no está tan lejos del odio y esa línea entre ambos, misma que define el mundo y que lo crea: pero es que el mundo no se crea con un beso sino con la vuelta de la línea que se encuentra con otra línea, esa otra que separa el amor del odio, que distingue levemente la culminación de los suspiros ahogados en gargantas ajenas, desconocidas e íntimas.

Y no se sabe en qué momento se ama o se odia, no se sabe sino hasta la muerte, porque la muerte es todo, no se sabe nada hasta que después del último gemido de placer ahogado entre las sábanas se erige el monumento del dolor que tampoco se distingue del placer. Los amantes de intercalan, se distinguen y se fusionan; lo que sucede es que uno se toma del otro y lo quiere matar para convertirse en él, porque eso es el amor, es entregar todo y darlo todo sin pensar; es dar eso que se carece a alguien que no lo ha pedido, y es matar, entregar y buscar al otro para que sea parte de uno mismo, para que una vez entregada el alma se pueda llenar el vacío.

Entonces hay dos que aman y nunca piden nada pero quieren dar todo, que es nada… y luego llega el silencio, una ola de dolor que los une de nuevo y martiriza el par de cuerpos que no saben que están a punto de cometer una terrible equivocación, la equivocación del mundo, la tonta y falsa correspondencia de cuerpos, de muertos que no saben que han muerto, de almas inconsolables, de sensaciones y de eternidades… Se ignora la verdad por haber sido tan evidente, y no se sabe, así como no se sabe en qué momento se odia y en que momento se ama, no se sabe tampoco cuándo es que llegará la muerte en forma definitiva y tajante a poner el punto final a un evento condenado desde el inicio; y se ignora más que nada porque la muerte tendrá siempre la forma de ese amante y la muerte existirá aún en la vida, ya que la vida es sólo la puerta de entrada a la muerte, esa muerte, o lo que así llamamos y creemos conocer.

Amar es morir, entregarse a ese otro es morir con la sangre desbordándose en el interior del igual, con el sudor que comparte la huella de lo desconocido, de un crimen impune que no tienen juez que lo salve. Los amantes no lo sabrán porque el amor es la muerte y la muerte es el hueco y la finitud pero también es lo eterno, es el cuerpo frío, las caricias desinteresadas, el egoísmo disfrazado.

Los amantes, cada uno, tienen la muerte en los ojos pero su compañero lo ignora, no sabe que es cómplice y delator del mismo acto; la muerte y el amor son la misma cosa y uno surge del otro y existe gracias al otro y tienen el mismo propósito sea como sea que se quiera percibir; y así como oscuramente sabemos que no podemos escapara a la muerte no podemos escapara al amor porque ambos son uno y entonces amamos porque amar es más bello que morir y simplemente morir aunque en realidad se trate de lo mismo.

Music: C'mere - Interpol
Quote: "Hoy es día de muchas estrellas en el cielo, por lo menos así promete esta tarde triste que una palabra humana salvaría." C. Lispector

1 comentario:

M. Jennifer Sánchez Contreras dijo...

Hay dos cosas en la vida que no podemos evitar jamás... que al menos mientras tengamos vida... nos pasaran... una primero y otra después... la primera... puede que nos suceda en más de una ocasión... y quizá ésta nos lleve a la segunda...

No sé porque pasa eso... quizá sea ley natural... no lo sé... pero siempre pasa...

Te quiero!