viernes, 21 de diciembre de 2007

Esas fiestas navideñas

Si uno se pone a pensar un poco, a cerca de cualquier cosa, es evidente que todo es relativo... unas cosas más que otras pero finalmente en la relatividad de la conciencia individual imposible de unificar con otra.

Escribo esto dado que me siento invadida por el espíritu navideño y caigo en la cuenta, una vez más, que todo es relativo y que también, una mentira puede ser creada y creída por millones y millones de personas y que esto ya no importa pues se convierte en el ícono de algo que ni siquiera logramos razonar sino solamente aceptar.

Solemos creer (como una masa homogénea ceñida a cierta convención) que hace 2007 años nació en un pueblo de Belém el hijo de Dios: Jesucristo. Esto es, de acuerdo con mis percepciones, basadas en hechos históricos y científicos moderadamente comprobables, una total mentira. Lo que más se acerca a la verdad (pues ésta es también relativa) es que el tal Jesucristo no era un dios sino una especie de profeta esenio que tampoco pretendía trae la palabra de Dios, ni ser hijo de Dios; era un hombre instruido que conocía muy bien el budismo y lo transmitió en sus enseñanzas y que tuvo la mala suerte de tener como aprendices a pescadores ignorantes que entendieron todo mal.

En diciembre, este supuesto Dios no llegó al mundo, pues muchas investigaciones ubican su nacimiento en algún lugar de abril, sin embargo, para la Iglesia Católica le pareció una fecha más conveniente pues en abril se celebra el culto de Mitra, el dios pagano del sol, de quien curiosamente, también se cuenta que nació en un pesebre y que resutó ser bastante milagroso.

Incluso las creencias populares se pueden hacer algo relativo. Yo no creo en nada, ni en Mitra ni en Jesús, pero este asunto del festejo navideño ha trascendido la parte histórica para convertirse en un evento de mercadotecnia maravilloso y con un éxito indudable. Tan es así que aunque todo el sentido de la celebración navideña parte del natalicio de Jesús, éste ha perdido la popularidad gracias al señor de barba blanca y traje rojo, creado por la Coca - Cola para generar más ganancias en esta época.

La parte religiosa poco a poco se ha hecho a un lado, cosa que agradezco sinceramente y aunque me niego a la idea del consumismo barato y sin sentido, lo apoyo más que el fanatismo religioso. Ahora el ícono de la navidad sigue siendo el pesebre hermoso con el niño en pañales, aún cuando la gente ignore el trasfondo histórico del verdadero nacimiento de Jesus (o bien del propósito original de la representación de los nacimientos, que fue ideada por los franciscanos para instruir a los indios idólatas en américa; el barbudo Santa Claus de quien muchos ignoran su procedencia e incluso de los reyes magos, que, según la biblia, ni eran tres, mucho menos eran reyes y quién sabe de donde se sacaron esos nombres. De cualquier modo, la gente recuerda la navidad mediante íconos que les remiten a algo, algo que es erróneo quizá pero que represente algo para sus vidas presentes. También, de cualquier modo, todo se ha relativizado y transformado en consumismo puro, la parte más tangible de cómo funciona el capitalismo.

Pero ya que todo es relativo y uno puede hacer lo que quiera (casi) es posible ver el lado amable de las cosas y aprovechar para ponerse sentimentales, dar regalitos que no necesariamente están pensados en el puro consumismo sino en aquella parte linda que existe sumergida en alguna parte de los seres humanos; también nos podemos dar el lujo de decir Feliz Navidad con la intención de desear un rato agradeble y de pensar, ya que el fin de año est´pa muy cerca, que el futuro puede ser mejor que el presente. Cada uno puede desear lo que quiera y tomar este pretexto de las fiestas navideñas para ese propósito y eso, después de todo, no suena tan errado.

1 comentario:

Tlacaeleltzin dijo...

Saludos nuevamente!!!

Espero estés bien, simplemente pasaba por aquí nuevamente a leer un poco y es extraño pero en verdad siento que cuando te leo me estoy escuchando a mi mismo en casi todo, es curioso. Muy reflexiva, que bueno, hace falta eso en este país. Y aunque suene extraño, pues, Felices Fiestas!