jueves, 18 de junio de 2009

Una anécdota

Estoy en proceso de escribir un artículo que, con la suficiente buena suerte, podrá ser publicado en una revista de circulación nacional. Para complementar la bibliografía de dicho artículo y dado que algunas de las citas ahí puestas las cité -sin afán de presumir- totalmente de memoria, me fue necesario ir a la biblioteca y buscar detallitos como números de página, años de reedición etc.

El caso fue que me aventuré a la biblioteca felizmente, sólo para encontrarme que en ese mismo momento se encontraba todo hecho un desastre -en inventario, pues- y no podría tener acceso a la consulta electrónica. Afortunadamente, mis cinco años de estudio y de asistencia a la misma sección de estantes en la biblioteca (Literatura, letra PQ, PR o PS) albergaron en mi memoria algunos detalles sobre dónde encontrar, aproximadamente los libros que necesitaba.

De modo que me dirigí al último estante, el del fondo, para encontrar los sonetos de Shakespeare y las poesías más famosas de Keats. En mi paseo por los estantes me topé con Trópico de Cáncer de Henry Miller, lo tomé y lo abrí en la primera página de la novela. Como ya debe ser sabido para estas alturas de escritura frecuente en este blog, soy fan número uno de Miller y he de confesar que pienso en sus Trópicos como una especie de Biblia personal y que los cuido como tal cosa. Casi me sé de memoria esas primeras páginas de Trópico de Cáncer (y también de Trópico de Capricornio, por cierto) aún así, no pude evitar la tentación de releerlas.

No miento, debí haber gastado unos quince minutos hojeando el libro, me olvidé por el momento de Shakespeare y Keats y concentré mi atención en Miller, sin problemas y de manera increiblemente imperceptible. Luego me di cuenta de que el tiempo apremiaba, que debía apurarme para llegar a tiempo a clase, cerré con pesar -verdadero pesar- a Miller, como si me estuviera desprendiendo de algo que jamás volvería a ver y seguí con mi búsqueda.

Luego recapacité que en realidad cada que estoy en una librería y por casualidad, paseando en los estantes me topo con algo de Miller, en especial los Trópicos, no puedo evitar tomarlos y leer alguna de sus páginas, mismas que ya conozco muy bien. Es una obsesión, una que hasta el momento, no me hace ningún daño y que sólo me causa, acaso, una ligera inquietud cuando llega el momento de devolver el libro al estante.

Así que ese día regresé a mi casa y como si Miller fuese un vicio, saqué sus libros del estante, todos los que hasta el momento he comprado y los revisé de nuevo, releí unas cuantas páginas y me volvieron a atrapar. Entonces, hoy pensé en simplemente comentar mi feliz anécdota y compartir un poco, sólo un fragmento de esas páginas que tanto me extasían y que cada que regreso a ellas, aún pueden cambiar mi perspectiva de la vida.

He aquí el principio de Trópico de Cáncer, que es sólo una muy breve muestra de la grandiosidad con que Miller puede escribir y envolver al lector:


"Vivo en la Villa Borghese. No hay ni pizca de suciedad en ningún lado, ni una silla fuera de su lugar. Aquí estamos todos solos y estamos muertos.
Anoche Boris descubrió que tenía piojos. Tuve que afeitarle los sobacos, ni siquiera así se le pasó el picor. ¿Cómo puede uno pescarse piojos en un lugar tan bello como éste?. Pero no importa. Puede que no hubiéramos llegado nunca a conocernos tan íntimamente Boris y yo, si no hubiese sido por los piojos.
Boris acaba de ofrecerme un resumen de sus opiniones. Es un profeta del tiempo. Dice que continuará el mal tiempo. Habrá más calamidades, más muertes, más desesperación. Ni el menor indicio de cambio por ningún lado. El cáncer del tiempo nos está devorando. Nuestros héroes se han matado o están matándose. Así que el héroe no es el tiempo, sino la intemporalidad. Debemos marcar el paso, en filas cerradas, hacia la prisión de la muerte. No hay escapatoria. El tiempo no va a cambiar.
Estamos ahora en el otoño de mi segundo año en París. Me mandaron aquí por una razón que todavía no he podido desentrañar.
No tengo dinero, ni recursos, ni esperanzas. Soy el hombre más feliz del mundo. Hace un año, hace seis meses, creía que era un artista. Ya no lo pienso, lo soy. Todo lo que era literatura se ha desprendido de mí. ya no hay más libros que escribir, gracias a Dios.
Entonces, ¿éste?. Éste no es un libro. Es un libelo, una calumnia, una difamación. No es un libro en el sentido ordinario de la palabra. No, es un insulto prolongado, es un escupitajo a la cara del arte, una patada en el culo a Dios, al Hombre, al Destino, al Tiempo, al Amor, a la Belleza... a lo que les parezca."


Music on: Brain Damage - Pink Floyd
Quote: "Vivir sin conocimiento de uno mismo es como vivir en las sombras" S. Freud
Reading: El viaje - Sergio Pitol

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