Quisiera no ser yo. Quisiera no ser una niña mensa que trata de escribir versitos a partir de sus traumas. Quisiera no ser una gorda que no puede salir de su propia gordura. Quisiera no ser una persona insuficiente.
Y quisiera muchas cosas más, pero la realidad es que no hago el tremendo esfuerzo para conseguirlas. Me quedo a la mitad porque sé que no alcanzo. Pero al mismo tiempo entiendo de la frágil línea que divide la aceptación de la resignación; la mediocridad de la imposibilidad. Aunque el hecho de que sepa de su existencia no significa que pueda ser capaz de distinguir dónde se ubica exactamente.
Quisiera poder enfocarme en cosas productivas. Quisiera poder contener el llanto que a cada rato se instala en mis ojos en cualquier momento del día, a veces sin causa alguna. Quisiera tener la disciplina para lograr cosas que valen la pena o saber distinguir las que valen la pena de las que no. Quisiera no ser tan fácilmente seducida por Netflix y Facebook ni gastar tan fácilmente mis horas de soledad. Quisiera no haberme humillado ante el tipo que me gustaba, con tal de tener un ápice de su atención. Quisiera no tener esta necesidad de escribir de todo lo vergonzoso que soy. Quisiera poder aplicar a un doctorado sin el miedo de que no lo voy a lograr. Quisiera no sentir que todos en la oficina hacen un mejor trabajo que yo, que tienen mejores ideas y que ni siquiera les cuesta lograrlo. Quisiera haber podido enamorar al tipo que me gustaba, quisiera que no me hubiera dejado por otra.
Y también quisiera muchas cosas más. Ser capaz de decirle a mi mamá que la quiero, tener empatía y platicar con ella de cosas que no sólo me importan a mí. Quisiera poder hacer a un lado el hecho de que mi tía no me habla porque desaprueba mis decisiones. Quisiera tener fuerza para contestar con la verdad sin preocuparme por sus consecuencias. Quisiera no tener depresiones espontáneas que nadie aguanta ni entiende. También quisiera no haber subido 14 kilos en los últimos cinco meses y quisiera no tener hambre nunca.
Quisiera no haber escrito esto, no desear la humillación, no necesitar que me miren. Quisiera dormir y no tener que empezar de nuevo.
Music on: Running up that hhill - Placebo
Quote: "Lo propio de la poesía es iluminar. La oscuridad
depende de la noche que explora: la del alma misma y el misterio en que está
inmerso el ser humano." Saint John Perse
Reading: Morirás lejos - José Emilio Pacheco
"La literatura es uno de los más tristes caminos que llevan a todas partes" André Breton
viernes, 13 de enero de 2017
martes, 27 de diciembre de 2016
Querido Santa Claus:
Antes que nada, disculpa que te diga la siguiente verdad:
siempre le he hecho cartas a los Reyes Magos. No es que tuviera algo en tu
contra, querido, pero mi mamá nunca me inculcó la fe en el señor que anunciaba
la Coca Cola. Y la fe la he perdido, en general, con el paso de los años.
Pero cuando uno tiene deseos da igual a quién se los pida,
querido Santa Claus, los mitos encierran un carisma inigualable y el
receptáculo se ajusta a la persona y su realidad individual. Así pues. Lo que
deseo en este momento es lo que creo que necesito o no necesito, según sea el
caso, pocas cosas, concretas, ambiciosas:
Primero que nada, querido Santa Claus, quiero resignación,
sí, de esa que te dicen que debes tener cuando las cosas te salen mal, frase
muy recurrente cuando se te muere alguien, pero también aplicable a cuando
trabajas muy duro para lograr algo y fracasas, cuando intentas muchas veces y
descubres que por más que trates no eres suficiente. Resignación, sí, para no
enloquecer ni deprimirse; resignación, querido Santa Claus, porque no hay
manera de luchar contra la corriente sin morir de agotamiento.
Después quiero valor, en grandes dosis, porque necesito
despertar todos los días en este mundo que se cae a pedazos y poder responder
como aquel Sísifo en la montaña, con alegría y felicidad plena frente a una
condena eterna; responder, querido Santa Claus, que estoy bien a pesar del
castigo, a pesar de que nado en el fango cuando lo que espero es volar sobre
las estrellas, responder que todo está bien y que sí soy feliz.
Y quiero amor, querido Santa Claus, porque uno debe tener
algo hermoso que te destruya y al mismo tiempo te haga renacer, porque es
siempre sorprendente y te hace romper límites impensados, porque estoy
convencida de que es mucho más de lo que dicen que es, y que, aunque no alcance
y no sea más grande que mil cosas, encuentra la manera de hacer girar la
existencia entera, hacia rumbos desconocidos. Y eso siempre es necesario.
Y al final, querido Santa Claus, quiero vida, porque sin
ella no se hace nada; y además quiero ser capaz de vivir pensando profundamente
sin azotarme por la pequeñez de mi ser en el mundo, para así poder siempre
abrazar la vida sin pensar en la muerte. Y no, por si te lo preguntabas, no
quiero muerte, sobre todo no muerte, querido Santa Claus, no quiero que venga a
rondar con la certeza gélida de su presencia irremediable, la quiero lejos,
lejos para pensar que el tiempo presente es hoy y es bueno y que, mientras haya
vida, hay posibilidad, a pesar de todo.
Querido Santa Claus, hasta ahí mis deseos. Disculpa la
retahíla, entiendo que no podemos establecer convenios más allá de esta ocasión
especial, mas es mi plan escribirte de nuevo el siguiente año y aseguro estar
deseando cosas diferentes, porque nada me basta, querido, siempre falta algo,
todo es insuficiente.
Music on: Not even jail - Interpol
Quote: "El futuro es de quien lo ve como presente". Mauricio Montiel Figueras
Reading: Los niños están locos - Héctor Manjarrez
viernes, 23 de diciembre de 2016
Yo hubiera hecho lo mismo
Leyendo a José Emilio Pacheco, di con un poema titulado "La mayoría de edad", y me hizo pensar en ese momento en que me dejaron, más bien en los muchos momentos en que me han dejado. El poema dice así:
La mayoría de edad
no se alcanza por fecha de nacimiento
ni consta en los archivos oficiales.
Nos graduamos de adultos nada más
cuando alguien nos deja.
En plena juventud llega de pronto
el sabor de la muerte.
No vengo a azotarme porque me dejaron ya que, aunque sí es terrible en muchos niveles, creo muy importante recalcar el otro lado: siempre somos víctimas. Es decir, siempre vamos a herir a alguien, a dejar a alguien, por el simple hecho de que queremos estar bien y hacer lo que creemos que nos hará felices.
La última vez que me dejaron fue hace tres años. Por ridículo que suene, aún me duele, y todavía puedo llorarlo y sufrirlo con gran facilidad; me duele no haber sido suficiente, me duele sobre todo, que me dejaron por otra persona que era todo lo que yo no era y que sí era suficiente y más.
No sé si haya un adjetivo para lo que sigue, pues yo nunca he dejado a alguien por alguien más. En mis relaciones amorosas es usual que me dejen por alguien más. He escuchado de personas maravillosas que se convierten en verdugos tremendos. Gente que viviendo un matrimonio tranquilo y en paz logran dejarlo todo por otra persona porque esa persona sencillamente les cambia la vida y consideran pertinente arriesgarlo todo por intentar (¿amor? bueno, supongo que es amor) y lograr.
Sí creo que la mayoría de edad se alcanza cuando te dejan, ahí toda la razón, querido José Emilio, porque terminas devastado y sabes que el mundo sigue su curso pero te sientes en pausa, como un intruso; porque no puedes dejar de hacer el resto de las cosas que normalmente haces y que necesitas hacer, pero todo se siente distinto, vacío, pesado, enrarecido, y sólo deseas despertar de una pesadilla terrible en la cual no sabes en qué momento te metiste ni qué hiciste para joderlo todo y estar ahí. Y nada, eres tú, insuficiente y triste, mirando a la persona que amas amando a otra, haciendo todo lo que no hizo contigo con otra y te mueres un poquito cada vez que lo reflexionas o lo atestiguas. Ni modo: la madurez no es bonita.
Y como amo la paz y la tranquilidad, deseo profundamente que nunca me pase a mí (no hablo ya de ser la víctima porque eso, de tantas veces que me ha pasado, es algo que, aunque no se haga costumbre, al menos sé las etapas y los desenlaces); me refiero a ser el verdugo. No quiero que llegue alguien a mi vida que prometa cambiarla y darme todo lo que creo que no tengo y necesito, no quiero que nadie me entregue castillos y estrellas y me haga pensar que puedo echarlo todo por la borda, sin más consideraciones. No quiero ser el verdugo que ejecute el alma de quien me ama y me da todo lo que es, no quiero.
Pero ¿lo haría? Mucho he pensado en esa última vez que me dejaron, he pensado en él y he visto un poco de su vida a la debida distancia de las redes sociales (tan cerca, tan lejos); veo que es feliz y que haberme dejado no fue un capricho, sino algo que tenía que hacer para estar bien. A veces pienso que fue la decisión correcta, incluso pienso que, de hallarme en la misma situación yo hubiera hecho lo mismo, y no hubiera tenido consideración por la víctima; al final uno hace lo que tiene que hacer para estar bien, aunque eso implique lastimar a la gente como daño colateral (y estaría bueno que él leyera esto, en la misma distancia que nos da internet pero que de alguna manera nos mantiene en contacto). Así es la vida. ¿Lo hubiera hecho? Sí, seguramente también lo hubiera hecho.
Y es normal, pasa todo el tiempo... Pero ya estuve del otro lado y, en verdad, no quisiera hacerlo.
Music on: Nancy from now on - Father John Misty
Quote: "Escribes porque somos puertas / mal cerradas delante del vacío". Jeremías Marquines
Reading: Los niños están locos - Héctor Manjarrez
jueves, 17 de noviembre de 2016
¿Cuánta vida te está costando tu sueldo?
La cosa tiene un gran preludio: todo empezó cuando terminé la maestría y estaba quedándome sin beca, un muy buen amigo me dijo que se necesitaba una "asistente" en el Centro Cultural del México Contemporáneo, el cual pertenecía al sindicato de maestros (SNTE); entré, era un trabajo sencillo: contestar llamadas, hacer citas para la coordinadora, dar informes, llevar la agenda cultural y de la jefa, atender a los artistas. Después de un año haciendo es chamba, la jefa vio algo de potencial en mí y decidió ponerme a cargo de Relaciones Públicas, lo que sea que eso signifique. En menos de un mes después, por cuestiones de incomodidad (la directora era hija de Elba Esther Gordilloy ahora ella estaba en la cárcel), el sindicato decidió que lo mejor era correr a todos los que trabajaban ahí, sin preguntar ni considerar nada.
Luego de eso, mi buen amigo me pidió que lo ayudara a dar unas clases en un Cetis, también lo apoyé con cosas que necesitaba y, como en realidad quien me estaba pagando era él (de dónde, no lo sé, mucho menos cómo, pero no entremos en detalles), me siguió pagando lo acordado a cambio de las nuevas actividades asignadas. Un día me dijo que necesitaban a alguien con buena ortografía y redacción para que ayudara a revisar un periódico que hacía el SNTE en la FIL de Guadalajara, así que me mandó para allá a hacer corrección de estilo y apoyar con una que otra cosita. Entonces conocí a una señora, directora de la Editorial del Magisterio, quien me ofreció un trabajo fijo. Yo, atenida a lo que me pagaba mi amigo y sabiendo que pronto dejaría su puesto de Secretario General en el SNTE, decidí tomar ese trabajo. Es una editorial, me dije, qué bonito ha de ser.
Y comencé. Y poco a poco se me fueron bajando los ánimos y fueron creciendo las decepciones. La verdad es que nunca había hecho corrección de estilo de manera profesional. De modo que ahí aprendí mucho, en serio mucho, más de impresión y edición que de corrección, pero lo aprendí. Y también aprendí lo que no se debe hacer. Resultó que la tal Editorial era más bien una imprenta, cuya directora no sabía la diferencia entre una imprenta y una editorial. Resultó que había un plan de independizarse del sindicato y funcionar como debería ser una editorial de verdad, pero esto nunca se concretó. Bueno, la supuesta independencia sí, con una gran ceremonia de inauguración en un nuevo lugar, y a la cual se invitaron a las editoriales más importantes de México (o al menos eso creía yo, pues en realidad se invitaron a las imprentas más importantes de México). Total que el proyecto nunca resultó lo que yo me imaginaba. Era una editorial sin editores, sin catálogo, sin línea editorial y que pretende cobrar a los autores porque no los ve como autores sino como clientes. Con todo respeto externé mis ideas, le dije a la jefa que no podía cobrar a los autores porque eso no es lo que ellos buscan ni esperan; ella dijo que si no les cobraba de dónde iba a sacar dinero, que aquello era un negocio y que me quitara esas ideas de la cabeza; evidentemente no tiene idea de cómo funciona una editorial y por más que se lo digan no le interesa escucharlo. Encima, habría que sumarle que no sabe los contenidos de lo que se publica, que piensa que todas las personas que quieren escribir libros son ególatras y que se asquea cuando sabe que hay muchas propuestas de publicar poesía; "poetas no", decía.
Yo estaba decepcionada y desesperada. Desde que inició el año (con apenas un año trabajando ahí) empecé a buscar otras opciones, sin encontrar nada que me gustara y con sueldos bajísimos. Después de la inauguración estuve a nada de renunciar, pero la necesidad de la lana y los gastos me detuvieron; fui a entrevistas, no me llamaron, busqué por ahí y por allá sin hallar nada que fuera suficiente como para renunciar de una vez por todas. Hasta que un buen día encontré un anuncio en Facebook en Ediciones Era donde pedían gente con un perfil como el mío y que supiera hacer lo que más o menos sé hacer. Y tuve la fortuna de que quisieron contratarme. Una cosa buena del sindicato es que paga muy bien (y cómo no, si todos sabemos las arcas que se llevó doña Elba Esther), pero ya llevaba mucho tiempo pensando si era realmente importante tener dinero a cambio de estar en un lugar que no me gusta, o bien, no tenerlo pero estar en un lugar que de entrada tiene mejor horario, cuyos directivos saben bien cuál es la chamba y donde, por supuesto, estoy cerca de la literatura.
Esta oferta de Era salió en el momento menos esperado. Ya estaba resignada a terminar el año ahí, ahogada de trabajo hasta los fines de semana debido a su pésima planeación (eso o renunciar, definitivamente), atendiendo a peticiones que me parecían incongruentes y fuera de lugar (como fabricar una botarga para la FIL Guadalajara y tener un stand que no exhibe ni vende libros, sí, en la feria del libro más importante de Latinoamérica). Pensé en aplicar al doctorado, cosa que tampoco me llenaba de felicidad pero al menos parecía una puerta de salida ante tanta frustración. Afortunadamente, la luz llegó, con Era, algo que no tenía entre mis planes, pero que me salvó. Y además, con todo lo que busqué y todo lo que aprendí, me hice buena haciendo corrección de estilo y cuidado editorial (allá, en el sindicato, la jefa cree que esa chamba es cosa que cualquiera que sepa leer puede hacer), le eché ganas y me hice muy buena, tanto que me llaman de Editorial Planeta y de Editores Mexicanos Unidos, y trabajo con libros de literatura que generalmente valen la pena (nunca había leído La Isla del Dr. Moreau ni Moby Dick y me las eché mientras las corregía). Estoy en mucha paz, tanta que ya tengo tiempo para retomar mi blog y puedo regresar a mis pendientes de escritura.
Bueno, no todo es miel sobre hojuelas: me pagan la mitad de lo que me pagaba el sindicato, pero no me importa. ¿Cuánta vida te está costando tu sueldo? Me lo pregunté y decidí que no podía seguir dejando la vida en algo que no sólo no me gustaba, sino que incluso me avergonzaba; es real que cuando me preguntaban de mi trabajo yo no quería ni abrir la boca, de la pena. Ahora, después de buscar y buscar, no me avergüenza, porque por fin trabajo en una editorial de verdad, vaya, una editorial.
Music on: Sweetheart - Jont
Quote: "En el insomnio de la noche caben / caravanas en el desierto / e hileras de pingüinos saltando al agua". Elsa Cross
Reading: La campana de cristal - Sylvia Plath
martes, 18 de octubre de 2016
¿No habrá puerta de salida? en la FIL Zócalo 2016
A finales de abril me informaron que la editora de Abismos estaba buscando escritores jóvenes para armar un libro para el Mercado de la Poesía en Francia. Yo tenía ya listo un libro, así que lo mandé a ver si le gustaba algún poema. El caso es que le gustó todo y me propuso editarlo. En un par de meses se hizo todo, firma de contrato, revisión de pruebas, impresión. Yo, feliz, más feliz que nunca.
En fin, el libro va a tener su primera presentación el próximo viernes 21 de octubre en la Feria Internacional del Libro en el Zócalo, la cita es en el foro "La Chula" a las 15:00 horas. Es un libro bonito, desgarrador pero bonito, que, si pudiera definir rápidamente, diría que se trata de "quedarse", de la "no renuncia", y claro, de la angustia, la desesperanza, las puertas sin salida..., del mundo, pues.
Estoy agradecida con Sidharta Ochoa por la oportunidad y toda la difusión que se ha hecho. El libro, hasta el momento, ya se puede comprar en Amazon y pronto estará en varias librerías. El cuarto libro, el tercero de poesía, me siento contenta, mucho.
Music on: Dudley - Yeah yeah yeahs
Quote: "El amor conduce a las despedidas". Alejandro Páez Varela
Reading: La ciudad de las palabras - Alberto Manguel
viernes, 26 de agosto de 2016
Las distracciones
De la serie: Homenajes a Leonora Carrington
El
infierno desconoce los puntos cardinales,
se
extiende sin medida, circular como el tiempo.
Es
un reino de fuego que contiene islas errabundas.
Niña de sal, cruza la
puerta de la nada.
Aun
entre el caos se dicta la armonía de las esferas,
y
del cielo infinitos ríos de luz abrasan cada esquina.
Niña, baja de la barca y
hurga con tus manos secas el fango ennegrecido.
En
lo alto se desliza la mujer danzante,
su
blancura de estrellas se vierte sobre la noche,
sus
gemelas admiran viaje, cenit y caída.
Niña, el mundo subterráneo
se forja entero ante tus ojos.
Una
columna con piel de árbol soporta el triángulo eterno, guardián inmóvil, el ave
de rapiña cuida el mundo luminoso de su centro.
Niña, baja a buscar el
camino de la hierba.
El
andrógino de largos cabellos forja destinos desde un vehículo encallado,
su
espalda tiene surcos de noche, sus visiones tejen el viento.
Niña, ve a conocer al rey
loco, para que seas tú quien lo lleve lejos del camino que ignora.
Habitantes
mutilados se arrastran por las zanjas del desastre, su canto lastimero impregna
el aire y transporta el germen de la muerte.
Niña, despierta, una
estatua vigila tus pasos.
Llueven
susurros que apaciguan las llamas, en el umbral no hay letreros.
Bienvenida.
Music on: True love waits - Radiohead
Quote: "La locura te abre puertas de tu interior. Cometer actos que los otros condenan te eleva a otra dimensión, saltas encima de tu propia mediocridad". Elena Poniatowska
Reading: Leche del sueño - Leonora Carrington
martes, 5 de julio de 2016
El despertar de Alejandra Pizarnik: la poética de no ser de este mundo
Alejandra, siendo adolescente, llamó por teléfono al
psicoanalista y escritor León Ostrov, para solicitarle una entrevista. A partir
de aquí, las visitas fueron frecuentes; Ostrov recuerda así el primer encuentro
que tuvo con Alejandra: “Mi primera impresión, cuando la vi, fue la de estar
frente a una adolescente entre angélica y estrafalaria. Me impresionaron su
grandes ojos, transparentes y aterrados, y su voz, grave y lenta, en la que
temblaban todos los miedos”.
El objetivo original de los encuentros era el
psicoanálisis; sin embargo, entre ambos se desarrolló una complicidad
escritural psicológico-literaria. Durante los años en que Alejandra vivió en
París, ambos establecieron una correspondencia constante, en la cual se puede
atestiguar este vínculo que trasciende la relación entre un psicoanalista y su
paciente. Ostrov afirma: “No estoy seguro de haberla siempre psicoanalizado; sé
que siempre Alejandra me poetizaba a mí”.
Es a partir de esta correspondencia que se puede
desentrañar una parte de la poética de Alejandra, las cartas son poéticas en sí
mismas, pero sueltas, en prosa libre, sin tapujos y con una plena sensación de
sinceridad. León se convirtió en un cómplice poético. Tan es así que el libro La última inocencia (1956) lo dedicó a
él y, posteriormente, para cuando publicó Las
aventuras perdidas (1958) decidió dedicarle un poema ahí: “El despertar”.
Este poema es un canto elevado hacia la noche, hacia
ese decir constante que ella no es de este mundo. ¿Qué significa el despertar
para Alejandra? No es un despertar alegre ni positivo. Es darse cuenta de que
la libertad es un engaño, de que la vida es una tortura. En una carta a León
escribe: “Todavía me contemplo, asombrada de estar viva”.
En “El despertar” Alejandra reúne lo que piensa de su
existencia, una suerte de transitar estático, una imitación de lo que debería
ser la vida. A través de una plegaria invoca a lo desconocido, para obtener un
poco de misericordia. Un fragmento del mismo da cuenta de la desesperación y
angustia latente:
Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás o simplemente fue
¿Cómo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco esperaría
con las luces encendidas?
¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?
El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado
Las preguntas de piedra en piedra
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual
Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde
Como un mantra repite en varios momentos del poema el
hecho de que la jaula se ha hecho pájaro, ¿qué significado esconde esta letanía
que aparece como una constante aterradora? La jaula tiene una función doble,
atrapa, pero al mismo tiempo protege. La jaula se convierte en un elemento de
la libertad, se hace pájaro y afuera, donde no hay barrotes que detengan nada,
la libertad es aterradora. ¿Qué haré con el miedo?, se pregunta también
constantemente, la poeta no sabe qué hacer con los monstruos que se asoman
desde el aire, desde la luz, desde todo lo asible e inasible. La jaula era un
mecanismo de protección que, perdido, la conduce a la angustia y al dolor. León
fue testigo de ese miedo, cuando ella le escribe, desde París: “La verdad es
que acá me muero de miedo. No sé si ello responderá a mi inmensa capacidad de
temer o si la realidad contiene verdaderas causas que lo desaten”.
El vacío, la soledad, la alienación son constantes en
la pluma de Alejandra. Y la poesía era una forma de vida, una manera de escapar
de los estándares, de abstraerse fuera de las rutinas establecidas sobre ir a
trabajar, “ganarse la vida”, perder el tiempo en el ritual absurdo de trabajar
siete u ocho horas diarias, de enrolarse en lo que los otros llamaban vida.
En la correspondencia, sigue apareciendo su miedo, su
miedo a la existencia cotidiana e incomprensible: “No tengo miedo de morir,
tengo miedo de esta tierra ajena, agresiva, tengo miedo del viento […], tengo
miedo de los árboles salvajes, nacidos porque sí y para nada”. Alejandra
despertó, en contra de su voluntad, al miedo inenarrable. Pero esta condición
es, aunque terrible, su aliada. Alejandra sabía de la unión entre poesía y
vida, tal como lo entendían los grandes poetas de vanguardia. Pero en ella la
angustia y el miedo eran demasiado pesados, ella lo sabía.
También sabía que algún día iba a partir, para nunca
regresar. El despertar fue una denuncia explícita de la existencia que no
deseaba, de un trajinar constante de luchas de contrarios, de antítesis que se
le presentaban y frente a las que no respondía sino con paradojas. Un apunte de
diario escrito en 1961 lo atestigua. “En medio de mi terror estaba el pequeño
miedo a perder la intensidad de mi sufrimiento. Si mi angustia me deja, pensé,
estoy perdida”. Escrito en el pizarrón, el día de su muerte, se leía: “ir nada
más que hasta el fondo”. El despertar que ella necesitaba era otro, uno
desconocido, uno que no tuviera nada que ver con esta tierra ajena.
Music on: She always takes it black - Gregory Allan Isakov
Quote: "Acudir a la infencia / es regresar vacío / y sin infancia: adulto / que es la peor manera / de despertar por las mañanas". A.E. Quintero
Reading: Leonora - Elena Poniatowska
viernes, 1 de julio de 2016
Elegía
1. Luces neón
Ciudad
de México, destellos que abren el silencio y la penumbra, ciudad cómplice y enemiga, avistada desde el
cuarto piso.
(Vodka tonic.
Agua.
Cigarrillos.
Almohadas viejas.
Sábanas roídas.)
No
hay lugar para los sueños.
La
ilusión de lo eterno ha sido confinada a algunos metros cuadrados.
Silencio.
Tu
mano apenas me roza pero insistes en que nos quedemos, que guardemos otro poco
ese momento antes de que exista otra persona que no pueda hacernos seguir en el
secreto.
Silencio.
No
dices nada pero lo sé: el final apremia.
Tu
mano no puede tocarme al caminar por la calle pero sí a través de escaleras
viejas, o dentro de un elevador ruidoso, cómplice de pequeñas confesiones calladas.
Tu
mano quiere deslizarse suave sólo a través de las ropas y entre los lugares más
oscuros y distantes.
(Cerrar cortinas.
Terminar el acto.
Servir otro trago.
Abrir la ventana.
Fumar.)
Sé
que hubo una vez un pacto, tuvo que haberlo.
Quizá
lo juramos bajo estrellas demasiado pálidas, en una cercanía muy liviana; por
algo no pareció en serio, no dijimos nada y cada uno entendió lo que quiso, un
pacto que nunca salió del secreto ahogado en cuatro paredes y otros espacios escondidos,
clausurados, estancias y nichos perdidos en el anonimato, en una cantina o en
otros tantos cuartos de la misma anatomía.
2. El cisma
En
una de esas noches apareció.
Las
distancias y los saludos forzados venían anunciando su llegada, no así su
gracia conmigo, su permanencia en los dos.
Era
el amor, el que nunca vino a visitarnos a ambos que no consagró aquello que
dicen que se consagra, ese halo de luz que jamás apareció en ninguno de
nuestros besos (¿se podrán contar los besos como se quieren contar las
tristezas, se podrá compensar la idea de felicidad con el llanto escurriéndose
hacia adentro?), no, en ninguno de nuestros besos, ni en las frases o las
esperas.
Apareció
para que decidieras partir, porque partir es fácil cuando el amor llama al otro
lado de la puerta, allá, a existir detrás de nuestros (¿nuestros?) sueños.
Para
que decidieras desparecer en medio de la niebla de una melodía
que
nunca escuchamos juntos,
en un deseo insatisfecho: “I won’t share you”.
3. En el jardín del dolor
Llevo
varios meses durmiendo en este cuarto, en este departamento alquilado para dos,
en este cuarto nuevo que compartimos un par de noches, cuando ya habías roto el
lazo, aunque yo seguía sin saberlo (saber nos llaga el alma, nos puebla las
noches de invierno).
Pienso
en sembrar un jardín con los recuerdos, para que crezca un árbol que asfixie el
cuarto, la estancia, todo lo que pueda, conmigo adentro.
Pienso
en los que mueren, en saber renunciar.
La
no renuncia implica la convivencia constante con un tipo de dolor que se va
sembrando y cuidando, como un fruto que alimenta y que es lo único que otorga
esa pizca de eternidad.
Así
sería mi árbol: jardín del dolor.
Duelen
las cosas que ya no están:
(Canciones:
Leonard Cohen a la madrugada, Philip Glass y “Please let me get what I want
this time”. Lugares:
Tepoztlán al amanecer, sentarse afuera de las aulas, las calles del centro,
Morelia nunca visitada, Guanajuato y tu sitio en la cama. Palabras, muchas
palabras: Hegel, Heidegger, Wittgenstein, Barthes, Pessoa, Vargas Llosa y
Camus)
Las
otras cosas: los soliloquios antes de dormir, la forma de preparar los tragos, tu
olor, tus ojos, tus manos, lo que era ya una extensión de ti.
Sigo
firme realizando el ritual de pensarte, sembrando las semillas que tienen el
nombre de algún recuerdo.
Sigo
ejecutando la fuga de la realidad para no pensar, para no ser.
Siembro
mi jardín.
4. Recuerdos nuevos
No
pedía mucho. Solo quería la eternidad.
Supe
que no sería protagonista de ningún romance, que el secreto era el único
destino.
Acepté.
Entendí, desde aquel día, con los ojos clavados en las vigas viejas que no
habría nunca amor.
Pero
permanecí. Se me fueron llenando los bríos de moho, pero me quedé a intentar.
La
eternidad: sólo eso. El mundo se vino abajo. Me quedé. Fue muy tarde para saber
que algunas palabras no serían capaces de sostener un universo.
Ahora
voy a crear recuerdos nuevos, aunque no olvide que el desamor refleja la insuficiencia,
aunque el dolor impida la fabricación de otras realidades, aunque el fracaso se
recuerde a cada respiro —respiración seca, de sal, de polvo— como un titánico
esfuerzo para mantenerme a flote.
La
renuncia es la verdadera corona, pero no todos somos capaces de liderar ese
reino.
Mi
biografía es la del intento que fracasa, y la del dolor, no la de la muerte.
Debo
olvidar que existe ese mundo, hablar sobre ese dolor que tiene que mantenerse a
flote porque si se hunde se transforma en una penumbra con dientes.
Mi
fracaso es la realidad: ser todo lo dispensable, lo que sigue quemándose, desperdiciado,
ardiendo incansable sobre sus propios restos.
Music on: Heart of golf - Birdy
Quote: "La poesía es la única prueba concreta de la existencia del hombre". Luis Cardoza y Aragón
Reading: Leonora - Elena Poniatowska
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