lunes, 31 de marzo de 2014

Him



Seguramente hoy, por la noche, esperaré un mensaje o una señal de ti, y seguro es que mañana por la mañana levantaré el celular para escribirte. Me detendré, por supuesto, porque recordaré lo mucho que no quiero ser una vez más como la imbécil que se desvive por ilusiones sin sentido. La vida, en sí, no tiene sentido, eso lo sé desde hace bastante tiempo, pero también sé que no tengo ninguna necesidad de seguir caminando hacia lo que entiendo como explícitamente inútil desde ahora, no hay por qué añadir a la vida un sufrimiento más, ya tengo suficientes.

Y entonces voy a odiar la tecnología, porque todos los días escribes algo y yo te leo, porque no tengo la voluntad de no entrar al twitter o a tu blog. Tú eres tu blog, en el sentido más amplio que tal cosa pueda entenderse. También soy un poco más racional de lo que parezco y bastante más ordinaria de lo que tú crees. Sé que leernos a la distancia ha sido siempre nuestra única constante, que ha sido un error mío querer tener más, querer pedir, demandar, exigir, llorar por lo faltante. Yo siempre lo dije desde el principio, que tendríamos una bonita relación por Whatsapp, pero me resulta tan terriblemente absurdo, más absurdo es, todavía, que tú insistas en que no va a ser siempre así ¿Siempre? ¿Quién puede, acaso, controlar la eternidad?.

Escribo ahora esto para que sepas que es tal como te platiqué cuando te mandé “The moon song” y no te gustó, cuando te dije por primera vez que así éramos; te dije que deberías ver “Her” y que quizá entenderías la manera en que nos veo a nosotros, la situación es tan absurda que parece que uno de los dos carece de cuerpo. No parece, me corrijo, así es. No me gustó la película, he de confesarlo, y la odié no por su destreza fílmica o alguno de esos argumentos lo suficientemente válidos como para aprobar o desaprobar algo objetivamente, sólo la odié porque es algo que ya estaba viviendo: desear a alguien que vía redes sociales y aplicaciones de celular está siempre al pendiente de mí, pero que es incapaz de trasladarse a un plano más real. No tienes cuerpo y lo peor es que no deseas tenerlo, no deseas estar a mi lado, asumo que no deseas escucharme pues tampoco respondes el teléfono. ¿Cómo podría asegurarme, además, de que si estás “en línea” por el Whatsapp todo el día no mantienes las mismas relaciones con otras personas igual que conmigo? Insisto, no tienes cuerpo ni deseas tenerlo. Al menos Samantha deseaba realizarse físicamente.

Se terminó, eres un sistema operativo que caducó, una cuenta de Twitter que en cualquier momento puedo dejar de seguir o bloquear, una cuenta de Facebook que no existe; eres un emoticón al otro lado de un celular, una idea, bellísima idea de que tenemos tres canciones que nos unen o un par de versos exactos, o alguna otra cosa que en realidad nunca hemos experimentado juntos. Puedo entender tus razones pero no puedo trascenderlas. A ti te basta que seamos así, me queda claro; y lo lamento porque a mí no. Eres nada más un video que mandas por Youtube, una foto que no es nunca de ti, sólo eso, una manera de amar que mi corporalidad no entiende, un deseo que no termina de satisfacerse. Qué lástima que yo quise más, qué lástima que caí, como Theodore, antisocial, con una herida irreparable en el corazón, en la añoranza de alguien, algo, tan asquerosamente artificial.

Quizá eres más grande que yo, quizá entendiste desde hace mucho tiempo el daño que causa el amor, el dolor de ser como todos los demás. Pero yo soy simplemente ordinaria, terrenal, orgánica y falible. Yo no puedo.



Music on: Last mile home - Kings of Leon
Quote: "Nada tiene sentido; he despertado / en un mundo al revés". Rubén Bonifaz Nuño
Reading: La infancia de Jesús - J. M. Coetzee

martes, 25 de marzo de 2014

"Vendrá la muerte y tendrá tus ojos" o de cuando escribo relatos



Empecé escribiendo cuentos cuando estaba en la preparatoria y me gustaba Edgar Allan Poe. Mis primeros intentos eran, de hecho, un pastiche de lo que hacía Poe, con ambiente gótico, en mansiones lúgubres y con personajes escalofriantes y trastornados de distintas maneras. Poco a poco me fui dando cuenta de que los trastornos, las depresiones y los escalofríos no necesitaban, necesariamente, desarrollarse en mansiones, parajes suizos, cuevas y castillos, sino que podían situarse a nuestro lado, en la más bella cotidianidad mundana. Así son estos cuentos.

Existen tres ejes que, a mi parecer, sostienen a todos los relatos o buena parte de ellos, uno es la familia, otro la locura, y finalmente, la muerte. Los tres están íntimamente relacionados. Hay por ahí tres relatos que son mucho más metafóricos y al mismo tiempo, un tanto fantásticos, no con la fantasía de los dragones y las hadas, pero sí contienen esa extrañeza que irrumpe en lo cotidiano, muy al estilo de La metamorfosis donde lo extraño y terrible se vuelve normal. De este corte es “Los dedos”, por ejemplo. Está también la historia de la araña que sale de las lágrimas de una persona y que es metáfora de la tristeza. Cuando escribí ese relato me preguntaba cómo sería si de una manera más física pudiéramos externar nuestras tristezas, si del llanto podríamos no sólo limpiarnos con el agua sino a través de otra cosa; entonces se me ocurrió la idea del insecto portador de todas nuestras decepciones, que sale y entra a voluntad sin nuestro control, tal como nos sucede con la tristeza y la alegría, sentimientos que nos llegan de pronto y los tenemos que dejar ser, dejar fluir, dejar existir. Asimismo, está el relato de la sombra que ejemplifica la alienación de la persona y la fatalidad de no poder escapar a un destino. En este relato está presente el tema del doble y la idea de que la sombra de uno mismo es como el recuerdo de una muerte que, de tan certera que es, descansa personificada, todos los días a nuestro costado sin que podamos hacer nada.

En cuanto a los ejes fundamentales, buena parte tienen que ver con experiencias personales. Yo nací, crecí y viví en una familia de mujeres, con mi mamá, mis tías y mis tías abuelas, había sólo un hombre: mi abuelo, la única figura paterna imponente e importante; con ellas crecí, a ellas me amoldé, a partir de ellas conocí la vida. Mis relatos incluyen historias de mujeres enclaustradas, dos de ellos, al menos, son reflejo directo de sucesos familiares, el de “Funeral” narra la muerte de mi tía y el de “Los dedos”, ya mencionado con anterioridad, recrea el encierro y hermetismo de una familia de mujeres que se han hecho distantes a cualquier petición de amor. En el cuento, las consecuencias son de corte fantástico, de imaginación e irrupción del extrañamiento dentro de lo cotidiano. En cuanto a la locura, tomo como punto de partida una frase de Clarice Lispector que dice: “la locura es vecina de la más cruel sensatez”; en uno de mis relatos aparece esta frase como epígrafe, sin embargo está relacionado con más de un relato. A veces la realidad nos resulta tan abrumadora que nos vemos en la necesidad de sucumbir a la locura antes que entregarnos a la muerte, a crear otras realidades que nos resulten menos terribles. Estamos negando la realidad pero al mismo tiempo estamos viviendo en otra. En Viaje al fin de la noche Céline escribe: “¿a dónde ir cuando no llevas contigo la suma suficiente de delirio? La verdad es una agonía que nunca acaba. La verdad de este mundo es la muerte”. Así les pasa a algunos de mis personajes, como Rosa de “Rosa a media noche” o como Leonardo de “Atardecer” o bien la niña sin nombre que pinta compulsivamente en “Rojo”. Todos ellos son incapaces de aceptar la verdad del mundo, pero siguen convencidos de que deben seguir viviendo y lo hacen a través de engaños fabricados que se convierten en una alternativa. La otra opción, claro, sería renunciar en definitiva a la vida, pero ellos no lo hacen. Hay quienes, también en mis relatos, sucumben porque, ni cómo negarlo, la renuncia es también otra idea tentadora e igualmente exploro esa segunda posibilidad, la cual evidentemente lleva directo a la muerte, otro tema sostén de este libro.

El asunto de la muerte se liga a la familia, al amor —porque el amor también es una de mis obsesiones fundamentales, amor tortuoso, imposible, que te va carcomiendo poco a poco pero que no te mata—, a la imposibilidad de crear una vida satisfactoria. Los relatos de desamor culminan en la muerte, como “¿Te acuerdas?” o bien “El espíritu de los muertos observa”. La muerte está en todo, de distintas maneras, morir en vida no es una posibilidad que yo descarte. El relato final está inspirado en el poema de Cesare Pavese, que le da título al volumen: “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”. En el poema, Pavese habla de una muerte que acompaña al ser humano siempre y, al mismo tiempo, de una persona a través de cuyos ojos existe un reflejo de la muerte:

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
-esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo-. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito acallado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola sobre ti misma te inclinas
en el espejo. Oh querida esperanza,
también ese día sabremos nosotros
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como abandonar un vicio,
como contemplar en el espejo
el resurgir de un rostro muerto,
como escuchar unos labios cerrados.
Mudos, descenderemos en el remolino.

En mi relato dejé de lado la metáfora y lo trasladé a lo literal. Se trata, entonces, de la figura de la muerte que pasea con los ojos de alguien y ese alguien sólo puede mirarlos así, pendiendo de su mano, en el instante previo a que se le esfume la vida para siempre. Además, como escribe Pavese: “para todos tiene la muerte una mirada” y creo que esa es una veta que sigue abierta para escribir sobre este tema que desde hace siglos es importante para el arte.

No pienso que este libro vaya a ser trascendental para la literatura mundial, de verdad no lo pienso, pero es mi primer libro de cuentos y lleva mucho trabajo detrás pues un par de ellos los escribí hace 4 o 5 años, y han tenido varios procesos de revisión y corrección y así como de necesarios cambios. Estos relatos son una mezcla de experiencias personales, obsesiones bien marcadas que he cultivado a lo largo de mi vida y, al mismo tiempo, son una apuesta por una literatura de calidad, por algo que traté que estuviera, por lo menos, bien escrito. Verlos así me causa una sensación extraña, por un lado me da terror saber que una parte tan escondida de mí está ahí afuera ventilándose sin pudor, pero por otro lado sí es una satisfacción muy grande poderlos dar a conocer. El terror estriba en haberme desnudado tanto ante mi familia, para quienes guardo muchísimas reservas sobre mi manera de ser; a quienes jamás les he confesado abiertamente cuáles son las vetas de mi dolor y de quienes a últimas fechas me he alejado mucho por haber tomado decisiones que no aprueban. Pero al terror lo salva la creación, y esta es finalmente el motor más grande de este libro, crear, escribir, esperar que, con suerte, alguien pueda tener una impresión grata o llevarse algún recuerdo.

Music on: I'm your man - Leonard Cohen
Quote: "La felicidad también existe fuera de la luz." Marco Fonz
Reading: La infancia de Jesús - J. M. Coetzee

miércoles, 19 de marzo de 2014

La rotura



Baste esta entrada para que sepan que la rotura de fábrica no se me quita, es ya como imposible, me imagino. Quizá tengo expectativas demasiado altas, quizá he desarrollado una aversión a dejar que la gente sea como es y me dé lo que yo quiero que me dé, pues la última vez que dejé a la gente ser libre igual terminó y terminó mal.

Uno exige lo que cree merecer, dicen. Y al parecer estoy jodida porque creo que me merezco la eternidad. No somos personajes de novelas, me dijo una vez alguien; no puedo darte lo que mereces, también me dijo. Y yo lo dejé. Entonces traté de no cometer los mismos errores y empecé a dejar ser libre a la gente, a no exigir, a no poner la vara tan arriba con respecto a lo que yo quería, y también fracasé. Yo fui la más linda del mundo y me cambiaron por otra.

A prueba y error intento de nuevo y fracaso. Acabo de perder a una persona más, por ser simplemente como soy, por decir lo que no me gusta, por pedir lo que creo que debo tener. Ya me lo decía un amigo, que el problema soy yo. Ya no sé cómo más intentar. Haga lo que haga, decida lo que decida, pida o no, diga lo que pienso o no, todo se jode. Y yo, la verdad, no puedo con eso. Entonces lloro, porque soy estúpida, porque soy cobarde y porque soy necia y quiero seguir tratando con la imbécil esperanza de que algún día lo haré bien, pero igual sabré que no será así; que hay gente para la cual no es posible el amor, que yo desde hace cuatro años me di cuenta de que no era para mí pero no puedo resignarme. 

Baste esta entrada para que sepan que me duele ser yo, que soy irreparable, que no importan los logros. Sigo siendo yo y ser yo no sirve para nada.

Music on: Push your head towards the air - Editors
Quote: "desconfía del que ama: tiene hambre, no quiere más que devorar" Rosario Castellanos
Reading: nada, ya no leo nada.

lunes, 3 de marzo de 2014

Una metáfora de los amantes imposibles




En momentos como este, en que siento que nada sirve de nada, en que no supero el absurdo, en que la incompletitud me abruma, no sé si acaso escribir ayude de algo. Siento que siempre escribo la misma cosa, la misma cantaleta, el mismo dolor. Pero no consigo salir de él. Las personas cambian, pero el hecho es más o menos el mismo, siempre regresa a mí el tema de la imposibilidad. Y para ello nada mejor que la historia de Orfeo y Eurídice, porque pienso en ella como una metáfora perfecta del amor, al menos en mi caso. Orfeo baja a los abismos infernales en busca de su amada con la consigna de que no puede voltear a verla, pues si lo hace, en ese instante la perderá para siempre. Me refiero a que es una metáfora en el sentido de que no podemos tener nada completamente, que al tener al amor, lo perdemos, —lo pierdo— que siempre estaremos tentados a voltear y lo perderemos, como le pasó al héroe. Por una u otra razón yo siempre pierdo el amor, si acaso con buenísima suerte lo tengo bien agarrado de la mano, es por rebeldía, impaciencia, ineptitud, aburrimiento, hybris, o qué sé yo, que siempre lo echo todo a perder, igual que Orfeo. Su caso es claro, le dijeron que no volteara y volteó, yo estoy peor pues desconozco la prohibición y haga lo que haga, siempre pierdo.

Como sea, la metáfora no es muy esperanzadora. Nos dice que, en efecto, la eternidad no es posible y que, como Orfeo, no podemos aspirar a tenerlo todo por completo, mucho menos eternamente. Estoy convencida de que así es la vida: andar por los abismos aferrados a algo que amamos, pensando que lo podremos poseer por completo. Tener, no tener, desear algo tanto y perderlo sin remedio. No sufro siempre, no necesariamente, pero el hecho de haber perdido años de mi vida amando fantasmas sí me afecta; años, meses, días, el tiempo que sea en el cual he invertido esfuerzos para lograr cosas, tiempo de viajes abismales sosteniendo algo con una errada seguridad, sólo para perderlo. Yo creo que todas las veces ha sido mi culpa y he tratado de hacer las cosas de manera diferente, uno vive y aprende, dicen por ahí. Yo aprendo y desaprendo porque no he hallado el camino correcto, no he encontrado la manera de no entrar en ese infierno bajo las mismas condiciones y consecuencias. Me sucede que a veces creo que “algo” es lo correcto y luego caigo en el desencanto, en el error, inevitablemente. Y me carcome, sobre todo, la evidencia viva y latente que me recuerda todos mis errores. Uno cree que ciertas cosas son posibles, uno cree en el amor, de una o de otra forma. Uno cree, estúpidamente, uno cree. Y cree que por una vez en la vida Eurídice no se va a desvanecer, que uno no va a cometer el error.

A veces pienso que es mejor adentrarse al abismo con lámpara y cuerdas, poco a poquito, en lugar de dejarse caer. En muchas ocasiones deseo que la agonía termine antes, pero, absurdamente, jamás se me ocurre desear que no hubiese iniciado. Estos abismos se tienen que recorrer, así como la vida se tiene que vivir. Muchas veces me he preguntado si acaso hay algo roto en mí, me lo pregunto casi todos los días, de hecho, si hay algo que hace que la gente simplemente no se enamore de lo que soy cuando yo estoy dando todo lo mejor de mí. Y pienso tonterías como “ojalá le hubiera dicho a tiempo que no me parecía lo que hacía, que yo quería más, que no aguantaba sus ausencias” pero sé que eso tampoco cambia nada, decir o no decir, por desgracia, no salva. Actuar o no actuar; sufrir o no sufrir. La verdad, el resultado es el mismo. Entiendo que no hay que encontrarle tres pies al gato. Uno se enamora, o no. La gente se gusta, o no. La gente desea encontrar la manera de estar junta o no. La gente elige una cosa por otra, o no. Y sin embargo, no hay respuesta que me contente.

Ya no se trata de aprendizaje; hay millones de maneras de volver a hacerlo todo mal. No hay una regla general para el amor, para fortuna o no nuestra, no la hay. Quizá lo mejor es estar a la deriva como Orfeo y Eurídice mientras caminan, tal vez esa vida no está tan mal. Al menos ellos están seguros de su actuar, seguros y a salvo, hasta que Orfeo decide salir de ahí y voltear. No tengo una solución, no sé cómo conservar, cómo no desear más, cómo escapar a la maldición y perderlo todo. Es más complicado amar que no amar, eso me queda claro. Es mentira eso de que el amor es suficiente. Nada es suficiente. No importa todo lo que uno haga, lo que se desviva o lo que invierta, siempre se va a terminar. Así se quede uno acatando las reglas, la tentación existe y el voltear hacia Eurídice se manifiesta en miles maneras. Caminando los dos, es inevitable, uno o el otro se va a volver a enamorar, tarde o temprano, el hecho de que siempre volvemos a amar no es una sentencia que nos dé, necesariamente, esperanza.

Un hecho importante es que, para muchos, conseguir “todo lo que quieres” nunca es en realidad “todo lo que quieres”, siempre se desea más y de tanto, aquello que se supone que se anhela, por lo que se supone que se está dejando la vida, desaparece. Entonces regreso a la incompletitud, al amor imposible y a la sentencia: nada es suficiente y por eso se pierde todo, sin remedio.          

Music on: Stubborn love - The Lumineers
Quote: "Nunca como a tu lado fui de piedra". Rosario Castellanos
Reading: Diario invento - Francisco Hernández

domingo, 23 de febrero de 2014

¿Por qué Girondo?



Pasé poco más de dos años de mi vida dedicada a una investigación que muy seguramente nadie leerá, 150 páginas que se quedarán en un estante de biblioteca para llenarse de polvo. Así es esto de la vida académica, supongo, un montón de horas de dolores de cabeza y la muy tenue esperanza de poder decir algo que valga la pena. En mi examen profesional, experiencia que ha sido hasta el momento la más difícil de mi vida, un amable profesor, sin mayor saña ni mala leche, preguntó por qué consideraba que mi investigación era importante, por qué esto que yo decía aportaba algo al conocimiento en torno a Oliverio Girondo. Por supuesto que en ese momento mi estrés y mi hartazgo no me dejaron contestar. Acaso dije una tontería que se sumó a las mil tonterías que ya llevaba diciendo, tonterías que evidenciaron mi poca capacidad para sostenerme ante los juicios de tres académicos mucho más inteligentes y preparados que yo. Pero, en realidad, hay una razón muy sencilla, una respuesta que ahora daría, la cual no tiene nada que ver con teorías literarias ni con poéticas, sino con la existencia misma.


Resulta que Girondo es, sencillamente, un poeta de la vida. Esa es la razón por la cual resultó importante para mí y es el punto de partida y, al mismo tiempo, la culminación de esa tremenda investigación de años, algo así de simple. La cosa es que no me interesaba decir lo que ya se había dicho, que Girondo era vanguardista, que rompió con el cánon al ubicarse dentro del selecto grupo que marcó el inicio de la nueva era artística en latinoamérica; claro que lo dije, pues, pero esa no era la función primordial. Para mí, era innegable que las coincidencias entre Girondo y el espíritu existencialista de Albert Camus no eran, en realidad, coincidencias. Y porque nada es casualidad, valía la pena justo indagar en eso, en las conexiones sutiles o no que llevaron a Girondo a escribir una de sus mejores obras: Persuasión de los días, en el mismo año en que Camus escribió, también, una de sus mejores obras: El mito de Sísifo, 1942.


Y aquí es donde parte la justificación: la vida. Mis sinodales me dijeron que yo no había entendido nada de Camus, ni tampoco de Nietzsche y que estaba mezclando arbitrariamente conceptos como "vitalismo", "nihilismo" y "existencialismo"; a la fecha, y en mi defensa, puedo decir que yo jamás utilicé al nihilismo como base de nada en la investigación, y que expliqué precisa y exactamente qué estaba entendiendo por "vitalismo" así como qué parte de la filosofía existencialista estaba sosteniendo mis argumentos. Así es la academia, insisto, hay que explicarlo todo, y lo que parece más obvio hay que explicarlo todavía mejor. Finalmente, a mí me interesaba la actitud de alegría que Girondo retomaba en toda su obra, la misma que retomaba Sísifo, tal como lo explicaba Camus en su famosísimo ensayo. 


La cosa es, en realidad, bastante sencilla y mi trabajo de investigación se encargaba de justificar, poco a poco y con mucho detalle, por qué mi propuesta era sostenible. Fracasé rotundamente, sin embargo sigo pensando que la cosa es igual de sencilla e igual de perceptible. Camus escribe que Sísifo, al realizar día a día el castigo de subir la piedra hasta el final de la montaña, sabiendo que no hay escapatoria, que no puede ser otra cosa que su castigo mismo, encuentra una manera de alegrarse dentro de su miseria, de trascenderla incluso hasta llegar a alcanzar una actitud feliz. Así lo dice Camus con todas sus palabras: "hay que imaginar a Sísifo feliz", y de esta actitud se desprende toda una cosmogonía y postura frente al mundo. Así como Sísifo, Girondo encuentra la manera de ser feliz. No es que el mundo deje de ser terrible y por eso encuentren esa manera de ser felices, sino que, a pesar de que el mundo es terrible, son felices.


Me gusta todo tipo de poesía, es verdad que disfruto el dolor y el sufrimiento y me parece sublime que la palabra sea capaz de hundirme hasta que siento que ya no puedo tocar más fondo. Sin embargo, es aún más loable encontrar que en la poesía sigue presente la vida, a pesar de tantas tentativas de muerte. Girondo lo asegura en varios momentos de su obra mediante distintos mecanismos de forma y de fondo, se vale de alegorías, del humor y de recursos que comprenden las metáforas, las prosopopeyas, las escisiones del yo poético, la jitanjáfora y la innovación lingüística. Y en todos sus momentos hay una apuesta por la vida, siempre. Aunque existan momentos de oscuridad y angustia, en su poesía triunfa la vida por encima de todo, Girondo encuentra que dentro del absurdo de la existencia siempre es posible hallar una redención y una manera de superar todo lo que impida ser feliz. Creo que, para no hacer el cuento largo, esta actitud se aprecia con nitidez en el poema que abre Persuasión de los días, titulado "Vuelo sin orillas", el cual trata de una evasión que busca reafirmarse a través del deseo de vivir.


Abandoné las sombras,
las espesas paredes,
los ruidos familiares,
la amistad de los libros,
el tabaco, las plumas,
los secos cielorrasos;
para salir volando,
desesperadamente.

Abajo: en la penumbra,
las amargas cornisas,
las calles desoladas,
los faroles sonámbulos,
las muertas chimeneas
los rumores cansados,
desesperadamente.

Ya todo era silencio,
simuladas catástrofes,
grandes charcos de sombra,
aguaceros, relámpagos,
vagabundos islotes
de inestable riberas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Un resplandor desnudo,
una luz calcinante
se interpuso en mi ruta,
me fascinó de muerte,
pero logré evadirme
de su letal influjo,
para seguir volando,
desesperadamente.

Todavía el destino
de mundos fenecidos,
desorientó mi vuelo
-de sideral constancia-
con sus vanas parábolas
y sus aureolas falsas;
pero seguí volando,
desesperadamente.

Me oprimía lo flúido,
la limpidez maciza,
el vacío escarchado,
la inaudible distancia,
la oquedad insonora,
el reposo asfixiante;
pero seguía volando,
desesperadamente.

Ya no existía nada,
la nada estaba ausente;
ni oscuridad, ni lumbre,
-ni unas manos celestes-
ni vida, ni destino,
ni misterio, ni muerte;
pero seguía volando,
desesperadamente.


Curiosamente, ese libro culmina con una plena gratitud. Cuando Sísifo es capaz de, en palabras de Camus, "ser dueño de su roca", es posible la felicidad. Cuando Girondo agradece a todo lo existente, por mínimo o desagradable que sea, está logrando también ese grado de felicidad trascendente. El poema titulado "Gratitud" dice:

Gracias aroma 
azul, 
fogata 
encelo. 
Gracias pelo 
caballo 
mandarino. 
Gracias pudor 
turquesa 
embrujo 
vela, 
llamarada 
quietud 
azar 
delirio. 
Gracias a los racimos 
a la tarde, 
a la sed 
al fervor 
a las arrugas, 
al silencio 
a los senos 
a la noche, 
a la danza 
a la lumbre 
a la espesura. 
Muchas gracias al humo 
a los microbios, 
al despertar 
al cuerno 
a la belleza, 
a la esponja 
a la duda 
a la semilla 
a la sangre 
a los toros 
a la siesta. 
Gracias por la ebriedad, 
por la vagancia, 
por el aire 
la piel 
las alamedas, 
por el absurdo de hoy 
y de mañana, 
desazón 
avidez 
calma 
alegría, 
nostalgia 
desamor 
ceniza 
llanto. 
Gracias a lo que nace, 
a lo que muere, 
a las uñas 
las alas 
las hormigas, 
los reflejos 
el viento 
la rompiente, 
el olvido 
los granos 
la locura. 
Muchas gracias gusano. 
Gracias huevo. 
Gracias fango, 
sonido. 
Gracias piedra. 
Muchas gracias por todo. 
Muchas gracias. 
Oliverio Girondo, 
agradecido.


La cuestión con Girondo, que considero lo hace ser grande entre los grandes, es precisamente esa actitud. No es escapar del mundo nada más, escapar cualquiera podría hacerlo; o bien, renunciar a la vida por ser ésta demasiado difícil o pesada o terrible. Para Girondo, el secreto de la existencia no está en el escape o la evasión sino en la consciencia de la insensatez y horror del mundo, consciencia que, lejos de llevarlo al abandono, le reafirma su interés por seguir existiendo, en y a pesar del mundo. Esa actitud, aunque mis sinodales no lo vieron, es la actitud del Sísifo de Camus y es una actitud que no sólo puede verse en la poesía o en la literatura o en el arte, sino en la vida misma.

Mis traumas y obsesiones con el tema de la renuncia y de lo terrible del mundo se resolverían siendo como estos dos rebeldes que lograron ser felices, por eso Girondo, por eso la vida, porque es más sencillo hundirse en el fango y no luchar, es más sencillo renunciar a todo (yo misma renunciaría a todo) antes que dedicarse no a luchar contra corriente, sino a trascender la realidad y superarla. Pienso, por ejemplo, en Muerte sin fin, de Gorostiza, uno de los grandes poemas escritos en español, del cual no pongo en duda su poeticidad ni trascendencia literaria; sin embargo, como su nombre lo indica, se trata, de fondo, de una agonía interminable, que el poeta quiere ensalzar y donde quiere permanecer; pienso en morir sin fin, en el estado de suspensión dolorosa para toda la existencia y entiendo perfecto el sentido pero también sé que deja de lado por completo la lucha, la vida, en la manera en que lo hace Girondo. 

Así que, por eso Girondo, él es un vitalista, o así lo entiendo yo, aunque me digan que no uso el término como debería hacerlo. Por eso él, por eso la locura exquisita de En la masmédula, por eso el absurdo divertidísimo de Espantapájaros, por eso la realidad tergiversada de Veinte poemas para ser leídos en el tranvía. Por eso, más allá de la poesía, por la vida, aunque, por cierto, para Girondo, vida y poesía eran sinónimos y por lo tanto una cosa no podía ser separada de la otra. Por eso también Girondo. 



Music on: Everybodu knows - Avalanche city
Quote: "las mejores son las cosas que nunca se poseen del todo" Manuel Pérez Petit
Reading: El mono gramático - Octavio Paz

miércoles, 29 de enero de 2014

¿Y si todo fuera renuncia?


El poeta Marco Fonz escribió un último poema antes de suicidarse con toda la intención de que, en efecto, fuese el último. El título es: “Estudio no.1 de cráneo con luna llena”. He estado pensando mucho en los poetas que deciden irse antes de tiempo o que, más bien, deciden funcionar bajo su propio tiempo y sus propias reglas, dejando atrás al mundo, definitivamente. Fonz escribe en ese poema unos versos que me resultan fascinantes:

"Todo existe porque se aleja / alguna ola humana
algún vocablo lunático con su melena romántica
alguna mujer con su luz propia sobre el papel de sus símbolos".

Es decir, que uno existe en tanto se va alejando, alejando de este mundo, quizá. Kafka ya había establecido que el mundo en sí era una suerte de tratado inverosímil y absurdo frente al cual no se puede luchar y ganar, habría que asumirnos como un insecto asqueroso y ver que este hecho no inmuta a nadie, y seguir viviendo. Y me dirán que no es verdad que la muerte no inmute a nadie, y tendrán razón, pero la mano de aquel que renuncia tiene otras miradas para su propio destino, pues ha decidido no acostumbrarse a ser ese insecto que habita un mundo inmutable; aquel que renuncia desea ser algo que la realidad no le permite y entonces, opta por una existencia que es tal sólo en tanto se aleja. Fonz lanza en ese mismo poema la sentencia ¿y si todo fuera renuncia? Y aunque no contesta abiertamente en el poema sí lo hizo con su vida. Renunció.

Han habido otros grandes poetas, verdaderamente grandes, sabios y geniales que se han visto seducidos por la muerte, y no sólo seducidos sino totalmente encantados. Xavier Villaurrutia fue partícipe, toda su vida, por ese encanto, hasta que sucumbió a él. El poeta afirmaba tener a la muerte dentro de sí, como una semilla que le crecía y con la cual había aprendido a existir. Es ya sabido que Villaurrutia trató a la muerte en casi toda su obra —no es casualidad que su obra cumbre se llame Nostalgia de la muerte—, en ella se aprecia cómo el autor vivió escondido entre la sigilosa sombra nocturna y el intersticio, el poeta que siempre coqueteando con la muerte, renunció a la vida, con su propia mano.

Reza un proverbio persa que “la renuncia es la verdadera corona”. Renunciar a la vida es la más grande renuncia de todas. Parece que existen ciertas almas suprasensibles o extremadamente alertas que aunque al igual que todos entienden que la gravidez del mundo será algo que nunca podrán superar, no logran satisfacerse con eso. Alejandra Pizarnik también optó por la renuncia, ingirió barbitúricos en la primera oportunidad que tuvo de salir del hospital psiquiátrico. Virginia Woolf es otro caso, y ella, para asegurarse de tener éxito en esta misión se metió piedras en los bolsillos para que le fuese imposible salir a flote. Ejemplos hay más pero de momento no hace falta ahondar en ellos.

Regresando al poema de Fonz, creo que no pudo haber encontrado mejores palabras para terminar ese poema, pues es una declaración por lo fascinante y poderosa que es la muerte: “aquel fosforescente cráneo / que competía con su leve rumor de encanto / con la más fugaz y alta luna llena”. El cráneo, tomado como metonimia, fue finalmente más grande que la luna y si puede serlo, también puede ser más grande que la vida. Una vez más ¿y si todo fuera renuncia? No es que trate de dar razones concretas para sus suicidios, seguro me equivoco. Pero la manera que tengo de explicarlos es esa: la necesidad de renunciar completa y totalmente a una existencia que les resulta demasiado pesada y abrumadora. Llego a esa conclusión un poco a partir de una conversación que tuve recientemente con un amigo, él me dijo algo tan seco y directo como: “El mundo va a ser feo. Acostúmbrate.” Y luego: “No es falta de decisión, es apechugar.” Quizá simplemente ellos decidieron no “apechugar” y optaron por la última renuncia.

Siempre he sostenido que se requiere más valor para renunciar que para continuar, puesto que esta renuncia lo engloba todo. Uno puede renunciar a un montón de cosas pequeñitas sin mayores consecuencias, se renuncia a pintarse el pelo, a algún trabajo, a ciertas formas de vida; se renuncia a terminar una carrera o a estar en una relación. Y para todas esas pequeñas renuncias, la gente tendrá una buena cara que ofrecer y entenderá que debemos renunciar un poco, a ciertas cosas. Si uno renuncia a comer carbohidratos porque quiere adelgazar, la gente lo verá bien, o si renuncia a ir al gimnasio porque prefiere aceptarse como es, también lo verá bien, en general. Incluso cuando uno renuncia a tener una relación tortuosa con alguien, con mayor seguridad y aprobación la gente dirá que qué bueno que lo hizo, que era lo mejor para estar bien. Pero renunciar de manera global es incomprensible y no es exaltable. Qué tal si la vida misma provoca mayor desazón y mayor tortura que ese último ejemplo, el de una relación amorosa fracasada, qué tal si uno encuentra que toda la existencia, en todas sus formas y particularidades no ofrece nada que valga la pena de nada. Ahí viene la renuncia.

A pesar de todo creo, como Camus, que la renuncia implica perder el juego, mas no por eso me parece menos loable querer perderlo. Perder está muy desvalorado, perder podría significar, en algunos casos, ganar. Sin embargo, todavía creo, todavía lucho en contra de todo lo que existe para seguir existiendo. Es verdad que me duele demasiado el mundo, pero carezco de valor para renunciar a él porque me invade una tremenda y estúpida esperanza que me hace pensar que yo sola podré vencerlo, que debería triunfar ante la porquería, en lugar de luchar absurdamente contra ella. Pero qué pasará conmigo si un día me canso, si no puedo, finalmente y como hace la mayoría, conformarme, como me dice mi amigo: “apechugar”. Temo un poco el día en que me canse y tampoco quiera apechugar. Temo el día en que de pronto me convierta en una mujer valiente cuya única valentía se concentre en no querer soportar el mundo, porque ese día no me va a ser suficiente la fuga hacia lugares o personas o situaciones, como suelo hacer todos los días, y quizá en ese momento, cuando el mundo me aplaste por completo voy a optar por la renuncia y pensaré conscientemente: ¿y si todo fuera renuncia? Existiré sólo en medida en que me alejo. La renuncia, hay que pensarlo así, será la verdadera corona.

Music on: Gravity - Coldplay
Quote: "La resignación es un suicidio cotidiano" Honoré de Balzac
Reading: La infancia de Jesús - J. M. Coetzee

jueves, 23 de enero de 2014

Weltschmerz

El otro día pesqué por casualidad en facebook esta imagen/frase, del tipo que abundan. Estaba en el muro de alguien y venía de un sitio llamado: “Vida y Armonía. Centro terapéutico”.


El sentido de la frase, seguramente, debería ser alentador, es decir, viene de un lugar que se compromete con la armonía y la terapia para el buen vivir, debería ser algo para ser feliz, algo tranquilizador, pero, contrario a eso, me quedé pensando en lo patética que es, verdaderamente, nuestra existencia, nuestra condición de “tener que aceptar”, de existir donde te aconsejan que luchar un poco a contra corriente parece ser terrible. En serio ¿tenemos que aceptar las situaciones así como así? ¿Tenemos que resignarnos a que el mundo es una mierda? ¿Acaso hay algo tan espantoso en compadecernos por nosotros mismos y querer sufrir porque las cosas no son como nosotros queremos que sean? ¿Es tan malo tener pensamientos al respecto y estar en desacuerdo con la situación? No pienso ahondar en más ejemplos específicos porque creo que de esto está lleno todo el comportamiento humano, ya sea enfocado a nuestras familias, nuestras amistades, relaciones de pareja, ambiciones, sueños, y demás cosas que nos conforman.

El mundo es bastante desagradable, por más que queramos idealizarlo. Hay un término en alemán,  bastante curioso y muy difícil de traducir al menos al español: “Weltschmerz”. El diccionario Pons lo traduce pobremente como “melancolía”, pero en realidad trata de significar un peculiar dolor por el mundo, como lo dice literalmente, se trata de una suerte de dolor por la insuficiencia del mundo en comparación con la propia voluntad y las propias exigencias. Muchas veces experimento esa sensación, de que el mundo duele. Y quizá sí, uno sufre porque no acepta, porque el pensamiento quiere cosas mejores, pero entonces ¿el mejor consejo que se nos pudo haber ocurrido es, simplemente, aceptar que el mundo es así y ya? Quizá soy una idealista de lo peor, pero sí me parece desagradable que la existencia sea tan terrible, tan asquerosa. Somos un puñado de hipócritas que van por la vida pregonando que existen mejores cosas, pero ni siquiera nosotros mismos nos las creemos y entonces terminamos pregonando cosas como que la aceptación de las situaciones es la mejor manera para estar bien. Qué mediocre suena eso.

En un fragmento de uno de sus textos menores: Preparativos de boda en el campo, Kafka demuestra un gran sentimiento de inadaptación y zozobra por el mundo en general, afirma estar totalmente solo, sin ningún asidero de ningún tipo. Escribe:

"Yo no he aportado  -que yo sepa- nada de las cualidades exigidas por la vida, no he aportado más que la general y humana debilidad, merced a la cual he absorbido vigorosamente –a este respecto de una fuerza inmensa- el elemento negativo de mi tiempo, un tiempo que está muy cerca de mí, que no tengo derecho a combatir, pero que puedo, hasta cierto punto, representar."

Este estado, totalmente existencialista, ubica a Kafka como un testigo de la tragedia del mundo. El escritor se veía a sí mismo como un ser acusado y condenado y escribía un registro exhaustivo de los múltiples desengaños, de una vida en completa bancarrota. Kafka, sintiéndose extranjero en su propia familia y en su propio tiempo, sigue viviendo en un mundo que lo desconcierta. Leyendo algunos de los estudios sobre la obra de Kafka, encontré una mención bastante lúcida en el libro de Marcos Suances, El irracionalismo, esta mención explicaba el arte de Kafka mediante lo que le sucede a Gregorio Samsa: “en un principio, evita vivir trágicamente la absurda transformación y trata de ordenar lo sucedido con una patética buena voluntad, confía en que lo terrible se vuelva normal”.

Creo que esa mención no es sólo una manera de entender la obra de Kafka sino una buena ventana para entender nuestra propia existencia. Es cierto que al principio estamos luchando contra corriente, creyendo que existen cosas mejores, más elevados ideales, otras maneras de existir; pero tarde o temprano, aunque no nos estemos convirtiendo literalmente en un bicho desagradable y asqueroso, sufrimos una transformación interna que nos dice que a pesar de que queramos reordenar el caos del mundo, creer ilusiones, incluso comprarnos la idea de que somos buenas personas, no podremos y que finalmente tendremos que confiar en que esa parte tan terrible que es el mundo en sí, debe formar parte da la normalidad, nuestra normalidad. Es decir, que aceptaremos todas las situaciones sin luchar más por ellas. Insisto, qué mediocres.

No puedo evitar recordar una vez más a Sísifo y esa loable actitud de ser feliz a pesar de todo, —entiéndase a pesar de que la propia familia te retire el habla, a pesar de que el tipo al que amas te pone el cuerno, a pesar de que por más que te esfuerces no vas a lograr lo que quieres, a pesar de que tu vida sea mediocre y sólo vivas en un pastiche, a pesar de que uno mismo es también bastante desagradable— y una parte de mí quiere ser egoísta totalmente y dejar de poner las esperanzas en cursilerías de cambios, en creencias de que no somos tan deplorables. Pero fracaso y me duele el fracaso y la verdad, sigo luchando un poco a contra corriente creyendo cosas imposibles y no me resigno a aceptar así como así, aunque duela. Sísifo es loable y sabe que aunque el mundo se esté viniendo a pedazos y aunque sepa que si acaso logra burlar por unos momentos el castigo, siempre tendrá que regresar a su miseria. Así es nuestra vida y para dejar de sufrir deberíamos aceptarla.

Hace no mucho tiempo un amigo notó que yo gozo el dolor. Tenía razón, sufro siempre antes  de tener que aceptar que el mundo es tan terrible, lo sufro y de tanto hacerlo he encontrarlo un cierto placer en ello; quisiera poder aceptarlo con más sencillez, debería mejor acostumbrarme, pero no puedo. Sé que Sísifo es el epítome de un cierto tipo de rebeldía que se jacta de triunfar entre lo inamovible, él es más grande que su propia porquería y es grande porque ha aceptado que el mundo es así de terrible y puede seguir siendo feliz. Ah, aceptar, ¿cómo aceptar? Quisiera ser así, que no me importara el mundo, pero no dejo de cuestionarme, ¿esa es la felicidad? ¿en serio? Pues Camus lo apunta categóricamente: “hay que imaginarnos a Sísifo feliz” ¿no nos queda sino aceptar que no podremos escapar de la porquería y sabernos esclavos de un determinismo inalterable? ¿debemos, como dice Kafka, confiar en que lo terrible se vuelva normal, así como así? 

Pues sí, o sea, sí, no estoy en negación, entiendo perfecto que la respuesta es sí, sin duda, pero no porque conozca la respuesta me encuentro muy satisfecha con ella: ¿cómo podemos satisfacernos sabiendo que somos tan pero tan desagradables, miserables y asquerosos? Pues así. Y qué terrible.

  

Music on: Stop crying your heart out
Quote: "Estás en algún punto entre el deseo y la desilusión, en el largo descenso hacia la muerte." Philip Roth
Reading: Engaño - Philip Roth

sábado, 28 de diciembre de 2013

No visitaré el reino esta mañana


Homenaje a Francisco Hernández

No visitaré el reino esta mañana ni pasado mañana y tal vez nunca. Mi corazón está hundido en lo más abismal de los mares de la tristeza. La palabra nunca me alcanzará para decirlo todo, el lenguaje siempre mentirá por mí, pero como sea debo intentarlo. No buscaré mis pasos por el solar sombrío ni escucharé a los cuervos picotear esmeraldas alrededor del foso. Hago un réquiem a través de alas rotas, dedicado a lo perdido, a la realidad más pura. Soy nada a tu lado, te miro y recuerdo cómo mi ingenua alma quería pasar el resto de los días junto a ti. No seguiré el curso del torrente con la bandera en alto ni ensartaré a los peces de vísceras hinchadas que llegan a la orilla. Seré testigo impávido de cómo tus besos son de otra, para otra, con la que haces todo lo que quería que hicieras conmigo. La desolación nunca fue más pesada. Como una herida que no cierra, sobrevive luminosa la duda, nunca poder saber si acaso, de haber actuado de otra manera, las cosas hubiesen sido distintas, o si tal vez sólo fue mi propia estupidez que no quiso ver las señales de catástrofe generadas hace meses. La duda, la duda es una gotera ácida traspasándome el pecho. No estaré para levantar la tienda bajo la vibración de las colmenas ni mi corazón será turbado por la memoria de tu cuerpo desnudo. Y no sabré nunca qué estuvo mal, o si yo estuve mal. Allá, en el reino, otras manos amasarán la lluvia con la ceniza que llena el sayo de los muertos. Seré un ser para el abandono y sabré, todos los días hasta mi muerte, que miras hacia lados tan distintos, que sientes cosas tan diferentes a mí. Me entregaré a andar ese camino de espinas con la estúpida esperanza de poder llegar a ver otra luz, a dejar de sentir, a trascender (aunque no a vencer o eliminar) el dolor. Allá se harán pedazos los íconos, uñas ajenas adormecerán los muslos de las parturientas y las mejillas de los niños serán pasto de esos pequeños monstruos que vuelan en parejas, conducidos por un ejército de piojos. No volveré a tocarte. Tu nombre ya no pronunciaré. Nada, nada qué decir que me salve, nada que llorar que me limpie. No tengo ya nada sino el maldito recuerdo, Aquí, sobre la espalda de un combatiente que agoniza, acepto la derrota y esta imbécil nostalgia por el reino.

Music on: Aevin Endar - Jónsi
Quote: "El tiempo, eso que yo conozco como tiempo, se mide con tu ausencia". Francisco Hernández
Reading: Engaño - Philip Roth