domingo, 2 de diciembre de 2012

El placer de la nulidad



Pocas veces las clases universitarias hacen tanto sentido en la vida, pocas veces las lecturas son realmente reveladoras, pocas veces uno aprende tanto en tan pocos minutos. Pero pasa. He traído en la cabeza el mismo discurso, ya no amoroso necesariamente, pero sí de relaciones interpersonales. En mi defensa puedo decir que en soledad y lejos de las rutinas y los lugares acostumbrados por años he aprendido muchas cosas, he tenido momentos de nulidad, de sueños y contrasueños, de revelaciones silenciosas y sobre todo de crecimiento en distintos niveles.

Lágrimas he derramado a lo largo de mi vida por la tragedia de que nunca recibo de la gente lo que espero de ella o porque nunca sucede lo que me gustaría que sucediera. Pero he aprendido y sigo aprendiendo. He aprendido por un lado, a soltar a la gente hacia la libertad, y por otro, que uno no puede esperar que las personas cambien porque uno lo quiera, ni siquiera porque uno se los pida. Son obviedades, pero en verdad son cosas que dan mucho trabajo de entender plenamente y es todavía más difícil aplicarlo a la vida. Yo, por el momento, estoy en ese camino del aprendizaje y hasta hoy estoy bien.

Me he dado cuenta de que las relaciones afectivas pueden tornarse pesadillezcas. En mi experiencia no sólo con las relaciones de pareja. En los últimos meses he padecido un descentramiento total a causa de la amistad, así que no es exclusivo, aunque sí más frecuente, que sea el amor no correspondido, trágico y sufrido el que venga a ocasionar las crisis. Pero en realidad la cosa podría ser bien simple. La clave, creo, es mantenerse fiel a uno mismo y entender que no hay vacíos que otras personas puedan llenar si uno no es capaz de llenarlos primero. No digo que la gente debe estar condenada a una vida de soledad y declarada misantropía, para nada. Sólo digo que no es una buena idea montar las esperanzas en la otredad y que la completitud debe alcanzarse por uno mismo a través de las cosas que a uno le gustan en sí.

Además, muy importante en este aprendizaje de las relaciones, es saber soltar. Así fue que después de una clase muy bizarra sobre Roland Barthes aprendí a gozar la nulidad, la anulación del otro y la libertad de ambos. La cosa va más o menos así: uno tiene que aprender a no querer agarrar al otro y entender que esto es una apuesta no por la renuncia, sino por la libertad. Alcanzar la nulidad, para Barthes, es un estado de placer, esta nulidad aparece cuando mi persona es capaz de soltar al otro. Mas en este soltar, muy importante, no existe el sacrificio. Es decir, no es que yo deje al otro en libertad y yo sufra sabiéndolo lejos de mí. Al soltarlo también se suelta el sacrificio. Así  yo entiendo que si bien puedo amar al otro, y que en el amor no hay nada de trágico, amo algo más grande, más trascendental que el otro, es decir, yo amo la libertad de ambos. La renuncia al sacrificio de la renuncia es sensata y está apoyada en ese deseo más grande y sólo de esta manera es posible gozar la anulación del otro, y todos felices.

Es complejo en la práctica, lo sé. Pero bueno, si uno tiene problemas para soltar y no se atreve a optar por la libertad, habría que hacerse la pregunta fundamental: ¿me quedo o me voy? Y si uno se queda, se queda bien, acepta y ama al otro como es, sin tragedias, ni dramas, ni berrinches, ni expectativas. Y si se va, también, sin tragedias, ni dramas, ni berrinches, ni expectativas. La cosa no debiera ser tan complicada. Hay que soltar y si uno no puede soltar, ya habrá otro incauto que quiera agarrar por siempre y que ante ese acto se pierda la libertad y uno termine creyendo que la libertad del otro es un sacrificio personal terrible.

Debiera se sencillo, creo. Ahora que llegar ahí es casi budista y honestamente, bastante complicado en la práctica. Yo lo estoy intentando. No puedo dejar de amar, así soy, pero estoy aprendiendo a dejar al amor por debajo, para que cuestiones más trascendentales, duraderas y sobre todo personales me lleven a conseguir mi estado de placer. 


Music on: Hometown Waltz - Rufus Wainwright
Quote: "Lo poco y nada que lo quiero, tú no lo traes nunca, / debido a esa carencia aspiro a tanto". Henri Michaux
Reading: El imperio de las flores - Severino Salazar

sábado, 20 de octubre de 2012

Otra vez el amor.


"No se ilusione: Amar es dirigir, en medio de un campo de batalla, 
un coro dulce que canta a la derrota." Alejandro Páez Varela.


A punta de observación, y de regresar a leer a mis poetas preferidos, los que hablan del amor y no lo ensalzan hacia la eternidad, pude anclar de nuevo los pies a la tierra. Y es que me encanta volar. Olvido los errores y suelo hacer de cuenta que después de una palabra linda habrá una eternidad. Y lloro todavía porque la realidad es real, porque no se puede rescatar amor en una fotografía tomada hace meses o en una palabra dicha hace todavía más.

Es la misma historia. Mi problema es que tengo una muy caprichosa memoria selectiva. Pero afortunadamente llega un punto, raro y difícil de encapsular, en el que uno puede verlo todo desde otra perspectiva.

Ya estoy cansada de los mismos altibajos de siempre, de sentirme alegre y hasta arriba de la montaña rusa para inmediatamente después llorar por una carencia estúpida que me desmorona hasta niveles inverosímiles. A veces sólo quisiera que las mentiras fueran ciertas, quisiera tener una bonita relación de pareja, estable, única, entregada, eterna; pero esas cosas no existen. En mi experiencia, la gente anhela cosas que no existen porque cree que las ha visto en otro lado, porque hay quienes lo aparentan a la perfección: parejitas que han estado juntas por años y que según indica la cosa, nunca han tenido ninguna dificultad. No soy tan idiota, sé que no es cierto, pero la apariencia y el bendito mundo del simulacro es a veces mucho más grande que la realidad. Y yo me compro lo que sea, de manera impulsiva en varias ocasiones. Entonces vuelo y quiero todo eso, la cursilería que con el tiempo se convierte en más cursilería, las palabras que creo siguen trascendiendo a través del tiempo. O yo qué sé… las tonterías se manifiestan de muchas formas.

Pero a veces también logro ser realista. Me hago declaraciones categóricas como que: “todas las cosas hermosas que hace sentir el amor son tan efímeras que no valen la pena frente a las cosas terribles y dolorosas que el desamor desata”; y entonces me convenzo a punta de muchísima voluntad de que el amor de pareja (lo que sea que eso signifique) no es, viendo el panorama completo, algo tan emocionante ni tan indispensable ni tan lindo. Me repito a mí misma, como un mantra, que el amor es a mí lo que cualquier droga es para un drogadicto en recuperación, una sustancia que hace sentir bien a ratos pero que al final destruye. Me repito entonces que lo bueno que le pueda hallar al amor nunca es más que lo malo y que dado que soy una romántica irremediable, una compradora compulsiva de ilusiones, mejor me saldrá alejarme de él, así como buen drogadicto en terapia al que le dicen que debe alejarse de las sustancias para que pueda conservar su vida.

Y es bien difícil. Pero tengo varios mantras guardados en forma de poemas que escribe la gente que sí sabe escribir, sobre haber sido destrozada por la consecuencia. Tales cosas me funcionan como el ejercicio espiritual de San Ignacio de Loyola, es decir, imaginarse en el infierno, recurrir a la consecuencia maligna y desgraciada con el objeto de permanecer en el lado del bien.

Y siempre es bueno preguntarse: ¿Quién va a querer estar sufriendo gratis? ¿Por qué habría yo de necesitar legitimarme a través de una persona? ¿Por qué tendría yo que reconstruir mi vida después de que el amor, sea mucho o poco, se acabe y todas las cosas ligadas a ese amor, cosas que existían antes de él, ahora me duelan por la consecuencia?

No, basta de todo eso. Voy a dedicarme a mí. Regaré mis plantas y conservaré lindo mi jardín (metáfora, claro) en lugar de esperar que otros me regalen las flores. Iré a hacer cosas yo sola, sin ligarles elementos exteriores más importantes que yo misma. Tomaré lo mejor de la gente que me rodea, de la que aún puedo aprender cosas, disfrutar, pasarla bien, pero sin dejar de ser yo. Porque es una verdad universal que cuando uno ama se entrega, va dando y dando, con la creencia falsa de que mientras da también gana, sin darse cuenta de que pierde; uno cede cosas mínimas al principio, hasta que después de un tiempo considerable ve cómo ya ha empeñado sus noches, sus fines de semana, sus lugares especiales, sus actividades, sus cosas, sus pensamientos, etc.

Así es como es. Y no hay que culpar a nadie, creo que ni siquiera me debo culpar a mí misma. Agradezco haberme dado cuenta, agradezco mucho a la persona más desagradable e inteligente que conozco, el haberme enseñado (sin querer, a base del ejemplo), cómo no deben de hacerse las cosas, cómo no debe uno tirarse a la vereda a sufrir y quebrarse el seso por estas cosas raras. Agradezco que indirectamente me haya demostrado cómo es esto, para que yo lo viera después con más claridad. Y como Borges, una vez más, le huyo al amor, por miedo a que me destroce (y no me avergüenza el miedo, que es, como dijera Hobbes, la única pasión de la vida). Ahora sólo ruego ser lo suficientemente fuerte como para no ceder otra vez ante los encantos que aparenta, ante las palabras hermosas sobre las cuales dan ganas de erigir monumentos, ante los mensajes o las llamadas que parecen haberse hecho para sostener el mundo entero, ante tantas y tantas cosas más.

Y seguir.



Music on: Brahms - Symphony 3
Quote: "El amor es un tabique en la iglesia de los perdidos" A. Páez Varela
Reading: El placer del texto -  Roland Barthes

martes, 16 de octubre de 2012

Einsamkeit



En los  momentos más difíciles, a veces los más determinantes, es que uno se da cuenta de cuán solo se encuentra y de lo poco que le sirven las palabras para sentirse mejor. Escribió Bretón: “una aberración monstruosa hace creer a los hombres que el lenguaje ha nacido para facilitar sus relaciones mutuas” y tiene toda la razón. A veces uno no puede comunicar a través del lenguaje y aunque pudiera, siempre existe esa finísima soledad que nos separa tanto de los otros, pero tanto y al mismo tiempo tan imperceptiblemente que es difícil aprehender la magnitud de la separación, el peso de la distancia. Estamos solos, la soledad resulta a veces ineludible, parte de la metáfora muerta de que ésta se convierte en la única compañía.

Me he dado cuenta de obviedades, cosas que no había querido ver o siquiera reparar en ellas. La gente se va muriendo y al menos en mi familia no es que lleguen nuevas personas a suplir a los muertos. No soy tan vieja y ya he enterrado a varios familiares cercanos (sé de cierto que gente de mi edad no ha visto siquiera un cadáver); y resulta que nos vamos haciendo menos porque contrario a lo que he visto que sucede en otras familias, donde existe esa idea de que la gente joven va y se casa y tiene hijos (o al menos va y tiene hijos) y así la familia sigue creciendo, o sea, aunque el abuelo se muera hay el nieto que seguirá en la procreación alegre. Pero en mi familia no pasa así. La gente se muere, los jóvenes somos pocos y no nos reproducimos, ni siquiera tenemos una buena relación entre nosotros.

Hablaba al principio del lenguaje porque es necesario y porque por tantas cosas que puedo traer guardadas no me es posible realmente comunicarlas. De hecho, más allá de la posibilidad, siento que no es algo que quiera compartir así como así con la gente porque la gente tiene sus ocupaciones y siempre carece de tiempo para escuchar o servir de consuelo. Incluso me da un poco de vergüenza robar algunos minutos de su tiempo a causa de mis tonterías. A veces pienso en contratarme a un psicólogo que me escuche los traumas, al fin que para eso están, pero no, el dinero es preciado como para gastarlo en tonterías así. Entonces escribo, porque es lo único que me sale bien (y llorar en silencio, don que no todos dominan) y porque escribir es un placer hedonista y gratuito, quizá el único que se puede satisfacer en soledad.

Y regreso a la soledad. Creo que es tiempo de irme acostumbrando. La familia decrece, los pilares se tambalean, ya nada se conserva como era, a pesar de los esfuerzos por que así sea. Del amor de pareja, que tanto me puede obsesionar, no es tiempo de hablar pues está estático, inexistente, no correspondido, y ahora estoy sin hallar quién cumpla mis expectativas y sin deseos de seguir torturándome al respecto. Mas bien regreso a esa soledad mansa que ahora sé estará conmigo el resto de mi vida, del lado de lo familiar, de aquéllo que en la escuela nos enseñan como la base de toda sociedad y el principio de todo contacto humano. Sé que estaré asistiendo a más funerales que a bodas o a fiestas de cumpleaños, así es en mi familia, una sociedad de viejos que no han hecho lazos tan fuertes con lo que se suele llamar la “familia política” o “de segundos grados”. No me quejo, en realidad he aprendido a estar bien con lo que soy y lo que tengo; sólo comparto la impresión, el hecho de que uno no se da cuenta de cosas evidentes, que uno da por sentado algunas cosas sin reparar realmente en ellas. Y es sólo que me hace falta acostumbrarme a ese estado de soledad irremediable al que voy a pertenecer. Nada más.

¿Qué hacer? yo lo soluciono de la manera más simple, ponerme a escribir, en parte como terapia performativa y porque de algo ayuda decir sin decir, voltear hacia adentro del alma y dejar salir un poco porque aun ese poco es tremendo y dejarlo al ojo público y extraño ayuda bastante, porque así aliento el voyeurismo de lo que escribo, porque lo que escribo es parte de lo que soy y de esta manera puedo continuar sin haber olvidado lo que he sido en tal o cual momento. Ah, y porque la escritura es una manera de ahuyentar un poco la soledad, o al menos engañarme con ideas (yo, la eterna consumidora de ilusiones). Así la vida.


Music on: Einsemkeit -  Lacrimosa
Quote: "sueño con nuevas armonías, un arte de las palabras, más sutil y más franco, sin retórica, y que no intenta probar nada" André Gide.
Reading: Días tranquilos en Clichy - Henry Miller

sábado, 29 de septiembre de 2012

Así es...



Uno cree que hay cosas eternas, sí, de verdad lo cree. Yo que soy una compradora compulsiva de ilusiones lo sé. Hace tiempo, una excelente profesora de español dijo que eso del amor eterno era una mentira. Entonces pensé que ella era una amargada y no presté atención, yo con mis esperanzas influenciadas por todas las cosas que pinta el mundo en el verde más puro, para decirlo en términos de Sor Juana, yo tan irremediablemente ilusionada a mis escasos quince años. Cuánta razón tenía aquella mujer.

Así nos debieron de haber dicho desde niños, que no existe el príncipe azul, que los cuentos de Disney no son para creer, incluso debieron habernos dicho, sí, aunque me digan que estoy loca, que no hay tal cosa como los reyes magos, mucho menos tal aberración como un dios que cuida de uno a todo momento. Así nos debieron de haber dicho para ahorrarnos algunas decepciones.

Pero me dirán que ese aprendizaje es parte de la vida. Y supongo que es cierto. Así como es parte de la vida aprender a no creerse nada que no esté dentro de uno mismo. Ya no hablemos del amor, que es una cosa tan intangible y tan problemática que ahora no tiene cabida. Hablemos de otras cosas que uno se hace a la idea de que serán, de hecho, auténticamente, para siempre. Digamos, por ejemplo, que una amistad construida a lo largo de años no se pensaría que podría acabar así como así. Y ya sé que sucede, que no estoy descubriendo el hilo negro, que a todo mundo le pasa. Pero no porque a todo mundo le duela me va a doler a mí menos.

Hoy no tengo la más mínima intención de ser poética. Hoy dejo de lado toda la erudición de la que a veces hago gala, sólo para regresar a lo primigenio, al dolor de haber perdido gente en el camino de la existencia, gente con la cual creí que estaría por siempre, porque la amistad me parecía más elevado que el amor, menos caprichosa, más íntegra, más real, más sincera y por lo tanto con ese potencial casi casi de lo real, de que sería eterna. Pero  no. Un día te das cuenta de cómo poco a poco esa persona a la que querías tanto ya está caminando hacia otro lado, cómo la nostalgia es lo único que te tiene en vínculo con tal persona, cómo todo lo que pasa de nuevo ya no lo puedes relacionar como solías hacerlo, porque de pronto hay un vacío que ya no se puede llenar.

No pretendo explicarme al cien por ciento. Estoy tan ofuscada y estoy siendo tan sincera que no me alcanza el argumento para decir directamente lo que pasa. A veces es mejor así, desahogar un poco la pena y llorar hacia los adentros esa pérdida que no se ve y que nadie nota, pero que se siente. ¿qué hace uno cuando pierde al amigo de toda la vida? ¿qué hace uno cuando aún vivo ha decidido hacer otra vida en la que uno no está contemplado? Pues uno se aleja, es como en el amor, me voy de donde no me quieren y hago de tripas corazón, me guardo todos los recuerdos y me engaño pensando que ya se me irá olvidando, que si borro las fotos del facebook puedo hacer de cuenta que también borraré los hechos. ¿qué hace uno? Perder un amigo así duele más, creo, que perder un amor, porque el amor uno sabe que se acaba, uno cree que en cambio puede confiar en la amistad. Pero al final no hay gran diferencia.

Así que la eternidad no existe, una vez más. Y las decepciones por la realidad no terminan. Parece que no es algo que vaya a terminar. Es triste. 


Music on: Nothing song - Sigur Rós 
Quote: "imagino que el horizonte termina en mi casa" Graciela Huinao
Reading: S/Z - Roland Barthes

viernes, 7 de septiembre de 2012

Sigo aquí



Dicen los entendidos que un escritor no escribe sino la misma cosa una y otra vez, yo no sé, supongo que sí, a veces, soy así, que no me supero, que le doy cien mil novecientas cuarenta y tres vueltas a la misma cuestión, sólo para añadirle cosas que tampoco se resuelven.

Quiero pensar que mi escritura es el eterno proyecto bartheano que nunca se concluye, que cuando está a punto de llegar a la luz, se desvanece, que uno no puede realmente poseer lo que desea con toda la pasión y pureza del mundo, que esto es un intento, una simulación, pero que al mismo tiempo no se puede salir de tal cosa.

No lo sé de cierto, diría el poeta, tan sólo me contento, de vez en cuando, con echar un par de líneas en torno a las cosas que suceden, a las cosas que pienso, tratando de decir y expresar, a veces tratando de crear, y siempre con la extraña conciencia de que escribir es necesidad, aunque no diga nada, de nuevo, aunque el proyecto inasible sea todo lo que tengo.

La pretensión, no sé si sea comunicar; encuentro que en ocasiones hay quienes me leen y encuentran también algo, eso es bueno. Y aunque el cuadernito es el eterno cómplice, y a veces el  twitter, ese lugar para soledades que nadie lee ni escucha, o el facebook, que en algunos momentos de practicidad tecnológica sirve para echar un pensamiento breve, me satisface de alguna forma seguir echando ideas, proyectando eternamente, esa es la pretensión real.

La mejor parte, confieso, es cuando logro superar la autocensura y ser y escribir sin que importe nada sino sólo la persona que soy cuando lo hago y cuando me instalo en el mundo para que me vean y me hace bien. Quizá algún día, renueve este blog al que sólo llegan comentarios spam y de vez en cuando, muy de vez en cuando, de una persona real, pero sin cambiar las cosas que ya no son (que con el paso de los años, aunque no parezca, sí existen). Creo en la evolución y ahora, recientemente, en el proyecto.

Y mucho menos me despediré, como en algún momento pensé hacerlo, no, porque he entendido que las despedidas se hacen una sola vez y mejor hacerlo por las buenas y porque soy pésima para despedirme. Seguiré  hablando del amor que sé que no me corresponde, de la futilidad que invade mis pensamientos, de mi egoísmo y mis maneras irremediables de querer, de necesitar, de desear, de mi búsqueda por saber y al mismo tiempo no saber, de las máscaras, los silencios, las formas informe y el todo que siempre es fragmento y el cielo que siempre es también mar y el instante, cuando puede transformarse en eternidad.


Music on: Lo imprescindible - Shakira
Quote: "La sombra es manto, de  modo que, en el  límite, es posible concebir una luz feliz" Roland Barthes
Reading: Puerto Trakl - Jaime Luis Huenún

jueves, 2 de agosto de 2012

Como Orfeo y Eurídice




Atrás de mí está todo lo que soy, lo que me hace seguir adelante. Esta es la paradoja, el miedo, el terror de sentir que puedo abandonarlo todo por él, el terror de saber que mi manera de amar y de desprenderme de mí, por él, es tan grande que él mismo no lo podrá aceptar.

Hoy camina detrás de mí, no me toma de la mano porque también teme, no me dice las cosas que siente, porque la palabra es muy grande y él conoce la magnitud de un verbo, un sustantivo, una frase; no habla pero en sus ojos veo todo lo que siente y lo que piensa. Aún con eso sé que yo espero más y temo romper el precioso equilibrio que lo sostiene a mi espalda. Somos un par de descarriados saliendo lentamente del infierno, y yo no quiero voltear, porque mi propia luz develaría todo el poder de lo que siento y ese mismo poder sería capaz de aniquilarlo. La paradoja.

Yo quiero decirle todo mi amor, mi entrega, decirle que no duermo si él no está bien, que sueño terribles pesadillas sólo por una noche en la que no sé de su existencia, por una noche en que no me sé la dueña de sus pensamientos. Porque amar me convierte en un monstruo camino hacia adelante dejándolo atrás, como Orfeo, condenada a seguir adelante sin poderlo tocar como quiero, sin contemplar el objeto de mi deseo, mi anhelo perfecto.

Él esto todo lo que amo, lo que necesito. Por miedo estoy ahora en este castigo, me he impuesto a no voltear, porque mi fatalidad es tan grande que aquello que me antecede, mi Eurídice personal, puede desaparecer en cuanto me muestre como soy. Así  será: andaré siempre hacia adelante, sin poder voltear hacia lo que amo, para no destruirlo.


Music on: Rachmaninov - Sinfonía 2
Quote: "Amar a alguien y poco a poco ya no amarlo. El único dolor que me permito". Jorge Volpi
Reading: La hora de la estrella - Clarice Lispector

martes, 10 de julio de 2012

El vuelo




Es amar por un lapso tan breve como intenso y estar dispuesto a entregarlo todo, absolutamente todo. Es un ímpetu de vórtices comiéndose entre ellos, la omnisciencia de la mirada sobre pausas secretas y privadas, en espacios inexistentes. Alzarte sin tiempo en un borde bien delimitado, queriéndote aventar y teniendo también una fuerza que te contiene en la superficie. Así es entregarte a la guerra y la derrota del amor, sucumbir ante las nostalgias y anhelar un pasado que pudiera convertirse en un presente para luego desearlo eterno y grácil, firme y bello. Siempre alegre.

Un aleteo imperceptible a los otros pero capaz de cambiarte todo el organismo; es querer brincar y hacerlo y saber oscuramente que dudar es caer y que caer no es lo peor pues la caída no es la muerte. El descenso innombrable e ininteligible es sólo envejecer en una blancura que ciega y duele, y es amargarse de súbito por haber practicado la blasfemia de la duda. Y entonces un ápice remanente de lógica te dice que nada de esto tiene sentido, que de nada sirven, de verdad, las múltiples erudiciones de las que el ser humano hace gala, como tampoco son útiles las propiedades y bellezas del arte, las ideas o las palabras cuando estás inmerso en el abismo de la nostalgia y deseas sólo una cosa: enredarte en los brazos del otro y que el resto del universo desaparezca.

Como preguntara el dramaturgo de antaño: "Ser o no ser", habrás de apostar por el movimiento aunque estés condenado a regresar al mismo punto en que dio inicio la absurdez, al necedad, el deseo de correr y lanzarte sólo para recibir la mínima recompensa de escuchar su voz decir una palabra nimia, de tocar su mano por un parpadeo. El premio consiste en, por menos de un segundo, ser capaz de aspirar el olor familiar de su piel que entre todas has reconocido ya como propia y suya al mismo tiempo. Sólo para eso, piensas ahora, y repites el mantra: sólo para eso. Y sí, vale la pena todo el dolor y todo el llanto, toda la construcción simbólica de mundos posibles, todo el desgarre y el olvido, la dosis triplicada de nostalgia al terminar la noche y las lágrimas que se llorarán al amanecer.

Has dicho "sí" y después del "sí" es posible mantener el vuelo…



Music on: Valtari - Sigur Rós
Quote: "El poesía como en ningún otro género, el tiempo es árbitro implacable" Cristina Peri Rossi
Reading: El tambor de hojalata - Günter Grass

jueves, 14 de junio de 2012

ºº Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir ºº







Es muy difícil, digan lo que digan, simplemente querer a alguien. Por más que uno se engañe y se diga fervientemente que uno está más allá de todo eso, que tales cosas no pueden llegarle a pegar como a todos, que tal cosa no puede suceder, sucede. La barrera se rompe y cuando uno menos piensa ahí está en el abismo que causa el apego a la gente, con angustia por no saber, por deseo de saber y al mismo tiempo con la consciencia de que saberlo todo puede generar más problemas. Siempre se complica querer a alguien. Ya no digamos amar, pues es doblemente difícil. Es la cárcel, es la guerra, es la derrota.


Escribió Borges, a quien recuerdo hoy en especial por ser su aniversario luctuoso número 26, un poema llamado “El amenazado” en donde sencillamente condensa todo esto que trato de decir en un torpe balbuceo:


Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz. 

La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única. 
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras, 
la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el áspero Norte para sus mares y sus espadas, 
la serena amistad, las galerías de la Biblioteca, las cosas comunes, los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejercitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.

No hay mejor manera de decirlo. Amar es entregarse a una causa perdida, es algo tan grande y tan impenetrable que de poco valen todas las demás cosas. Yo me refugio en la poesía, dedico mis esfuerzos ya no a preguntarme por qué antes me llamaba y ahora ya no lo hace o en hacerme telarañas en la cabeza sobre si desea estar conmigo realmente, o por qué le cuesta tanto trabajo decirme que me ama, sino que ahora me concentro en leer y en tratar de escribir un poco al margen de esas cosas tan nimias y al mismo tiempo tan magnificentes, como el amor, que aunque las ponga en el margen, no dejan de trastornarme. 


Tal como lo ha dicho, señor Borges, así es: es estar en un sueño atroz. Y eso que he aprendido con el tiempo a dejar de hacer preguntas para las que no quiero la respuesta, he aprendido a quedarme en la mediocridad, a no cuestionar, a no esperar, sino simplemente a ser como yo soy y dejar que el otro sea como es y que me quiera en tanto le sea posible y ya. Yo seré la misma y el estado mediocre me ha salvado de algunas estupideces y algunas ilusiones. 


Pero siempre regreso a sentirme como el amenazado, como si el amor fuese la causa primera y última de la huida declarada, como si tuviera que salir de una cárcel de muros infinitos, en donde habita una eterna noche , donde el sueño no apacigua ningún sentimiento. Entonces trato de no pensar, de volcar mis esfuerzos una vez más hacia otras cosas, cosas que considero más trascendentales. Pero me engaño. Lo cierto es que quiero, lo cierto es que amo, con cada célula de mi ser y hay una parte, muy enterrada ya, en mí que anhela tenerlo todo, y lo peor, no es tenerlo todo con cualquier persona… es sólo un solo hombre el que me trastorna y me hace desvariar de esta manera a estas horas de la noche. Un solo nombre y un solo cuerpo del que necesito el néctar y la constancia, uno solo que es como es y no va a ser lo que yo pida. Ese del que por culpa del amor, maldito amor, me hace que me duelan los espacios que lo recuerdan, los ecos de un abrazo perdido, la luz que alguna vez compartimos, en ese instante caprichoso y desvanecido que suele conformar la percepción. 


Yo amo, señor Borges, amo y duele. Encamino mis tropas hacia la resistencia, hacia el dolor de no estar a su lado y ante la certeza. Lucho un poco, pero sé que debo perder. Me repito un mantra para quedarme en donde estoy, para alejar al amor, para confinarlo al margen, al a frontera donde no lastime. Pero fracaso. Como usted ha dicho: es el amor, habrá que ocultarse o que huir. 


 Music on: Valtari - Sigur Rós 
Quote: " y yo arrojo fuera de la noche mis últimas angustias que los pájaros cantando dispersan por el mundo" Vicente Huidobro 
Reading: El tambor de hojalata - Günter Grass