"La literatura es uno de los más tristes caminos que llevan a todas partes" André Breton
jueves, 27 de septiembre de 2007
El silencio
Mi voz callada detrás del muro de su cuarto, mi voz que ya es el muro, yo que ya soy el muro, yo sumida en el silencio de sus amantes que pasan, que lo besan y lo aman y luego desaparecen.
Aquí me veo con la luz matinal que alumbra sus ojos profundos y tristes, siempre a través del vidrio de los míos. Soy sólo el muro resultante de una pasión callada... hace mucho tiempo, apenas lo recuero, igual que ellas, yo también lo amé y creí que me amaba, (eso, que me ame o me amara, ya no importa).
Como otras, preferí el silencio y la ceguera al perdón por la idolatría de su nombre, preferí el sueño de lo efímero a la crudeza de lo tangible.
Sí, amé a un hombre... ¿un hombre? más bien parecía un sueño, un ser tan perfecto que no podía ser real y fue aquí, en estas sus sábanas blancas que dejé la vida para unirme a él en el engaño ignorado, en la quietud mortal de lo prohibido.
El silencio, eso es todo lo que soy, un fantasma callado eternamente.
Después de terminado el goce de su cuerpo tuve que quedarme aquí. El llanto me borró poco a poco, hasta que me convertí en lo que ahora soy, la pared de la nostalgia, una estatua invisible construida con mis propias lágrimas y el sudor frío y culpable que el sueño dejó en mi piel.
Se fue, solo se fue un día y no supe de él, luego regresó con otra, otra que no conocía y repitió el crimen y mató otro delirio; ahora, ahora veo que regresa de la mano de alguien, otra más, por supuesto, alguien a quien también le pide el silencio sepulcral después del goce.
Yo muero cada día un poco más bajo el suspiro de su recuerdo cada día y cada que esa otra, una que nunca es la misma le roba un gemido a su boca de orquídeas y siembra el silencio en el muro, en la prisión de su irrealidad.
Y no sólo muero sino que cumplo la penitencia del engaño, de la crueldad, de verlo siempre, cada día, en el amanecer donde abraza un cuerpo distinto y miro cómo las sombras se hacen sombras en el silencio, donde igual que yo, quedan convertidas en objetos sin voz, van desapareciendo, lloran sin que nadie las escuche y mueren un poco, sólo un poco, siempre.
jueves, 20 de septiembre de 2007
My own private New York lover...
o las lágrimas, o las sonrisas, o cualquier cosa..
Mejor pudiera simplemente morirme de risa y renunciar a entenderte,
mejor debiera no conocerte.
Pero es que aún quiero ser tu Anaïs,
esa que te haga perder el juicio y trastornarte hasta lo más profundo de lo que eres,
de eso que eres y que no entiendo.
Las palabras, amor mío, qué son las palabras...
dulces gotas de sangre de una herida eternamente abierta.
O tu mirada, la profunda mirada de la tristeza y el conocimiento;
es el cielo apocalíptico del terrible destino que nos une pero que ignoras,
es la muerte que no me otorga la redención.
Yo no puedo estar con otro que no seas tú,
necesito a ese ser malvado, mentiroso y triste, profunda y extrañamente triste
porque alguien más bueno, más lindo, o más honesto me aburre.
El olvido, otra vez, qué es el olvido;
no es que quiera olvidar tus manos
o tus labios
o tu cuerpo
no es tampoco que llore la noche en el susurro de tu sexo perfecto
ni que el aire me devuelva tu nombre en la condena de la vigilia incorregible.
Eres tú, eras siempre todo tú y las horas perdidas en el atardecer de tus labios
todo tú y el tiempo que no vuelve,
todo tú y el corazón desmembrado, el tuyo, el mío que es tuyo, el mío que es nada.
Tal vez ya soy como Anaïs
ya soy cruel, mala y mentirosa
y tengo que amar al dueño de la primavera negra, pero sólo de vez en cuando
y hacer que él me ame eternamente.
Esta noche no me quedan más lágrimas de culpa
ni sueños áureos para el limbo de la conciencia;
y nada me es suficiente;
esta noche la estatua de tu nombre se ha encarnado,
he perdido;
esta noche no sueño otra cosa que tus ojos, no vivo más allá de los recuerdos,
al final, te has ido;
esta noche, tristemente, no he muerto.
viernes, 14 de septiembre de 2007
En busca de la razón perdida...
Y es que toda la existencia está llena de pequeñas decisiones fundamentales en su momento y trascendentes para el futuro y uno vive eternamente en la angustia de no poder decidir acertadamente. La libertad, como diría Sartre, más que una dicha es una condena, ya que implica asumir que uno mismo es dueño de su propio destino, que no hay nadie a quién echarle la culpa, ni siquiera a dios, y esto resulta tremendamente angustiante.
Vivir en tinieblas es, creo, la mejor opción; acoger la Náusea, abandonar la esperanza, vivir mucho y preocuparse poco. Parece que mis palabras vuelven incansablemente a ocupar terrenos existenciales que no tienen solución, terrenos que son demasiado metefísicos pero que, con mi ansia de asirlo todo y entenderlo todo, se convierten en verdaderas obsesiones cíclicas que no me dejan estar en paz con todo lo que soy.
Podría simplemente decir que nada importa, y como tal, que cualquier decisión es futil. Sin embargo peco del mal de todos los mortales, la ilusión. Tal vez, sólo tal vez, cuando deje de ser mortal, cuando alcance el terreno del superhombre nietzscheano o cuando asuma mi calidad de artista generador de caos frente a la vida, pueda desprenderme de la ilusión. Pero no sé si eso ha de suceder.
Soy como Horacio Oliveira, el hombre que busca eternamente algo que le signifique en su vida, es el hombre que ha buscado en libros y más libros la justificación de su existencia y que no encuentra sino en la Maga, el ser etéreo, sencillo, simple e ignorante, la potencial salida al abismo de su angustia, y soy como Horacio Oliveira porque el conocimiento me ha maltaratado demasiado, porque ya no puedo renunicar a lo que soy y pretender vivir en un mundo feliz y, sin embargo, aún conservo el dejo de ilusión propia de los sueños primigenios, de cuando aún era posible creer en algo y aún ahora quiero que ese mundo regrese y pueda yo creer en algo también.
Estoy en el limbo... en no saber si lo que quiero existe siquiera, en no saber, como Oliveira, qué es exactamente lo que quiero. Y me pregunto otra vez, como al principio, como en el resto de esta vida absurda y cíclica, si es que la equivocación se puede medir en el tiempo mortal del que no puedo desprenderme, cuánto tiempo más estaré equivocada...
sábado, 8 de septiembre de 2007
Rayuela capítulo 7 (voz de Julio Cortázar). His voice.
Es la Maga, la Maga quien inspira las palabras de amor en las que se describe lo sublime y perfecto de un beso. Rayuela, sobra decirlo, es una de las novelas más importantes durante el siglo XX para la literatura latinoamericana, en parte creadora del tan sonado boom y llena de ideas de vanguardia y retos para lo academicista. Horacio Oliveira vive su vida en la eterna búsqueda ede algo desconocido; detrás de sus charlas intelectuales con sus amigos, quiere encontrar en la Maga aquéllo que el conocimiento de los libros y de la vida le han negado. La Maga es eso, magia, la posibilidad de un encuentro con algo más sencillo y más feliz. Las palabras que le dice a la Maga, el deseo de encontrar el beso perfecto, mainfiestan la búsqueda constante que hay en Cortázar en muchas de sus historias; la Maga tan perfecta, tan sencilla, tan inasible, la que puede hacer que el amor renazca en un mundo desesperanzado y triste. La boca de la Maga, capaz de hacer que todo renazca de manera sencilla, en un lugar donde una caricia crea de nuevo el universo bajo una nueva forma. Quién no quisiera ser como la Maga, cuando menos, por unos momentos...
lunes, 3 de septiembre de 2007
La lucha imparable y eterna en la Revolución Mexicana: estampas literarias de una realidad terrible.
La lucha por la revolución, poco a poco, se convirtió en la inercia de una piedra que alguien aventó y que, por diversas causas, ya no se puede detener. La Literatura de la Revolución, en especial la testimonial, plantea este lado del movimiento armado en algunas de sus muestras. Para ejemplificar, tomo algunos casos específicos y pertinentes que son Los de abajo de Mariano Azuela, ¡Vámonos con Pancho Villa! de Rafael F. Muñoz y Tropa Vieja de Francisco L. Urquizo. Estas novelas, a través de algunos de sus personajes, muestran cómo la revolución se convierte en una lucha constante e ignorada de los ideales que iniciaran el movimiento.
En Los de abajo se presenta claramente cómo la gente se ha unido a la revolución por causas completamente ajenas al movimiento, por ideales que son individuales y que se adaptan a sus necesidades particulares. El grupo de Macías empieza a moverse porque los federales los persiguen y saben que si se quedan los van a agarrar, después de este hecho se convierten en revolucionarios y evidentemente su decisión no está ligada a la causa de la revolución, sino a defender sus propias vidas. Eventualmente, la lucha se convierte en su único e incuestionable modo de existir: "Porque si uno trae un fusil en las manos y las cartucheras llenas de tiros, seguramente que es para pelear. ¿Contra quién? ¿A favor de quienes? ¡Eso nunca le ha importado a nadie!"[3]
¡Vámonos con Pancho Villa! ejemplifica la forma en que los revolucionarios a veces sólo pelean porque no tienen nada más en su vida, por lo menos nada a lo cual retornar después de acabada la lucha, esto es lo que le pasa a Tiburcio, quien después de perder a su esposa e hijos, no tiene otra cosa que hacer más que pelear en la revolución al lado de Villa, quien le ofrece, al menos, la compañía de la gente y el disfraz de un ideal pues le dice que específicamente lo ha buscado a él. Dice Villa: "-Ahora sí te quiero, porque vamos a una lucha sagrada: vamos a vengar a todos nuestros hermanos que han caído en esta pelea contra Carranza, porque son los güeros del otro lado los que lo están ayudando para que nos acabe."[4]
Y Tiburcio no está convencido del todo, aquí lo que en realidad lo hace irse con Villa es ver que ya no tiene ninguna otra opción, cosa que Villa le ayuda a tener muy en claro: "Pero haces falta, necesito todos los hombres que puedan juntarse, y habrás de seguirme hoy mismo. Y para que sepas que ellas no van a pasar hambres, ni vana sufrir por tu ausencia, ¡mira!
Rápidamente, como un azote, desenfundó la pistola y de dos disparos dejó tendidas, inmóviles y sangrientas, a la mujer y a la hija."[5]
La revolución en esta novela es también vista como una forma de escapar a la pobreza y a su situación habitual; al estar peleando, en campaña, los hombres tienen la libertad de comer donde sea y cuando sea y de tener las mujeres que se les antoje. Los revolucionarios de Villa llegan a los pueblos saqueando y matando, sólo para satisfacer sus necesidades y mantenerse vivos.
Tropa Vieja presenta el caso de Espiridión Sifuentes, un hombre que se encuentra peleando en la revolución, igual que muchos otros, porque no le quedó otro remedio, con la diferencia de que él está peleando de lado del ejército gubernamental. Esta característica es importante pero no necesariamente para diferenciar un bando de otro, ya que, al contrario, demuestra que, primero, es el pueblo el que pelea y que sigue defendiendo ideales totalmente ajenos a la lucha revolucionaria encabezada ideológicamente por la burguesía, y también, que al pueblo le ha tocado pelear porque no tuvo forma de escoger no pelear. Espiridión, finalmente, encuentra en el ejército muchas cosas que también encuentran los revolucionarios en sus pelotones, esto es, una forma de vida no tan miserable; ve que puede mandar dinero a su familia y se da cuenta de que puede encontrar la manera de que le vaya bien, mejor quizá que si se hubiera quedado en su pueblo: "Mi vida era otra muy diferente de la anterior; no tenía obligación de ir al cuartel de San Pedro y San Pablo, en donde se alojaba el batallón, más que hacerme presente en las listas de las seis de la tarde o en la mañana a recibir haber."[6]
Por otro lado, Espiridión espera que se acabe la revolución para que los rebeldes triunfen y eliminen al ejército, sólo así podrá abandonar esa lucha a la cual en ese momento no puede escapar. Cabe destacar que todas las acciones de Espiridión no suceden por causas concernientes al bien del país, o siquiera, a un móvil nacionalista por el cual pelear, sino por su propio beneficio.
En Tropa Vieja se presenta ampliamente el hecho de que es el pueblo el protagonista de las batallas más cruentas dentro de la revolución y que tanto los miembros del ejército como los batallones revolucionarios están conformados por el mismo pueblo, (el hermano de Espiridión está luchando del lado de los revolucionarios) y no hay modo de distinguir unos de otros, a no ser por el uniforme.
El pueblo que pelea es el que menos comprometido está con los ideales de la revolución, ideales que en realidad buscan beneficiar sólo a algunos cuantos. Entonces, la causa de la lucha ha perdido (dudosamente alguna vez lo tuvo) todo el sentido nacionalista y heroico que frecuentemente se le adjudica a la lucha revolucionaria y lo que vemos es que los revolucionarios son muchas veces grupos de campesinos que se han juntado porque la pobreza o la injusticia no les permite vivir y prefieren irse a investigar qué les ofrece la lucha armada, pero no porque estén comprometidos con ideales específicos en cuanto a la conformación de una nueva nación.
Y es que esta lucha revolucionaria, la que se hace porque no hay nada más que hacer, no tiene modo de parar, aunque se quiera. Demetrio ya no quiere detenerse, porque ya no tiene nada, su modo de vida en sí era la revolución; Tiburcio no abandona a Villa porque ya no tiene nada a lo cual regresar, incluso cuando le ofrecen tierras y su libertad a cambio de la ubicación de Villa, él no las acepta, porque ya no tiene nada que forjar y nada le parece satisfactorio a no ser la eterna lucha revolucionaria por un ideal perdido.
Así, la revolución mueve a la gente y no deja que ésta se detenga, es como una plaga, algo que no puede detenerse con facilidad. Así, seguirá el saqueo y el robo y la lucha en busca de la satisfacción específica de necesidades. La revolución es efectivamente esa piedra que alguien avienta y que no se detiene, porque el ideal no importa, sólo importa la inercia natural del impulso inicial, sólo importa la lucha y el hecho de saber que si se deja de luchar ya no hay ningún lugar al cual voltear para establecerse.
Tiburcio y Demetrio mueren antes de poder detenerse y Espiridión, de cierta forma, también muere, pues al perder su brazo, ya no puede hacer nada, él dice: "¡Qué diferencia de mujeres y también qué diferencia de heridas! En aquel entonces fue un rozón nomás en una pierna y ahora despertaba con un brazo menos. Estaba inválido y ya no volvería más a cargar el fusil. ¡Qué gusto, dejar esa vida y qué desgracia no servir ya para nada!"[7]
Es decir que antes muere la gente que muera la revolución y siempre se encuentran causas para estar luchando porque no hay nada que hacer sino eso. La revolución es algo incontenible ya, algo que no puede parar porque se ha convertido en un modo de vida más que en un movimiento que proponga un cambio nacional.
[1] Mariano Azuela, Los de abajo, Colección Popular, FCE, 1970, p. 137.
[2] Ibíd.
[3] Ibíd., p. 124.
[4] Rafael F. Muñóz, ¡Vámonos con Pancho Villa!, La serpiente emplumada, Factoría Ediciones, México, 2001, p. 96.
[5] Ibíd., p. 98.
[6] Francisco L. Urquizo, Tropa Vieja, Populibros “La Prensa”, México, 1974, p. 173.
[7] Ibíd., p. 224.
viernes, 24 de agosto de 2007
Interpol y tú
Escuchar a Interpol es escucharte a ti, a ti, corazón, sólo a ti, y leer tus mensajes a las doce de la noche, claro, mientras escuchaba a Interpol y te recordaba con tus ojos que me miraban y tus labios sobre los míos. Pero es que eres un sueño, todo tú eres un sueño, no puedes ser otra cosa, y no puedo creer que no conozcas a Interpol, irónico que te recuerde con algo que tú no conoces ¿no? pero bueno, eso lo perdono, la indulgencia llega cuando me besas, así, nada más, cuando me abrazas… y eso es todo…Como cerrar los ojos y morir en el silencio de la espera al próximo encuentro, eres tú, como imaginar tanto que ya no sé si lo que hay en mi cabeza es cierto o falso, estar siempre confundida entre lo consciente y la somnolencia que tu aroma dulce le trae al recuerdo, ¿o a la imaginación?
¿Cuál es el verdadero recuerdo? ¿Cómo saber? El recuerdo… ¿Es el parque del Franz Mayer, tus brazos alrededor de mí y tus labios mordiendo mi cuello? ¿O el recuerdo es el salón de clases con la luz apagada y nuestros labios encontrados en el beso perfecto? ¿Cuál es el verdadero recuerdo? y ¿cuál es el sueño? ¿Eres tú en realidad el que llega en el metro y me encuentra ahí leyendo el libro de Henry Miller? ¿O eres tú el que me sonríe cada que acaricio su cara? ¿O eres los dos? ¿El que calla después de los besos? ¿O el que me dice que me quiere?
Ya no sé. Sólo sé que no puedes ser otra cosa sino un sueño… el sueño de Interpol y el tuyo y la forma en que extrañamente ya no puedo pensar en uno sin el otro. Porque esa noche después del último mensaje dormí escuchando a Interpol y tal vez haya soñado contigo mientras dormía y luego desperté y seguías tú, en el sueño constante que existe también en la vigilia y después el mensaje que me despertó y la rareza de saber que me dormí leyendo tus palabras y desperté igual y escuchar de nuevo “Rest my Chemistry” y saber que ahí estabas tú también…
sábado, 18 de agosto de 2007
La verdad de la Historia
Creo que a estas alturas es justo analizar más a fondo el curso de la historia y cuestionar objetivamente las posibles causas y los fines para los cuales una mentira se dice con la consigna de que se convierta en verdad.
Nadie tiene la verdad absoluta, eso ni ingenuamente puede ser tomado en serio, creo yo, pero aún así la educación impartida a los niños (hablo de México en especial, aunque en muchos países sucede la misma cosa) se sigue basando en deificar a los personajes históricos y a gestar montones de mentiras sobre ellos.
Para ejemplos, hay demasiados, ahí tenemos a Don Miguel Hidalgo o a Don Benito Juárez, personas que en realidad han dejado de ser personas y que se han convertido en personajes, en héroes ya etéreos e inexistentes, no seres humanos. La historia oficial nos enseña a respetar los valores morales de estos dos hombres, su valentía, inteligencia (y demás virtudes bonitas que se le puedan ocurrir a uno), todo sin abrir la posibilidad a pensar que quizá estas personas no eran nada de lo que nos dijeron (quizá sí, pero aún es bueno tener las posibilidad de pensar lo contrario ¿o no?).
Y no sólo se trata de personajes concretos, sino también de hechos, guerras, eventos cruciales en la historia y construcción de las naciones, y todo es fácilmente manipulado a conveniencia de quien lo quiera contar. Una mentira dicha con frecuencia y regularidad poco a poco se torna en verdad, pues no hay nadie que sepa ya lo contrario y uno se predispone a creer en lo que le dicen pues todos lo creen de esa manera así que, así debió ser ¿no?
Un caso concreto: la conquista de México; dado que el señor Hernán Cortés (buen estratega, sí, pero un ser sanguinario y enfermo) fue testigo de una de las matanzas más terribles en la historia humana, claro que, actualmente, no se ve a Hernán Cortés como una figura terrible y odiada, razón simple: él ganó la guerra. En cambio Hitler, (nótese que no justifico a Hitler como persona, sino como la víctima de los hechos posteriores a él), el señor estuvo al frente de una de las matanzas más crueles de la historia, sí, pero objetivamente, no se pueden comparar los millones de judíos asesinados frente a los millones más que perecieron durante la conquista de América y no sólo eso, sino la explotación y muerte que existió durante los 300 años de la colonia. La razón se infiere, a Hitler le tocó perder la guerra.
No digo que mis datos sean los más acertados posibles, eso, como aclaré en el inicio, no es posible, sin embargo lo que trato de demostrar es la falta de decisión que se tiene para atreverse a pensar en otras cosas diferentes a las que se nos han enseñado en las escuelas.
Otro caso: la Revolución Mexicana; después de acabada, el gobierno se encargó de callar a todos aquellos que se atrevieran a hablar mal de la revolución, puesto que la figura del gobierno no estaba en una posición conveniente para aceptar que después de tantísimos muertos y heridos, el país seguía en la misma miseria, entre otras cosas.
Entonces la historia en sí puede muy bien ser vista como una serie de engaños, casi como la literatura, pues en realidad la diferencia entre una y otra es sólo que la literatura acepta desde el inicio que lo que cuenta es de una o de otra forma, en mayor o menor medida, una ficción.
No importa saber que la historia se hace por los ganadores de guerras si no entendemos el verdadero significado de esta frase y tampoco basta con quedarnos con la idea de lo que nos cuenta la historia oficial, pues, aunque la verdad sea imposible de encontrar totalmente, sí vale la pena querer la oportunidad de pensar diferente.
viernes, 10 de agosto de 2007
(...)
Pero aún estoy confundida… sola, angustiada, tal vez loca. Hasta hace un mes tenía la idea de conocerte y no sólo eso, de saber dónde buscarte y a dónde llamarte, pero el orgullo, o no sé, el sentido común tal vez...
En estos meses, desde la última vez que hablamos me hice a la idea de que efectivamente lo mejor sería el abandono, o al menos el alejarme del vicio de tu nombre por un tiempo, no llamarte por teléfono, ni mensajitos ni nada de irte a buscar a donde sé (o sabía) que te encontraría. Pero es que todo parece un ciclo inevitable, cansado pero eterno, no fui fuerte, no sé siquiera si esa es la palabra que deba usar, y un día de hace no mucho, que estaba de vacaciones y el cerebro se concentró en otras cosas, decidí que tal vez podría ser capaz de cerrar el ciclo del dolor que sufrí por tu culpa y que entonces podía llamarte por teléfono como una persona civilizada, ya sabes, preguntar cómo estas, qué tal te ha ido, nada de ofensas ni reproches, como algo nuevo que tuviera un tinte saludable y con futuro.
Y entonces, después de pensar qué te diría y de prepararme para escuchar tu voz otra vez, ahí tienes que llamo y nada. El teléfono suspendido con ese terrible sonido, el tururú que indica que ese número ya no existe. Bueno, hablarte a tu casa, es lógico, pero nadie contestaba nunca, ni la contestadora siquiera, y el teléfono sonaba y sonaba siempre y nada más.
Luego ya no supe qué hacer. Sí, quizá era mejor esto, pero entonces, ¿por qué me duele haberte perdido así? Ya no sé donde buscarte, de pronto recordé que ya no trabajabas en la preparatoria y que la última vez que hablamos estabas buscando nuevo empleo, ya no tenía a dónde buscarte o a dónde llamarte, la angustia me cerró la garganta.
Por meses y meses te creí seguro, sabía que estaba enojada contigo, dolida, pero aún sabía que si pasaba cualquier cosa te podría encontrar si marcaba un número, si iba a tu casa… pero ya no tengo eso tampoco, me dijiste que te habías divorciado y que estabas viviendo con tu hermana pero yo jamás supe donde vivía tu hermana y tampoco lo podía averiguar. Así que me quedé sin nada, con sólo el recuerdo y una sensación increíblemente extraña, algo entre la desilusión y el alivio, algo que se gesta desde dentro y va saliendo poco a poco, algo que no sé si debiera hacerme reír o llorar.
¡Qué frágil ha sido todo esto!, yo tan segura de ti a pesar del dolor y tú que de pronto decides desaparecer. Es lo mejor, quiero pensar que lo es… pero… qué duro, me siento perdida, quién sabe desde hace cuánto que te perdí y ahora, la certeza de tu ausencia me está deshaciendo, por un lado, pero por otro sé que ahora ya no hay nada qué hacer, absolutamente nada sino seguir adelante con la vida. No poder hacer nada duele, cómo duele tu ausencia, cómo duele saber que hay una ausencia, saber, sólo saber, cómo te extraño, ahora más, si ha sido orgullo, vanidad, sentido común o destino, cómo es que te pude haber perdido así…