viernes, 21 de diciembre de 2007

Esas fiestas navideñas

Si uno se pone a pensar un poco, a cerca de cualquier cosa, es evidente que todo es relativo... unas cosas más que otras pero finalmente en la relatividad de la conciencia individual imposible de unificar con otra.

Escribo esto dado que me siento invadida por el espíritu navideño y caigo en la cuenta, una vez más, que todo es relativo y que también, una mentira puede ser creada y creída por millones y millones de personas y que esto ya no importa pues se convierte en el ícono de algo que ni siquiera logramos razonar sino solamente aceptar.

Solemos creer (como una masa homogénea ceñida a cierta convención) que hace 2007 años nació en un pueblo de Belém el hijo de Dios: Jesucristo. Esto es, de acuerdo con mis percepciones, basadas en hechos históricos y científicos moderadamente comprobables, una total mentira. Lo que más se acerca a la verdad (pues ésta es también relativa) es que el tal Jesucristo no era un dios sino una especie de profeta esenio que tampoco pretendía trae la palabra de Dios, ni ser hijo de Dios; era un hombre instruido que conocía muy bien el budismo y lo transmitió en sus enseñanzas y que tuvo la mala suerte de tener como aprendices a pescadores ignorantes que entendieron todo mal.

En diciembre, este supuesto Dios no llegó al mundo, pues muchas investigaciones ubican su nacimiento en algún lugar de abril, sin embargo, para la Iglesia Católica le pareció una fecha más conveniente pues en abril se celebra el culto de Mitra, el dios pagano del sol, de quien curiosamente, también se cuenta que nació en un pesebre y que resutó ser bastante milagroso.

Incluso las creencias populares se pueden hacer algo relativo. Yo no creo en nada, ni en Mitra ni en Jesús, pero este asunto del festejo navideño ha trascendido la parte histórica para convertirse en un evento de mercadotecnia maravilloso y con un éxito indudable. Tan es así que aunque todo el sentido de la celebración navideña parte del natalicio de Jesús, éste ha perdido la popularidad gracias al señor de barba blanca y traje rojo, creado por la Coca - Cola para generar más ganancias en esta época.

La parte religiosa poco a poco se ha hecho a un lado, cosa que agradezco sinceramente y aunque me niego a la idea del consumismo barato y sin sentido, lo apoyo más que el fanatismo religioso. Ahora el ícono de la navidad sigue siendo el pesebre hermoso con el niño en pañales, aún cuando la gente ignore el trasfondo histórico del verdadero nacimiento de Jesus (o bien del propósito original de la representación de los nacimientos, que fue ideada por los franciscanos para instruir a los indios idólatas en américa; el barbudo Santa Claus de quien muchos ignoran su procedencia e incluso de los reyes magos, que, según la biblia, ni eran tres, mucho menos eran reyes y quién sabe de donde se sacaron esos nombres. De cualquier modo, la gente recuerda la navidad mediante íconos que les remiten a algo, algo que es erróneo quizá pero que represente algo para sus vidas presentes. También, de cualquier modo, todo se ha relativizado y transformado en consumismo puro, la parte más tangible de cómo funciona el capitalismo.

Pero ya que todo es relativo y uno puede hacer lo que quiera (casi) es posible ver el lado amable de las cosas y aprovechar para ponerse sentimentales, dar regalitos que no necesariamente están pensados en el puro consumismo sino en aquella parte linda que existe sumergida en alguna parte de los seres humanos; también nos podemos dar el lujo de decir Feliz Navidad con la intención de desear un rato agradeble y de pensar, ya que el fin de año est´pa muy cerca, que el futuro puede ser mejor que el presente. Cada uno puede desear lo que quiera y tomar este pretexto de las fiestas navideñas para ese propósito y eso, después de todo, no suena tan errado.

sábado, 15 de diciembre de 2007

mejor que todo se vuelva un sueño;
ya que es imposible olvidar
más conviene pensarlo como un sueño.

("lost like a forgotten dream")

se me olvida que quiero cambiar el mundo
si no te tengo a ti;
y desaparezco sin ti.

("el mundo existe a pesar de todo")

borrar el recuerdo,
el episodio exacto de la tristeza,
aunque sea inevitable preguntar
si aún olvidando
no encontraríamos después
bajo el mismo cielo y en un momento casi igual.

la duda es la constante que mueve todo

("yo no puedo tenerte ni dejarte")

te amo ahora y no hay nada más,
te quiero amar siempre, aunque me duelas.

lo mejor de todo es amar en silencio...

yo no quería que tú fueras un sueño.

viernes, 7 de diciembre de 2007

La decadencia del arte

En el Romanticismo, el ser humano si bien no era considerado como el centro del universo, se dio gran importancia a su lugar dentro de la naturaleza y como parte de ella; asimismo, la pasión desmedida y el arrebato en los sentimientos, bien o mal, ayudaron a construir la idea de la individualidad como concepto clave para el desarrollo del hombre y la sociedad occidental. A partir de entonces, con la importancia tan grande del individuo como tal, cada hombre tenía el derecho de proclamar lo suyo como universal; esto por supuesto, llegó a los terrenos del arte, en donde la creación artística era respetada por la individualidad creadora capaz de imponerse frente a cualquier canon.

El espíritu romántico, aunque intempestivo, no contemplaba aún la idea de la decadencia; esta vendría después, ya bien entrado el siglo XIX con los muy conocidos poetas malditos y todas las manifestaciones artísticas del momento. Charles Baudelaire revoluciona la manera de entender el concepto de belleza cuando dedice hacer poemas a la podredumbre del París de entonces y busca lo bello en las entrañas de un perro aplastado en la calle, cuyas entrañaqs asemejan el botón de una flor abriéndose con cadencia.

El mote "decadentismo" les quedó perfecto a estos escritores malditos cuyas tendencias artísticas eran en gran medida hacia la crítica del mundo artificial y horrible ene l que estaban viviendo. Este mismo espíritu se habría de extender a épocas posteriores y a diferentes ámbitos artísticos.

Todo el siglo XX es una muestra de lo anterior. Los movimientos de vanguardia en Europa (no aún en Latinoamperica pues las cosas se dieron de forma distinta) buscaban un cambio en el arte, mismo que para entonces ya se había establecido que era bastante decadente, vacío, inexpresable.

La raíz de todo esto está en el uso malendaminado del individualismo romántico y de hacer que todo lo que hace la gente sea válido artísticamente. Es interesante, a estas alturas ponerse a pensar ¿quién dice qué es arte y qué no lo es? antes del Romanticismo, existía una Academia que decidíe so, había un grupo de gnte que, si bien no tenían criterios fijos o basados en algunas leyes inamovibles, sí contribuían a crear un orden y decidían qué era arte y qué no. Actualmente el problema es que cualquier cosa que se haga y culaquier persona tiene el derecho de llamar "arte" a lo que hace y de autodenominarse "artista"

Con esto no digo que deba existir un nuevo círculo oliogárquico que decida por el resto de la gente sobre lo que debemos llamar arte, sine mbargo creo que establecer algunos cánones sería lo ideal. Y sé también que la discu´sión al respecto se torna en algo eterno pues de entrada, ¿quién puede decir con certeza lo que es el arte en sí?

Marcel Duchamp, a principios del siglo XX, propone que un migitorio es un artefacto digno de ser expuesto en un museo. Duchamp trae gran influencia de la escuela dadaísta misma que, honestamente, es una burla (no porque yo lo diga, sino que ellos mismos tampoco se tomaban muy en serio). Muchos de los movimientos de vanguardia que permean la primera mitad del siglo XX son si no una burla (que aún sería respetable), una tremenda tontería, (por mencionar algunos: futurismo, dadaísmo, estridentismo, creacionismo) que no proponían nada nuevo y que en sus mismos manifiestos, que resutlan ser lo único que vale la pena de ellos, abogan por la finitud y la falta de seriedad.

La decadencia artística continúa y va en declive en todos los aspectos que se le quiera ver. No sólo por el hecho de quién decide qué es arte o no, sino que el sentidio originario del arte se perdió hace mucho tiempo. Estoy conciente de que las épocas cambian y que el artista tiene el compromismo de cambiar también. Sin embargo sé que algo está muy mal cuando en los museos se exhiben cosas que no se entienden, y, mucho peor, cuando gente como Paulina Rubio de llama a si misma "artista"

domingo, 2 de diciembre de 2007

El espíritu de los muertos observa

LA MUERTE toma siempre la forma de la alcoba
que nos contiene.
VILLAURRUTIA
Nocturno de la alcoba

Thou Gonder, and thou Beauty, and thou Terror!
SHELLEY
Epipsychidion


“Estoy muy cansado, no vengas temprano...” pensó en decirle simplemente “no quiero verte”, pero la sutileza resultaba necesaria pues no tenía ánimo de pelear. ¿Si la quería? Esa pregunta llegaba ahora a su mente y jamás se atrevía a contestar, ni siquiera a sí mismo, era sólo que a veces temía amarla demasiado... Así que colgó con un enojo inexplicable, seguro de que ella había sentido su hostilidad, eso y que, conociéndola, imaginó que quizá, inevitablemente, vendría a verlo al día siguiente, sin importar lo que él pidiera. Me conoce demasiado bien, suspiró con la resignación inherente a su situación con ella. Luego cerró los ojos un momento y sintió una vez más, como lo había sentido en las últimas noches, la pesadez desconocida de la vida misma.

Es que ya me siento demasiado viejo, enfermo, cansado siempre, y ella tan joven y tan hermosa y yo muriéndome a cada respiro. El frío que no se me va, estas manos arrugadas y tristes, y su amor que me asfixia más que mis propios nervios y achaques.
Esa noche había trascurrido lenta y sus sueños estuvieron llenos de unos ojos miel que no lo dejaron descansar, pero no descansar no era el problema, sino alucinar un nombre, un abrazo en el aire, un beso frío y después… nada. Despertó un par de veces con una sed inexplicable y cada vez le parecía verla más tangible, más suave, como si se encontrara junto a él. Le llegó de repente, tal vez con el sopor y la desesperación, una sensación que le pareció única e inevitable, larga y nostálgica. La piel se le erizó rápidamente y supo con una certeza helada que aquello que había estado sintiendo era tal vez la misma respiración de la muerte que ahora se fundía con el aliento propio, por fin la muerte, o el espíritu de la muerte, cuando menos. Entonces le aterró la presencia de lo inevitable, aunque también intuyó, confusamente, que él mismo tenía que ser el factor decisivo en el juego de la existencia, siempre que olvidara el miedo.

Con un escalofrío se resumía su reflexión entrañable en el fin de una existencia que él, a pesar de todo, no se sentía capaz terminar. Cierto que su orgullo, nunca desgastado, le decía constantemente que siempre fue dueño de su vida y que quizá podría burlar a la muerte, pero ¿cómo? O más bien ¿acaso quería burlarla o más bien adelantarse a ella?

Sé que no tengo opción, que esta vida no la quiero. Pero ella, ella sin mí yo no sé qué sea, pero es fuerte, más fuerte que yo y sabe lo que quiero. Será que soy yo el que teme perderla, dejar de mirar esos ojos, besar esos labios; pero es que ahora ya me duele hacer eso también, me siento tan viejo y duele, duele.

Se levantó de su cama al dar las siete en el reloj de pared. Minutos después tocaron la puerta.Ahí estaba ella... tenía llaves pero no quiso usarlas; imposible que las hubiera olvidado, eso jamás sucedía. A través del vidrio de la puerta se distinguía su piel blanca, su cara llena de una luz triste. Él abrió. Se encontraba hermosa y tibia como siempre, con la sonrisa enigmática y el aroma dulce que siempre la acompañaba. ¿cómo logra oler tan delicioso todos los días y a todas horas?
Esa era una trivialidad encantadoramente misteriosa. Usaba los guantes rojos que tanto le gustaban, hacía frío afuera y resultaba contradictorio que mantuviera cubiertas sus manos y su cuello, pero no sus pantorrillas.Entró con un decoro inexplicable, con sencillez, con magia y él recordó de nuevo por qué la amaba tanto, por la historia, por el tiempo y el pasado, por su voz y su cabello, por sus ojos y su encanto.

“Sé que no querías verme anoche” dijo con calma, “tampoco hoy, lo sospecho, pero no me importa, yo sí quería verte a ti.” Y parecía que no hubiera hablado, más bien era como escuchar su voz suave dentro de sus oídos pero sin que ella la enunciara, como si desde antes él supiera, o intuyera, que diría esas palabras y que las hubiera expresado sólo con sus ojos o sus manos paseándose por el aire pesado de la casa.

Y se quitó los guantes y se soltó el cabello. Ella siempre tan igual, tan segura para unas cosas, tan
sincera para otras y tan piadosa --tan humana-- para un millar más. Había un suave rubor en sus mejillas, no porque estuviera arrepentida o apenada, sino porque estaba segura de algo, de un hecho tan inevitable y tan fuerte que hizo que la sangre llegara ahí, el mismo hecho que haría --segundos después--, brotar un par de lágrimas que se esconderían en sus pestañas.

Sin más, volvió la cara a él y habló (esta vez sí hablo, sin duda): “Sé que quieres pedirme algo y que no te atreves, que tienes el mismo miedo que tengo yo, ese miedo que proviene de no sé dónde, que tal vez no es miedo sino conocimiento pero que no se va nunca y que sólo te engaña fingiendo que desaparece, que no has dormido bien, que nos conocemos mucho y muy bien, que sabías incluso que a pesar de lo que dijeras, vendría a verte.”

Él alzó la vista sorprendido de la exactitud de sus palabras, consternado por la certeza de las mismas, porque era como si ella estuviera metida en cada pensamiento que se le había esfumado al paso de la noche pero que en un principio no era suyo sino de él, inquieto por el hecho de que la tenía impaciente y nerviosa, ese mismo hecho que él ya sabía y que ciertamente, no se atrevía a pedir pero que tenía que suceder con ella, por ella, gracias a ella. “¿Qué más
sabes? Ya que dices saberlo todo” dijo con la voz que pretendía sonar segura y firme.

“Sé que ya es tiempo...” dijo y se secó esas lágrimas nacientes con el índice tembloroso.

Y él también lo sabe pero no me lo quiere decir, cuánto lo amo, eso tampoco lo sabe, que tampoco dormí anoche, ni siquiera lo intuye ni lo siente, ni mis ojos ha visto en este tiempo que llevo aquí, huye y cada que cree que estoy llorando voltea la cabeza hacia sus manos.

“¿Cómo sabes?” inquirió él aún sabiendo que ella siempre supo que era el momento, que de hecho se había tardado unos días en darse cuenta.

“Por tu voz que temblaba anoche, porque pensabas en ello cuando me colgaste, porque no estabas cansado sino que no querías hablarme porque yo ya sabía, porque te engañas y te aferras a lo que sabes que se ha terminado, porque tienes un miedo diferente, igual que yo”.

“¿Miedo?” Respondió con la voz ahogada en la certidumbre.

“Sí... eso que jamás pensaste tener, pero ahora yo no puedo tener miedo porque te amo demasiado y porque no hay nada más que hacer.”

Él calló y como siempre, ella entendió en su silencio las palabras que cruzaban el umbral de su mente y supo que era tiempo de actuar.

Y ella pensó fríamente que en sus manos estaba lo que los hombres suelen llamar destino, pensó también en que su mirada estaría dolorosamente clavada en él en los siguientes minutos, aunque él le huyera por más miedo, tal vez sólo por piedad; era él siempre el hombre más bello que existiera jamás, el más amado y más perfecto, el único que había entendido el significado de la vida y por eso tenía que renunciar a la misma; pensó en que ella misma lo entendía, o trataba de hacerlo, la única que se había tomado la feliz molestia, que ahora la vida le era tan grande y él se había hecho tan pequeño; eran los años, el dolor, el espíritu de la muerte. Pero también pensó en que ella lo amaba como a nadie y que por esto y por llegar a entenderlo tenía que completar lo que él no podría hacer.

Tomó sus manos frías y temblorosas, (¿las de él o las propias? Porque a veces parecía que eran las mismas) imaginando que quizá las cosas no tendrían que ser así, sufriendo un poco por la realidad y el conocimiento, sintiendo el corazón a punto de salir de su cuerpo, con un par de lágrimas que corrían ahora libremente por su rostro sin necesidad de detenerlas. Lo besó una última vez, entendiendo de nuevo, pensando, sólo pensando y ya no sintiendo, tal vez sólo odiando que el conocimiento de la vida a que él había llegado no le permitiera terminarla por sí mismo. Cerró los ojos sin mirar más allá de sí misma y le soltó los dedos.

Y es que yo te amo preciosa pero has sido más lista que yo. Ahora sólo pienso que nadie más podrá tener la piedad que tienes tú conmigo… mira esos ojos, míralos en mí, ¿crees que no sé que no has parado de llorar desde ayer? Si supieras cuánto te amo.

Y ella sacó el revolver convencida igual que él de que esa era la única opción porque la vida era ahora más grande que ambos, pues él era viejo (no tan viejo para algunas cosas pero sí para lo que él deseaba) y ella tenía ya el corazón roto, sin posibilidad de amar más, ni de creer en el amor, sabiendo demasiado y por lo tanto, con la muerte como única opción.

Después hubo un segundo que se prolongó inexplicablemente y entonces ambas miradas se juntaron intensas, tristes, expectantes. En un parpadeo todo terminó. Dos disparos, ambos certeros, el segundo para no dejar ninguna duda del éxito. La gran mancha carmesí se extendió por la habitación.

Ya no hay nada para mí, lo sé, pero no importa porque ya tampoco había nada para ti. Mira qué lindo te ves de todos modos, parece que sonríes después de tanto tiempo. Para mí siempre fuiste perfecto. Yo no necesito meter balas en mi cuerpo, moriré después, seguramente, de esa tristeza que da la soledad y la verdad, ¿qué otra cosa puede matarme sin ti aquí?

Después de una hora ella se puso de nuevo sus guantes y salió dejando las llaves en la casa. Afuera, el sol de la mañana brillaba con toda su intensidad, pocas nubes y algo de viento; sería un día hermoso.

sábado, 24 de noviembre de 2007

Sueños

La noche trae con su oscuridad un silencio sublime. Yo recuerdo imágenes extrañas que me orillan a pensar que la vida no es más que un juego, que no importa, que es un accidente.

Cierro los ojos y veo cómo los bosques alzan el vuelo y los caminos se entrelazan, los hombres se confunden y deciden echarse al agua ya que los peces danzan en la superficie.

Trato de continuar con mis visiones, me divierten, pero no puedo continuarlas sola. Suena el teléfono una vez más en el día pero no es tu voz la que está al otro lado, nunca eres tú.

¿Dónde estás? Llevo años esperándote; anoche te hice de cenar y cuando hube terminado recordé que hacía mucho que no regresabas a cenar, a desayunar, a dormir conmigo.

La mente a veces me juega malas pasadas; cuando me doy cuenta de la realidad ya es demasiado tarde. Por eso me guata vivir de mis sueños y ahí tomar tu mano al ver el ocaso, reír cuando nos abrazamos y tocar tu cabello.

¿Cuánto tiempo llevo esperándote? No sé. Te digo que esta mala memoria me traiciona; desde que me hace enojar he optado por ignorarla. Por eso no sé cuánto has estado ausente, tampoco indago si acaso regresarás, ya no.

Trato de retomar mi visión y parece que veo que llegas volando, luminoso, junto con águilas que guían tu camino. Luego, la gente sale del agua y los peces vuelven al mar. El cielo se abre mágicamente y tú estás conmigo.

Las rosas marchitas del jardín de renuevan y vuelven a nacer. La respiración del mundo se siente ligera, perfumada, dulce. Los ojos tristes y secos que portaba mi rostro ahora sonríen y parpadean con esperanza. Estamos juntos.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Vienes a mí vestido de Apolo, pero eres Lucifer y lo sé...

A veces la poesía no es suficiente, no cuando se trata de tí. Eres como el rayo de luna de Bécquer... y te escribo aunque sé que nunca vendrás a leerme, y lo hago porque no quiero decirtelo de frente, porque de todos modos no entenderías. Pero te explico, y te digo que el rayo de luna es sólo eso, una luz efímera que se refleja en la tierra en uno u otro momento fugaz y que yo, igual que Bécquer, hubo un tiempo en que creí que ese rayo de luna no era sólo eso sino algo más real y tangible.

Y así estaba, como el amante perdido, el que perseguía el movimiento perfecto de la amada, de lo que era una simple fantasía, el rayo de luna, la ilusión, lo que no existe, o tal vez lo que existió pero no es lo que parecía ser. Todo eso eres tú, un rayo de luna, un reflejo falaz y con un toque de maldad que me sigue cautivando.

Hoy ya no te persigo, parece que vienes a mí, pero lo dudo; me he quedado en otro plano temporal, en uno en donde he congelado el instante de un recuerdo para cancelar toda posibilidad de futuro; de pronto veo que te me apareces vestido de Apolo, pero eres Lucifer y lo sé y no te detengo porque estoy condenada a la luz del infierno que sale de tus ojos tristes, muy tristes, tan tristísimos que no puedo dejar de mirarlos, de sentir compasión de ellos. Eres a veces el Lucifer hermoso, el tangible, pero el que huye y sólo de vez en cuando apareces como Apolo, un Apolo que también es bello y malvado como la luna, engañoso, intranquilo y tan irremediablemente hermoso. Esos dos en uno, en uno perfecto, uno que oscuramente sé que no existe.

Y yo no tengo otra cosa sino palabras torpes para describir el efecto que me produces, tan cerca y tan profundamente fuera de mis manos. Tus ojos, esos ojos... no sé si existes, porque la maldad es engañosa a las formas, y yo también dudo de si existo, si existen mis palabras, las que se pierden aquí y allá, en la poesía que no logro hacer, en la luna que miro y otra vez sé que eres tú y yo sólo deseo quedarme aquí, en este presente eterno que me llena de dudas pero no me lastima...

viernes, 9 de noviembre de 2007

¡¡¡ Sangre para Baal !!!

Navegando por este gran mundo electrónico llegué a enterarme de una página en la que renace el culto al dios Baal (www.baal.com), aquí se busca renacer el culto mediante la revalorización de la imagen de este dios pagano, misma que está bastante mal colocada en el mundo de los dioses, gracias a las condenas a éste por parte del cristianismo y judaismo, principalmente.

Lo interesante del asunto no es tanto que exista una página de internet que promueve la adoración a este dios en particular; para mí, la adoración a cualquier dios me resulta repugnante y totalmente primitiva (tal vez sólo es algo demasiado humano) y considero a las religiones en general como una traba para el desarrollo intelectual del hombre y como una forma de manipular a las masas. Poco importa que se trate de Baal o de Isis o de cualquier dios pagano, más importa, al contrario, el hecho de que, primero, la religión (cosa que debería ser espiritual, no material) haya entrado en el mundo electrónico del capitalismo y otra, más importante, que las religiones con más adeptos se enfrenten a la competencia con dioses paganos que supuestamente quedaron en el olvido hace miles de años.

Lo anterior sólo confirma algo que no es muy fácil evidenciar para una mente medianamente atenta a su alrededor, y esto es que la decadencia del hombre no termina ni terminará. Para este tiempo y para después de todo lo que ha sucedido con la historia de la humanidad, ésta debería ya ser capaz de abandonar toda idea de dios; personalmente, no concibo cómo alguien aún puede creer en un dios, yo lo aceptaría de una humanidad del siglo XIX, pero no ya del siglo XX y mucho menos el XXI. A lo que voy es a que la decadencia del pensamiento humano es tal que en lugar de renunciar a la idea de dios, lo sigue buscando en otros dioses que son igual de falsos que cualquier otro; Baal no es mejor ni peor que Jehová o Vishnú, el que sea, para mí todos representan lo mismo; el hombre sigue insistiendo en el hecho de que existe un dios que lo puede salvar de su miseria y de la condena de su existencia que aún no logra comprender y que no le proporciona la felicidad.

El hecho de que las religiones también tengan su lugar en internet es algo que más bien me resulta una ironía, como una broma de alguien que se burla de la ingenuidad humana. Ahora, como adquirir un producto en E-Bay, es posible pedir a domicilio una pequeña estatua de Baal para rendirle culto en la comodidad del hogar. Esto tiene que ser una broma, una burla hacia la gente que sigue adelante con esto (tristemente demasiados, pues Baal ya tiene una buena cantidad de seguidores sólo en Estados Unidos), es de risa pensar que el hombre pueda llegar a pensar que a través de un producto que llega por FedEx se puede alcanzar una mejor calidad de vida (digo, lo creería quizá de cualquier producto llegado por mensajería instanténea, pero jamás de una estatua tan inútil como cualquier decoración prescindible en los hogares).

Cierto, la religión se ha comercializado también, lo cual me remite a mi cuestión primordial, ¿cómo es posible que la gente siga creyendo en un dios de esta manera y a estas alturas? y peor ¿por qué creen que encontrarán algo nuevo en dioses del pasado que son los mismos sólo que con distinta forma, pues numerosos estudios han comprobado que la existencia ideológica de Jesús es extrañamente similar a la de Mitra, el dios del sol?

Esto es para reír, considerando que puede ser una buena broma, o para llorar, pensando que es demasiado real.

sábado, 3 de noviembre de 2007

A las tres de la madrugada...

A las tres de la madrugada, aquí, detrás de mi ventana, el cielo nublado y el aire frío que mueve los árboles, el edificio de enfrente, las tres de la madrugada; es a las tres de la madrugada que espío su ventana desde mi ventana y me pregunto si lo ha matado ya, si acaso ha bebido también su sangre, porque siempre se ponen a discutir a esta hora, que es cuando él llega. Se ilumina el cubo de su departamento, una luz entre cien ventanas apagadas; él la golpea y ella baja la mirada con sumisión y llora unas lágrimas de dolor oscuro e incomprendido mientras se arrincona en la otra habitación. Pudiera escapar, pero no quiere, porque algún día lo matará, ella me lo ha dicho, me lo dijo esa tarde lluviosa en que nos tocamos bajo las sábanas limpias de su recámara, esa recámara que conozco muy bien; me lo dijo la mañana soleada en que amanecimos en su sofá desnudos, después de confesarnos la vida entera en una noche, cuando él no estaba en la ciudad. Un día lo matará, sólo espera el momento justo para hacerlo, y yo le creo, le creo a sus ojos tristes, a sus manos frías, a su cabello largo; le creo a su cuerpo tibio y sus pies pequeños. Tal vez no lo haga ahora, a esta hora, a las tres de la madrugada, mientras sabe que la observo, que puedo mirarla desde mi oscuridad, aunque ella, desde su luz, no pueda encontrarme. Pero no puedo dejar de mirarla, de mirarlo a él, de odiarlo un poco, de envidiarlo más, a ratos, sólo por tenerla cerca ahora. He querido intervenir, hacerle saber que ella es más grande que cualquier razón humana o cualquier sentimiento terrenal, he querido salvarla, pero un mortal no puede salvar a un dios y ella me ha dicho que tiene que ser así, que ella misma terminará con él. Entonces regreso a mi cama cuando sus luces se mueren de nuevo y ella regresa también, temerosa, a la cama que comparte con aquel que le da la espalda en el lecho. Y yo sueño, sueño solo, sólo con el día en que ella se dará el festín tan ansiado y lo matará, y beberá su sangre, y guardará sus miembros destazados en el clóset, o en la basura, o en su propio cuerpo. Y entonces, en algún momento, en ese momento, a las tres de la madrugada, esas luces no se prenderán y ella podrá ser mía, sólo mía, si el capricho de su deidad no la obliga a matarme y destazarme a mí también, sólo por amarla demasiado.