domingo, 3 de agosto de 2014

Poesía



Dentro del mundo
pero en el recuerdo de nadie
mientras las horas pasan y mis manos
ya no buscan tocar las nubes

         escribo.

Yo soy mis letras, mi palabra,
escribo, 
escribo para ser
en la fugaz reafirmación de lo que significa un instante irrecuperable, 
en la desnudez más clara y la verdad más mía 

(pero personal, porque toda verdad es personal)

en la afirmación de todo lo que soy, que necesito ser, que necesito

escribo para no olvidarme de mi nombre, de mi yo, mi palabra
también
un poco
o quizá solamente

para no morir de tristeza en este mundo tan ajeno.



Music on: Society - Eddie Vedder
Quote: "He aquí que la muerte tarda como el olvido." Rosario Castellanos
Reading: Poesía no completa - Wislawa sZymborska

jueves, 17 de julio de 2014

Voces de veladas

Participaré en la primera lectura de autores de Ediciones y Punto este sábado 19 de julio a las 19:00 horas. Leeré por primera vez un adelanto del libro que se publicará en septiembre de este año. Vale mucho la pena conocer la propuesta editorial, son libros artesanales hermosos y yo estoy muy feliz de poder publicar con ellos.
¿Me acompañan?


Music on: Gravity - Coldplay
Quote: "Recordar es volver a despedirse. Es tomar otra vez la decisión equivocada." Alejandro Páez Varela
Reading: El salvaje de la ópera - Rubem Fonseca

lunes, 14 de julio de 2014

Entre mares alados (fragmento)

(Extracto de "Entre mares alados", próxima publicación con Ediciones y Punto)



Porque yo no puedo crear, canto,
porque siento que muero, grito con fuerza melódica y estruendo.

Mi alma se aferra a la existencia del ruido,
para saber que soy porque mi voz existe,
porque hablo.

Quiero cantar a la deriva, entre la tempestad,
las noches, los días, las angustias, las alegrías,
siempre alzar la voz con o sin llanto.

Cantar al tiempo, porque el canto ordena el caos de mi propio nombre.

***

Partir, me dice la espalda del tormento, hay que partir, susurra clavándome sus dientes.

Partir con la noche como amiga, sobre el líquido cómplice
hacia otros círculos infernales, en la nave que ha de borrar todo recuerdo, 
hacia el puerto que conoce la única verdad: lo eterno.

Me ha dicho la noche que el puerto de arena pálida tiene nuevos nombres grabados en el piso y que hay más estrellas en la costa que en el cielo.

Me ha dicho el mar que ese puerto es de olvido y renacimiento, que tiene agua limpia.

Noches y mares son la ruta hacia ese puerto.
Noches y mares de mundo para el alma que busca y está cansada de andar con yerros.

Viajar para saberse otros, para un hombre igual que todos, uno que escapa de ti,
musa celeste, infernal aparición.

***

Este es el recuerdo:
en el abrigo de tu abrazo conocía otras cosas como ciertas,
sabía que la soledad no era sino un páramo fácil de encapsular en una mano
con la certeza de tener tu abrazo alrededor de mis huesos.

***

En la tierra de los proscritos existe un ritual: se habla.

Repito tres veces un nombre para no olvidarme de mi propio nombre,
de mi sombra antaño ida,
y de mi verdad, agazapada temerosa en la esquina de mis pies.

Grito cuatro veces los puntos cardinales
para saber si la cárcel navegante ha llegado ya a tierra nueva.

Lloro cinco veces para secar la mancha memorial crecida día a día sobre el suelo.

Y duermo una vez a la semana el sueño que no puedo deshacer,
el recuerdo, el ojo, la mano, el cabello.

Pregunto incansable,
la respuesta nunca llega.

Sé que el mundo es finito
y la eternidad es el único instante
de respuestas ciertas.



Music on: Life's for the living - Passenger
Quote: "Ítaca existe / a condición de no recuperarla." Cristina Peri Rossi
Reading: El salvaje de la ópera - Rubem Fonseca

lunes, 7 de julio de 2014

Sobre las despedidas



El amor no acaba ni siquiera en un choque de trenes. Pero un no, es un no. Y listo.
Decir adiós es complicado. Quisiéramos que fuera sin dolor. Pero decir adiós es exitoso si se dice a tiempo y, confieso, es excitante si hubo amor.
Alejandro Páez Varela



Nunca he aprendido a despedirme. Corrijo: no había aprendido a despedirme. Creo, intuyo, que esta vez sí lo he logrado. Y me ha costado mucho trabajo entenderlo, realizarlo. Pero ha sido una cosa más de esas que son inamovibles y que uno debe ir aceptando. Siempre tenemos que terminar acostumbrándonos a esto y a lo otro, porque son cosas o hechos que nunca dependen de uno mismo, sin importar qué tan buenos hayamos sido, qué tan dedicados o qué tan sinceros, o si lo hemos hecho bien o mal. La certeza irrefutable es esta: la finitud.

Y si no había aprendido a despedirme era por la esperanza, diuturna enfermedad de la esperanza, como la llamó Sor Juana, en que existía algo como la eternidad. Abra los ojos, salga de la burbuja del placebo, tal cosa no existe, me repito como mantra sanador.

Antes había logrado efectuar despedidas, pero nada más a medias, diciendo cosas como “no quiero perderte”, “eres importante para mí”, “pase lo que pase aquí voy a estar”, pero con el tiempo las situaciones cambian, las personas también, pasan los meses o los años y cuando quiero reconstruir lo dicho se van haciendo grandes las ausencias y los rechazos; de pronto llegan frases como: “es difícil que seamos amigos, mucho”, o “sigo siendo el mismo pero en otras circunstancias”, frases que llegan de una manera virtual, alejada, pero que se clavan con la misma intensidad que si fueran dichas de frente y, es todavía peor, pues a esa distancia uno no puede siquiera intuir si se han dicho con franqueza, si se estaba quebrando la voz al ser pronunciadas, si en ellas había desprecio, si era algo que se tenía que decir aunque no se estuviera sintiendo.

Sea como sea, he asumido que las despedidas deben existir y deben cumplirse. Y asumiendo dicha sentencia procedí a despedirme de aquellas personas que estaban pendiendo de un hilo de mis manos, personas que más bien eran fantasmas, seres de quienes ya me había despedido, pero que yo dejé regresar. En esas despedidas, que en realidad no lo eran, yo me instalaba en la posición de aguardar, similar a los desdichados personajes que esperan a Godot, pronunciaba frases de ilusión y me atrevía a decir que mi vida estaba siendo rentada, con todo y muebles, (Alejandro Páez participa en la frase) en lo que esa persona regresaba. Ya no más.

Hace unos días aprendí por la mala que las despedidas deben hacerse una sola y única vez, o no se pueden considerar como tales, que es muy tortuoso alargar los procesos condenados a fracasar, que lo cíclico no debe seguir alimentándose. Si uno se despide, que sea cierto, si no lo será, ni para qué intentar elaborar el teatro del adiós que se vendrá abajo en cualquier aleteo de mariposa. Aprendí por la mala, ni modo, yo misma y mis tertulias de recuerdos y opiáceos basados en aromas idos, yo misma y mis letras sepultadas en un tiempo en que todo era distinto.

Nada más que hacer. Las cosas cambian, y es importante dejarlas atrás cuanto antes para no sufrirlas después. Parafraseo el refrán que dice que cuando se cierra una puerta se abre una ventana. Sé de cierto que esta vida se compone de bienvenidas y despedidas, jamás de eternidades, daré paso a las bienvenidas. 

Music on: Beck - Lost Cause
Quote: "los amantes se miran en los ojos / un punto antes de que el amor los vea / se aman antes de amarse" Tomás Segovia
Reading: Odas de Ricardo Reis - Fernando Pessoa

martes, 24 de junio de 2014

Gustave, enamorado



Gustave Flaubert escribió cerca de 3800 cartas a Louise Colet, su amante. Dichas epístolas no son únicamente un motivo de chisme sobre una pasión, sino una puerta hacia ese otro Flaubert, más allá del escritor siempre insatisfecho y perfeccionista de Madame Bovary, como se le conoce en la actualidad. Gide afirmó que cambiaría las novelas de Flaubert por su correspondencia y es que en las cartas fluye la pluma de un autor humano y al mismo tiempo erudito, encarcelado por las vicisitudes que nos interrumpen el cauce vital a todos pero otorgando una respuesta humana y ordinaria, sin dejar de lado su inteligencia.

Es en 1846 cuando Flaubert conoce a Louise Colet. El escultor Pradier, amigo de Gustave los presentó, con la intención de que el escritor tuviera una amante fija, por razones estrictamente higiénicas. Mas de ese encuentro resultaron, no sólo una serie de encuentros casuales entre amantes ávidos de desfogue sexual, sino un amor apasionado, una compenetración intelectual profunda, aunque no siempre en acuerdo sobre algunos temas, una complicidad que se refleja en cada carta.Gustave encontró en ella un receptáculo para la expresión de sus más profundos sentimientos así como sus ideas más sinceras; la redacción no contiene freno alguno, se aprecian escritas al vuelo, y aún así, sobresalen en ellas la perfecta factura de su prosa, así como la cadencia y cohesión de todas las ideas y sentimientos. Gustave relata escenas cotidianas y problemáticas mundanas seguidas de episodios de revelaciones intelectuales y vitales, con el sello de su propio ser erudito: “Me fastidia la inteligencia; quería ser completamente sencillo para amarte como un niño, o si no, ser un Goethe o un Byron”.

Entre todo, Flaubert es un ser espontáneo y sincero, muy alejado del hombre que no dejaba de realizar cambios a Madame Bovary hasta que le satisficiera por completo. Sobre su libertad vital y la deliberada falta de planes y tensiones, esta frase: "Mis libros están abiertos en el mismo sitio; nada ha cambiado. La naturaleza exterior nos avergüenza: es de una serenidad desoladora para nuestro orgullo. Es igual, no pensemos ni en el porvenir, ni en nosotros, ni en nada. Pensar es la manera de sufrir. Dejémonos llevar por el viento de nuestro corazón; mientras hinche la vela, que nos empuje como guste y, en cuanto a los escollos... ¡qué más da! Ya veremos."

Las cartas revelan a Flaubert como un hombre sin reservas que se enamora, y que por supuesto, presa del amor, también despotrica en su contra cada que puede, desprecia sus engaños y sus embrutecimientos, en muchas ocasiones. Este aspecto me parece especialmente importante, pues muestra una convicción personal frente al amor, el saberlo como un opio al que no puede renunciar, el entenderlo como algo dañino para todo el que lo toque. Baste leer algunas de las frases más acertadas al respecto: “¿No sabes que amar demasiado trae mala suerte a ambos?”, “Lo grotesco del amor me ha impedido siempre entregarme a él”, “No soy de esos para quienes la posesión mata el amor; al contrario, lo enciende”, “Estoy espantado del amor, porque siento que nos devora a ambos, sobre todo a ti”.

Y sin embargo, ama, profunda e intensamente: “Apenas te he dejado y, a medida que me alejaba, mi pensamiento regresaba hacia ti. Corría más aprisa que el humo de la locomotora que huía tras de nosotros (es una comparación con muchos humos, perdón por el chiste). Vamos, un beso, rápido, ya sabes cómo, de los que dice Ariosto, y otro más, ¡más!, más, y también, después, bajo la barbilla, en ese sitio que me gusta de tu piel, tan suave, en tu pecho donde apoyo mi corazón. Adiós, adiós. Todas las ternuras que quieras.” En otra carta, escribe así: "Pero aún no te olvido, lo sabes muy bien. No ha llegado la hora. Habrá tiempo para pensar en eso cuando estemos en esa situación. No te afanes en ser desdichada. Piensa siempre que te quiero, dítelo, complácete en esa idea; ponla aparte en tu corazón, no para turbarlo y llenarlo hasta los bordes, sino para confrontarlo y penetrarlo con calor. Si quieres, hazle tomar un baño de amor, a tu pobre corazón, pero no lo ahogues.”

Flaubert supo que la felicidad era pasajera, que las desgracias del mundo eran enormes y que él era sólo un escritorcillo más, doliéndose de la existencia, doliéndose incluso de su propia erudición: “Siempre es así: uno hace sufrir a los que quiere, o ellos le hacen sufrir”, “Ser tonto, egoísta y tener buena salud son las tres condiciones requeridas para ser feliz; pero si nos falta la primera, todo está perdido”, eso y saber que la felicidad, en realidad, no es un placer sino una condena: “Cada alegría hay que pagarla con un dolor, ¿qué digo con uno?; ¡con mil! Así pues, hago bien en no buscarlas demasiado. La felicidad es un placer que te arruina.”

Estas muestras, a mi parecer, dan una nueva cara el escritor, o más bien, revelan aspectos que no salen a flote a través de su literatura. Cuántas veces hemos deseado conocer a nuestros autores preferidos más allá de sus obras. Estas cartas son una evidencia irrefutable del hombre, antes de las letras, con las leras y por las letras pero más allá de las letras. 

Music on: Lost cause - Beck
Quote: "Esas lágrimas causadas por mí, querría rescatarlas con otros tantos vasos de sangre." Gustave Flaubert
Reading: Cartas de cumpleaños - Ted Hughes

viernes, 13 de junio de 2014

La espera

1. 
Esperaré hasta que mi frente deje
de arrugarse siempre que
pasas por aquí vestido de sol
a través de mi cabeza enmohecida.
Sé que he dicho a través,
porque así es como lo haces,
me atraviesas, me taladras y cada
una de tus huellas de serafín
es suficiente para que se me abra
una zanja profunda en el cerebro.

2.
Esperaré otro poco.
Da lo mismo que sea mucho o sea poco,
sea una noche o mil amaneceres
desiertos que se forman
en mis ojos desde hace tanto tiempo.
Un poco puede ser nada o bien todo
porque haga lo que haga
no dejas de atravesar.
Atravesar como atraviesa un árbol
cayéndose sin tregua
sobre una casa, llena e indefensa,
atravesar como la consecuencia
de un accidente mortal que quisiera
volarme el cráneo entero,
derruirlo y hacerle un hoyo enorme
pero sin ningún éxito.



3.
Sé que te he visto y también te he sentido,
pero de igual forma podría también
olerte pasar, morderte pasar,
o llorarte pasar,
los verbos se han adecuado a tu exacta
anatomía de soles y tiempo,
han seguido el camino de tu sombra,
forjado un ímpetu de independencia
para adentrarse en ti
sin limitar aquello
que sólo podría sentir el cuerpo.
Esperaré, entonces,
hasta que las arrugas se hagan ríos
y los ríos se vuelvan tierra magra
llevada por el aire
hasta el confín de lo desconocido,
y se hagan polvo y vuelen
sobre el universo que ambos miramos
y que ninguno entiende,
un lienzo de luz tan claro, impredecible
intangible, impensable.

4.
Pero aun entonces seguirás pasando.
Yo esperaré y más que eso
amaré cada parte de la espera,
cuando hayas dejado de pasar, amor,
y solo hasta entonces, ya sin tu voz,
sin el cielo que cargas en tu espalda,
sin los tesoros que guarda tu andar,
sin la calidez que el recuerdo dice
que es tu abrazo infinito,
ya sin luz y sin agua
y sin ese sabor
que sabemos o pensamos que es cierto,
sabor de mar, de tierra,
de miel entre la leche de la carne,
ya sin esas arenas diminutas
y al mismo tiempo vastas,
células de tu esencia, ya sin eso,
entonces nada tendrá mi cabeza
para que la sostenga
y dejaré de esperar y habré muerto.


5.
Escúchame una vez:
un grito fugitivo,
esperarte es vida, tu ausencia es muerte.
No dejes de pasar,
de llenarme siempre con el dolor
que tu presencia causa,
no dejes de pasar,
construiré un imperio desde la espera,
No dejes de pasar, aunque me duela,
porque si muero no podré ya nunca
acariciarte suave en la memoria,
porque morir es olvidar por siempre
y no quiero liberarte, aún no,
de la menuda cárcel,
luz de mis pensamientos.
Esperaré deseando que tu paso
no deje de colmar todas mis horas,
que siquiera la espera de tu paso
me traiga el inicio de ti, tu voz,
tu verdor que se asoma
a través de las cornisas del mundo,
el alfabeto que es
desde que existes y me llamas, tú,
todo vestido de agua,
de vida, de horizontes infinitos.

6.
No cortaré la espera,
aunque te tardes siglos o segundos.
Morir es, amor, dejar de esperarte.
Te esperaré el tiempo que se requiera
y el tiempo que me alcance.

Music on: Harvest moon - Neil young
Quote: "La felicidad es algo monstruoso, y quienes la buscan son castigados." Gustave Flaubert
Reading: Cartas de Gustave Flaubert a Louise Colet

miércoles, 21 de mayo de 2014

Semper mecum eris



Siempre te recordaré por las cosas
las cosas que viven en este cuarto, cosas que no son cosas: 
aromas, pisadas fantasmales, huellas que nadie más que yo recuerdo,
el humo de cigarro que nadie prende,
las canciones que nadie pone 
-yo no las pongo, no me atrevo-
siempre te recordaré hasta por la luz, 
esa luz matinal que ya dejo entrar tranquila a la cama, 
que me bañe y me despierte
(ya no estás aquí para alejarla y que no se lleve tu sueño).

Siempre te recordaré por los detalles en que reina tu ausencia,
mis labios secos
y el frío de la noche,
mi risa que sé que ya no es la misma.

Dicen que no hay eternidades, mas se equivocan,
porque siempre estarás aquí sin estarlo, 
porque la historia de la humanidad es la historia de la ausencia,
porque nunca se acaban las preguntas sin respuesta.


Music on: Waiting for the miracle - Leonard Cohen
Quote: "La vida es una muerte que nos lleva tiempo". Emily Dickinson
Reading: Antología - Sylvia Plath

miércoles, 14 de mayo de 2014

La utopía de la denotación. Roland Barthes y la publicidad

En El imperio de los signos (1970), Barthes indaga concretamente en la relación de la escritura y las imágenes como parte fundamental de la semiótica; recurre a variados ejemplos de escritura ideogramática y destaca la construcción de otro mundo de significaciones. En este libro, el cuestionamiento fundamental reside en el momento en que se unen la pintura y la escritura y cuáles son, entonces, los límites de las significaciones de uno y otro lenguaje. Asimismo, la llamada escritura de lo visible es tema central de los ensayos: “El mensaje fotográfico” (1961) y “Retórica de la imagen” (1964). Varias de estas indagaciones se concretaron y extendieron en el ensayo “Sociedad, imaginación, publicidad” (1968) en donde la problemática de la imagen y el texto está analizada y de-construida en sus significantes a partir de la imagen publicitaria. La manera en que funcionan los códigos tanto lingüísticos como icónicos es de gran interés dentro de las propuestas semióticas en Barthes, cómo uno y otro se contraponen o complementan y cómo cada uno contiene características peculiares dentro del proceso comunicativo.

Esta inquietud frente a la relación de lo visual y su significante se esbozó varios años antes, dentro de sus ensayos reunidos en Mitologías (1957), donde el autor prueba de diversas maneras las características esenciales de los signos y sus funciones dentro de la red semiótica y semiológica que existe en la cultura. En este estudio, Barthes regresa al cuadro clásico del significado y el significante para instaurar la especificidad del mito como algo que “transforma un sentido en forma” al tiempo que añade un tercer nivel al concepto lingüístico de Saussure, a saber, un signo que se convierte en significante, “el mito es un sistema particular por cuanto se edifica a partir de una cadena semiológica que existe previamente” (Barthes; 1999, 111). Este segundo signo, por ende, está cargado ya de signos y contiene en sí mismo un sistema semiológico. Luego de múltiples ensayos en torno a la escritura, el oficio del escritor, la creación y la crítica, Barthes llega a conclusiones paradójicas en las que constantemente busca desentrañar el lugar de la significancia, la real realidad de los signos, hallada en lo vacío, en lo obtuso, en un tercer sentido igualmente inasible y paradójico. Tanto en las mitologías, como en los ensayos en torno a la imagen, el autor apuesta por la búsqueda de un tercer sentido, o un tercer nivel de lo construido y al mismo tiempo de lo franco, sin dejar de lado el impacto cultural y la connotación.

Partiendo del mito como sistema semiológico, creo pposible emplear las categorías de análisis de Roland Barthes detalladas en los ensayos de la escritura de lo visible, posteriormente reunidos y publicados en Lo obvio y lo obtuso (1982) a una serie de carteles publicitarios. En ellos, el mito aparece naturalizado, mas, siguiendo la propuesta de Barthes, es posible de-construir sus significantes e ir desentrañando el proceso del “robo del lenguaje”. Las categorías dadas por Barthes explican la manera en que los lenguajes icónicos y lingüísticos se relacionan, asimismo, es importante rescatar las nociones del autor en cuanto a la fotografía como la mejor manera de captar lo real, ya que la imagen publicitaria, si bien puede partir de una fotografía, incluye un juego de significantes para transmitir un mensaje específico.

En junio de 2012, se dio a conocer la nueva publicidad para Playboy Magazine, elaborada por el colectivo publicitario Neogama BBH de Sao Paulo. Aquí tomo cuatro de ellos en los cuales el punto de partida es el de una fotografía a la que posteriormente se le añaden otros elementos.



La predilección por la fotografía en Barthes tiene sus orígenes teóricos en el asunto del efecto de la realidad, tema que el autor empezó a desarrollar en las obras literarias y que está presente en varios de sus ensayos críticos. La declaración de que la literatura realista no es una copia de lo real le valió numerosos cuestionamientos, ya que Barthes declaró que el realismo como escuela literaria está engañado desde el momento en que cree que la copia fiel es posible. En una de las entrevistas dadas a Tel Quel, en 1961, Barthes declara que la actividad de la literatura realista fracasa en la copia auténtica de la realidad ya que “lo real en sí mismo, nunca es nada más que una inferencia; cuando se declara copiar lo real, ello quiere decir que se ha elegido una determinada inferencia, y no otra: el realismo, en su mismo nacimiento, está sometido a la responsabilidad de una elección” (Barthes; 2003, 197), además de que la literatura es lenguaje, no realidad.

En años posteriores, siguiendo adelante con el mismo tema, Barthes encontró en la fotografía, concretamente la fotografía de prensa, la manera más adecuada y fiel para copiar lo real. En la primera parte titulada “El mensaje fotográfico” de Lo obvio y lo obtuso escribe:

La fotografía sería la única estructura de la información que estaría exclusivamente constituida y colmada por un mensaje «denotado», que la llenaría por completo; ante una fotografía, el sentimiento de «denotación» o, si se prefiere, de plenitud analógica, es tan intenso que la descripción de una foto de forma literal es imposible, pues «describir» consiste precisamente en añadir al mensaje denotado un sustituto o segundo mensaje, extraído de un código que es la lengua y que, a poco cuidado que uno se tome en se exacto, constituye fatalmente una connotación respecto al mensaje analógico de la fotografía: así, describir no consiste sólo en ser inexacto e incompleto, sino en cambiar de estructura, en significar algo diferente de aquello que se muestra.” (Barthes; 1986, 14)

El interés de Barthes reside en la relación de la imagen y la escritura, en cuanto a sus diversos niveles de connotación. Para el autor es fundamental en sus ensayos la elaboración de una teoría de la imagen pura, a pesar de todo, una imagen que tenga en sí esa significancia y al mismo tiempo sea vacía, que contenga una suerte de grado cero en la imagen. Sin embargo, Barthes sabe (y por este saber se genera su inquietud) que la imagen tiene una pluralidad de significados y que no sólo los lingüistas desconfían de la naturaleza lingüística de esta. Como sea, Barthes también está consciente de la gran carga significativa y de la manera distinta de significar de la imagen frente a la palabra y a partir de esta dialéctica innegable elabora teorías de sumo interés, enfocadas al análisis de los carteles publicitarios, lugares idóneos para las relaciones de connotación en varios sentidos, así como la interacción entre los mensajes lingüísticos y los mensajes icónicos, ya sean declarados o no declarados.

Barthes apunta que “en la publicidad la significación de la imagen es con toda seguridad intencional.” (Barthes; 1986, 30). En la imagen publicitaria se devela lo franco y enfático, con signos que dirigen la lectura. Dentro de los carteles propuestos la apelación visual tiene éxito debido al mensaje asociado dado a través de las dos imágenes, mismo que se encuentra apoyado también en el mensaje lingüístico y en un tercer nivel: anclaje cultural. En términos de Barthes, la imagen completa “Propone tres mensajes: un mensaje lingüístico, un mensaje icónico codificado y un mensaje icónico no codificado” (Barthes; 1986, 33). La distinción entre estos dos mensajes icónicos se resuelve luego que se relaciona con el mensaje cultural. La publicidad utiliza con provecho la connotación de las imágenes en sí, pero no funciona sin un mensaje lingüístico que lo sostenga y que guíe o dirija la lectura hacia un lugar determinado.

Decir que el cartel es original, sencillo, elegante y que transmite el mensaje adecuado, es cierto, mas no es suficiente. En efecto, la sencillez radica en que para hacer los anuncios se emplearon fotografías de una mano sobre un fondo blanco y el dibujo o tatuaje preciso sobre ellas. Pero además, hay que notar que la estrategia utilizada está basada en uno de los mecanismos más clásicos para la publicidad: la metáfora. Cierto que Barthes descalifica su uso, pues de acuerdo a su percepción: “la metáfora es bastante desacostumbrada en publicidad, donde queda prisionera de estereotipos muy fuertes” (Barthes; 2002, 101). Asimismo, Barthes declara que es la metonimia la que fácilmente se utiliza en este terreno pues “estructuralmente se basa en la sustitución del sentido por contigüidad: cuando estamos acostumbrados a la asociación, natural o tradicional, de dos objetos, ya porque de ordinario están situados uno junto al otro, ya porque uno es parte del otro, uno de los dos objetos termina, a nuestros ojos, valiendo por el otro, es decir, significando al otro” (Barthes; 2002, 101). Sin embargo, estos anuncios se valen de la metáfora en tanto que suponen una traslación del sentido recto de las imágenes hacia otro figurado para generar un nuevo significado.

En el anuncio existen dos elementos que se unen, a saber, la mano del hombre y el dibujo-tatuaje de la mujer. Dentro de la definición de Barthes es crucial la noción de la asociación,  la cual no sería posible sin ligarse, primero que nada a un mensaje lingüístico y posteriormente a un anclaje cultural, lo que constituiría incluso una manera de hacer que la metáfora se renueve y en términos de Ricoeur, sea una metáfora viva, lograda por el mensaje lingüístico. Dicho mensaje es la parte que sostiene la relación entre las imágenes y que dota de un sentido determinado al conjunto de las imágenes. Barthes nota que “en toda sociedad se desarrollan diversas técnicas destinadas a fijar la cadena flotante de significados, con el fin de combatir el terror producido por los signos inciertos: una de estas técnicas consiste precisamente en el mensaje lingüístico” (Barthes; 1986, 36). Esta noción se remonta a las operaciones y connotaciones de Hjemslev mismas que finalmente se relacionan con el anclaje de los significantes. Una vez efectuado el cruce metafórico de las imágenes, el mensaje lingüístico es el elemento que determina hacia dónde se llevará la interpretación. Es verdad que sin el slogan, la unión entre las manos y los dibujos no logran el significado deseado y es gracias a éste que el lector reconoce, asocia por completo e incorpora las nociones y entiende el sentido final del mensaje.

Dentro del mismo nivel retórico, es pertinente notar que el anuncio contiene también una sinécdoque, en tanto que hace que el todo signifique la parte. Barthes nota que “la publicidad practica de buen grado la sinécdoque, que le permite enunciar la excelencia de todo el producto ilustrando solamente la perfección de uno de sus detalles” (Barthes; 2003, 101). En efecto, en el dibujo se generan significantes que incluyen la perfección de lo que se anuncia, a saber, la vestimenta escasa de las mujeres así como los cuerpos cuya forma concuerda con las nociones de belleza y estética dominante, perfecta. Además existe una segunda sinécdoque del contenido por el continente, ya que el dibujo de las mujeres es sólo una parte del producto al que se le hace publicidad: Playboy Magazine. La mujer es el contenido puesto en la escena como un artificio de papel y tinta, el continente es la revista. 

El slogan tiene una doble connotación; sin embargo ninguno de sus dos sentidos se completa sino en función de la imagen y siempre acompañada por ella. Al leerse: “placer en tus manos” el slogan apunta directamente a la revista, de la cual las mujeres entran en sinécdoque, es decir, el placer está en las manos en tanto que al leer la revista se encontrará en ella los objetos de placer, en este sentido está “en” las manos que pueden agarrar la revista. El otro sentido responde a la connotación sexual, para el cual se vale de un discurso que el erotismo utiliza frecuentemente, es decir, el poder de mostrar ocultando. Este segundo sentido radica en el placer que provocan las manos y se correlaciona con la desnudez y sensualidad de las mujeres, sus rostros coquetos, sus poses en estado de suspensión y espera del voyeur. Ellas mismas son eróticas y retratadas como objetos de placer porque dentro del ocultamiento de algunas partes del cuerpo incitan al deseo y porque parece que ellas mismas se “acomodaron” idealmente en la mano como si fueran ya parte de ella. 

Me parece que en el anuncio opera también una separación dentro de la unión, es decir, el carácter fotográfico de las manos en contraposición con el carácter pictórico de las mujeres, en otras palabras, el carácter real de la mano frente a lo artificial de la mujer. Esto se explica por la dirección hacia la que se envía el mensaje. La cuestión del destinatario se resuelve al prestar atención a los elementos utilizados y a la forma en que se presentan. Dentro de “El mito hoy” Barthes apunta que existe una naturalización de los significantes por la que el lector culturalmente ya está predeterminado a entender cierto mensaje de cierta manera. Dentro del juego entre los significantes, el signo resultante es también significante y en este nuevo plano adquiere una nueva vida de la que se alimenta el mito. Esta función “generada” es una percepción que gracias a la cultura, el receptor tiene al leer o captar un mensaje. La publicidad utiliza los significantes generados, los mitos, para realizar nuevos caminos dentro de la comunicación.

Para seguir adelante con el análisis concreto de Playboy Magazine, es decir, únicamente la revista, que es lo que aquí se publicita, habría que ir un poco hacia atrás e instalarnos en la generación del logo característico de dicho comercio. No es importante ahora el momento en que nace, pero sí el resultado, pues hoy en día sabemos que la unión de un conejo con un corbatín no sólo tiene el sentido denotado del conejo y el corbatín, sino que la cultura ha hecho de esa asociación una imagen hecha, imagen que representa al imperio de Playboy y que basta con la unión de estos elementos para tener un nuevo significante, un mito. No hay que olvidar que ante todo, el mito es un habla y que “como estudio de un habla la mitología no es más que un fragmento de esa vasta ciencia de los signos que Saussure postuló hace unos cuarenta años bajo el nombre de semiología” (Barthes; 1999, 109); esta semiología es considerada una ciencia de las formas. Al estudiar las ideas como formas Barthes pone en evidencia la constante emisión de mensajes a través de objetos y situaciones cotidianas como por ejemplo las vestimentas, los carteles, pero sobre todo la publicidad.

La pretensión del autor por desmontar los mitos no está muy alejada de la pretensión de hallar un significante vacío o una imagen franca. Barthes se cuestiona frecuentemente sobre las posibilidades de la denotación pura, y concluye que sus indagaciones se corresponden con una utopía. En este caso ¿cómo podría desmontarse el mito del conejo con el corbatín para no pensar en automático en el imperio Playboy? Barthes propone la deconstrucción pero se da cuenta de que dicho proceso es realmente complicado pues es muy difícil hallar imágenes francas, que no denoten nada más que su significado literal. La publicidad según Barthes, se ha dado cuenta de esta dificultad y la ha tomado en su beneficio. Ya que el mito es una manipulación ideológica, la publicidad ha generado e impuesto mitos para hacerlos servir a su favor en el complejo mundo del mercado.

Así pues, el sólo hecho de presentar al conejo y el corbatín genera cierto tipo de mensaje y está dirigido a cierto público. Dicho mito es posible desmontarlo ya que, aunque en principio ejerce un impacto instantáneo ante los ojos del lector, después puede ser desmontado mediante explicaciones racionales. En cuanto al anuncio, una manera de desmontarlo sería proponer un cambio en los elementos que presenta, por ejemplo, intercambiar la mano masculina por una femenina, con lo cual el mito se fractura y el mensaje cambia. Es importante recordar que los mitos existen por presentar sus intenciones como naturales en una primera fase de lectura haciendo que el lector capte el mito de manera inocente pues éste pretende entrar presentándose como un sistema inductivo no semiológico. El éxito del mito radica en que la cultura del lector lo haga capaz de entender el mensaje. Barthes asegura que para lograr el éxito de los carteles publicitarios es necesario tener un entendimiento claro de todos sus elementos y consecuentemente captar el mito a partir de ellos. Es evidente que el anuncio de Playboy fracasaría en todos los niveles si el lector no entendiera la relación propuesta entre los mensajes lingüísticos e icónicos representados a través del slogan, la mano masculina y el tatuaje de mujer sobre ella.

La retórica de la imagen no deja de ser paradójica según la propuesta de Barthes. La imagen publicitaria no puede conformarse solamente por una fotografía, dado que la finalidad que busca no es apelar a lo “real” sino generar una serie de significantes específicos. Debe apoyarse en un segundo elemento icónico y en un tercero, lingüístico. Sin embargo, existe una similitud fundamental entre la fotografía y la imagen publicitaria. La fotografía según Barthes tiene la capacidad de generar un “mensaje sin código”; cierto que la publicidad tiene que ser intervenida, es decir, puede partir de una fotografía pero busca transmitir un mensaje específico,  pero al mismo tiempo, la imagen publicitaria contiene un mensaje declarado o referencial en el cual la presencia del producto anunciado hace que el anuncio mismo sea una comunicación franca, que “expone su sentido último” (Barthes; 2002, 100). Esta pretensión es la que hace que Barthes se interese en dichas manifestaciones concretamente dado que en varios de sus ensayos busca un “tercer sentido”, uno que pueda ser un mensaje sin código, una representación vacía que al mismo tiempo contenga el significado preciso y no otro.  
            
En ambas propuestas Barthes encuentra una manera de entregar un mensaje franco y propone que, por un instante en suspenso, la significancia es posible. Sin embargo, Barthes no puede sino concluir que la realidad de la fotografía quizá también es solamente una suerte de efecto de realidad, pues existe irremediablemente, una utopía en la denotación, incluso en las fotografías de prensa en donde el mensaje fotográfico corre el riesgo de ser mítico, y su objetividad no sea tal pues dicho mensaje también está connotado. Barthes anota que:

Esta connotación no sería fácil ni captable de inmediato en el nivel del propio mensaje (se trata, en cierto modo, de una connotación invisible a la vez que activa, clara a la vez que implícita), pero sí es posible inferirla a partir de ciertos fenómenos que tienen lugar en el nivel de la producción y la recepción del mensaje: por una parte, una fotografía de prensa es un objeto trabajado, escogido, compuesto, elaborado, tratado de acuerdo con unas normas profesionales, estéricas o ideológicas que constituyen otros tantos factores de connotación; por otra parte, esa misma fotografía no solamente se percibe, se recibe, se lee. (Barthes; 1986, 15)

En el caso de la imagen publicitaria, es posible desmontarla si se entiende como un sistema mitológico, así su franqueza decae. Además, sin el correcto anclaje cultural, la imagen publicitaria fracasa. Cierto que culturalmente, una gran cantidad de elementos se han convertido en símbolos tan arraigados en la cultura, que es imposible declararlos sin connotación. En el ejemplo aquí analizado sabemos que el anuncio funcionaría de otra manera si se utilizaran otro tipo de tatuajes, quizá de hombres, en lugar de mujeres, o de mujeres con más ropa y menor coquetería y disposición. Es decir, un pequeño cambio de este tipo, un desmontar del mito, puede generar otro tipo de connotaciones.

La última parte del estudio “Sociedad, imaginación, publicidad” concluye con la propuesta de falsificar, de transformar el mensaje publicitario. Barthes escribe que “la verdadera respuesta que le podemos dar al mensaje publicitario consiste, no en rechazar o borrar ese mensaje, sino en ocultarlo, en falsificarlo, combinando de una manera nueva las unidades que lo componen de una manera natural a primera vista” (Barthes; 2002, 108). Es interesante cómo el autor habla de un robo, tal como lo dijera en Mitologías donde el mito ejerce un “robo al lenguaje”. Así como el mito debe ser entendido y desmontado, la publicidad es un hurto como signo de libertad.


Barthes apuesta por la de-construcción que se logra después de haber racionalizado el mito y racionalizado la publicidad, por eso apunta que ésta tiene que ser “puesta entre comillas”. ¿Qué tan franca es entonces esta imagen? De nueva cuenta, me parece, Barthes se instala en un lugar inasible y efímero, el mismo que propone en la escritura blanca y en las paradojas que llenan su obra, en la subversión y el instante en que las imágenes alcanzan su significancia, aunque la pierdan de inmediato para convertirse en nuevos significantes. Habría que robarle esa significancia a los breves instantes en que la imagen publicitaria es verdaderamente franca y aprender a ser buenos descifradores de mitos.

Bibliografía:
Barthes, Roland, Mitologías, Siglo XXI, México, 1999.
--------------------, Ensayos críticos, Seix Barral, Buenos Aires, 2003.
--------------------, Lo obvio y lo obtuso, Paidós, Barcelona, 1986.
--------------------, La torre Eiffel, Paidós, Buenos Aires, 2002.


Music on: Manic Street Preachers - Show me the wonder
Quote: "porque es justo pensar / y porque es útil creer que pensamos". Nicanor Parra
Reading: Amistad de juventud - Alice Munro