Amparo Dávila nace en Zacatecas en 1928. Su producción literaria es breve pero de calidad, llena de ingenio y buen manejo de lenguaje y creación de atmósferas. Sus libros más importantes, dentro del campo de la narrativa son: Tiempo destrozado (1964), Música concreta (1959), y Árboles petrificados (1977), obra con la que obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia ese mismo año. Su cuentística suele enmarcarse dentro de lo que se denomina literatura fantástica, género que Dávila utiliza para trabajar el misterio, el suspenso y lo desconocido en conjunto con detalles totalmente realistas en escenarios cotidianos.
A pesar de la entereza de sus producciones, Dávila aún no ha sido reconocida por la crítica y tampoco es mencionada frecuentemente en estudios o antologías; Emmanuel Carballo en su libro Protagonistas de la literatura mexicana sólo menciona a Dávila para decir, como dato sin importancia, que estuvo casada con Pedro Coronel, amigo de Juan Rulfo[1] pero jamás habla de su oficio de escritora. Asimismo, en Historia de la literatura hispanoamericana sólo se dice que Dávila es reconocida por sus relatos “de rasgos kafkianos y cortazarianos que han sido recopilados en Muerte en el bosque (1985).”[2]
En realidad Dávila es una escritora cuidadosa y multifacética que trabaja sus cuentos bajo distintas formas y desde perspectivas diversas. En términos generales, los temas que aparecen en la narrativa de Amparo Dávila son la enajenación mental, el peligro, la muerte, el miedo y lo siniestro; la mayoría de estos temas giran en torno a personajes femeninos.[3] Esta afirmación no es del todo cierta pues, aunque sí abundan esos temas, Dávila también explora, y de manera magistral, la perspectiva de la voz masculina.
Estos temas, de inicio, se inscriben en escenarios comunes con personajes en apariencia comunes también pero que poco a poco se desenvuelven hacia otras cosas y bien pueden llegar al límite de las sensaciones y envolver al lector en una atmósfera de incertidumbre tanto frente a lo fantástico como frente a lo cotidiano que en ocasiones lleva directo a la locura.
Muchas veces, para sus personajes, nada de lo que les rodea les parece mejor que sus sueños y entonces su imaginación crea un mundo alterno en el que existen otros destinos regidos por otras leyes; también son personajes que generalmente se presentan como estáticos, estancados en una realidad que desprecian pero de la que no pueden escapar, sus inquietudes se manifiestan mediante el flujo de conciencia que demuestra la insatisfacción y el deseo de alcanzar la soledad.
En Muerte en el bosque, volumen que aparece como recopilación de sus volúmenes anteriores, Dávila trabaja un tema recurrente en dos de sus cuentos cuya temática gira en torno a la huída constante y desesperada hacia algo desconocido. Se trata de “Muerte en el bosque” y “Un boleto para cualquier parte” en los que, primero que nada, es de importancia destacar que a diferencia de la mayoría de los demás cuentos contenidos en este volumen, no se concentra en personajes femeninos en ninguna de sus formas principales sino que, al contrario, el narrador se enfoca a un personaje masculino y con esto descubre las inquietudes que éste presenta tanto en su interior como en su proyección hacia la sociedad, al tiempo que el lector se familiariza con la gran ansiedad y desesperación que permean las historias.
Carlos Rojas Urrutia escribe que los motivos en la literatura de Amparo Dávila son la angustia, la ausencia, la desilusión, la esperanza de encontrar en el futuro un escape que nunca llega.[4] La huída constante se afirma como tema también y se presenta como una sensación crucial y necesaria para asegurar la supervivencia aunque esta no se vislumbre de manera concreta.
“Un boleto para ninguna parte” es un cuento que narra la vida de un personaje sin otro nombre que el de Señor X, un mote tan impersonal que indica la necesaria compenetración de cualquier lector hacia el personaje en cuestión. Es alguien que huye de la monotonía de la vida y más que eso, de las reglas sociales a las que se debe ceñir forzosamente, como son la obligación de casarse y la presión de la familia para que tenga la vida correcta dentro del plano cultural y social propio de ese México desde el que escribe Dávila, a principios de la segunda mitad del siglo XX.
El Señor X no quiere la responsabilidad y presenta una sensación muy parecida a la enfermedad cada que recuerda el peso de su obligación y de lo que se supone que debe hacer en su vida. Para describir el estado de ánimo del personaje, Dávila utiliza frases como: “las piernas se le estaban entumeciendo”[5] “ya no disponía de libertad”[6] “necesitaba estar solo, pensar,”[7] que denotan gran frustración emocional reflejada también en estados físicos.
Este personaje está viviendo una vida que no quiere pero tampoco se manifiesta para hacer algo en contra de su condición; sabe que debe pedir un aumento a su jefe porque se va a casar, sabe también que ese matrimonio es más una obligación que un gusto, sabe que no soporta a su suegra y que odia ir a cenar a su casa. A lo largo del relato, los temas agobiantes se potencializan y entonces, cuando el hombre parece estar al borde de la desesperación es que aparece la salida maravillosa a sus problemas, misma que se resume en salir a la estación de trenes y comprar un boleto para cualquier parte.
Sin embargo, hay que mencionar que el proceso para llegar a tal decisión es crucial para entender el relato y ver cómo es que la fuerza de la imaginación es más fuerte que toda la realidad. El señor X recibe un recado de su sirvienta quien le dice que hay un hombre que lo ha estado buscando varias veces y que necesita hablar con él. La presencia de ese hombre misterioso “un señor muy serio, alto y flaco, vestido de oscuro”[8], cuya procedencia o propósito nunca es revelado al lector, es el motor de la locura del señor X quien, al escuchar que lo buscan comienza a imaginarse una serie de posibilidades que, si bien no son absurdas, tampoco son justificación para que salga huyendo por la ventana de su casa.
Dávila demuestra, mediante la imaginación exagerada de su personaje que la desesperación ante la rutina y la responsabilidad es tal que cualquier otra cosa imaginada que tenga la potencialidad de salvarlo puede resultar lo suficientemente buena como para tomarla. Después de imaginar las posibilidades por las que el hombre lo está buscando, decide que la mejor opción para salvarse es, efectivamente, huir de la manera más irracional posible (aunque por supuesto, para el personaje no parece de ninguna manera irracional) y refugiarse en cualquier lugar del mundo en donde no se le pueda encontrar nunca: “Allí se quedaría esperando hasta el último día del mundo. Él iría lejos. Donde no pudiera encontrarlo y decirle nada.”[9] En principio, el señor X parece estar huyendo solamente del hombre misterioso, sin embargo, es bastante sugerente el hecho de que en realidad el hombre está huyendo de todo lo demás, de la suegra, del matrimonio, del trabajo, de su vida actual que aborrece y le pesa. Dávila presenta así algo que se acerca bastante a la locura pues el personaje se imagina muchas cosas terribles que lo asustan; se imagina que el hombre le dice: “le suplico, señor X, que tenga usted resignación y valor. Su madre se encuentra moribunda y no hay manera de salvarla…”[10] o bien “tengo una orden de arresto contra usted, señor X, por desfalco…”[11]; todas estas son sólo posibles argumentos sin aparente base real y sin embargo, el señor X se queda con ellos como si fueran ciertos lejos de aventurarse a asumir la realidad y averiguar qué es lo que elhombre misterioso va a decirle.
Así, en la desesperación absoluta, el hombre prefiere huir de todo, sin saber ni de qué ni hacia dónde se va a dirigir, pues esto tiene que ser mejor que la realidad. Y es esa tesis la que en realidad sustenta todo el relato. Dávila nos plantea un personaje con un estado de conciencia tan alterado que imagina cosas horribles que para él justifican su huída desesperada, tanto así, que resulta más importante el mismo hecho de huir que cualquier cosa con la que se pueda encontrar después. Así, él cree que ya ha eludido la realidad pero lo cierto es que ha comenzado a vivir en otra de la cual ya nosotros, como lectores, no tenemos noticia.
En “Muerte en el bosque” el tema de la huída tiene varias cosas en común con lo que se presentan en “Un boleto para cualquier parte,” en el sentido de que ambas son voces masculinas que tratan de eludir la responsabilidad y que huyen a lugares extraños, desconocidos, hasta tétricos gracias a las posibilidades que su imaginación recrea.
En este cuento aparece un hombre del cual no tenemos noticia de cómo se llama, es más, la misma autora hace que nos refiramos a él simplemente como “el hombre.”Se trata de alguien que vive su vida con un constante cansancio, casi como autómata: “delataba cansancio, una fatiga de siempre. Llevaba el cigarrillo constantemente entre los labios como si formara parte de ellos”[12] es un hombre al que todo le da igual y que está harto de la vida.
La acción principal de este cuento surge cuando el hombre encuentra un anuncio en la calle que ofrece un departamento en renta; entonces el hombre, después de dudar y dejar a un lado el cansancio, se dirige a ver el departamento para decidir si se muda ahí junto con su familia. Esta acción, que si bien es el motor de todo el cuento, al final resulta intrascendente pues funciona sólo como un pretexto para que el lector se entere de las sensaciones, frustraciones y tristezas del protagonista con respecto a su situación familiar y social.
Poco a poco y a través de monólogos internos en que el hombre recrea las palabras de su mujer, es que sabemos que se trata de un matrimonio que ya no funciona, donde la mujer acumula cosas inútiles en la casa, se queja de sus hijos y de que nunca le alcanza el dinero; también vemos el hastío del hombre que ya no recuerda por qué se ha enamorado de esa mujer ni por qué es que sigue viviendo con ella o por qué no se atreve a hacer algo para cambiar su vida. Y en estas quejas se llena el ambiente de nostalgia: “Y ésta era aquella muchacha esbelta, con sus blusas siempre almidonadas y sus faldas de mascota que él iba a esperar todas las tardes a la salida de la oficina;”[13] y se vislumbra la realidad de que nada es como uno quiere que sea. Junto a la nostalgia se repite el cansancio, la tristeza y el enojo del hombre pues se sabe participante de una relación sofocante que a nadie gusta.
El hombre pregunta por el departamento y mientras espera a la mujer que le dará el número telefónico del dueño del mismo, empieza a imaginar una serie de cosas que parecen ser muy atractivas pero que en verdad son irracionales. En la azotea del edificio, el hombre dirige la vista hacia el bosque e imagina lo maravilloso que sería huir hacia él, mimetizarse con los árboles, o mejor aún, formar parte de ellos, ser uno de ellos y así olvidar las responsabilidades y los problemas que le causa su familia, su trabajo, su vida en general.
El hombre se sumerge en ese mundo alterno donde la imaginación, irremediablemente, toma el lugar de la realidad, al punto que piensa que los objetos cobran vida: “siempre la sensación de que un día aquel mundo de objetos se animaría y se echaría sobre el”[14] y que debe hacer algo al respecto, algo por huir a la asfixia de saber que la vida al lado de su mujer es una tortura.
La mejor solución que se le ocurre al hombre, que en su imaginación ya no puede aguantar más el peso de la existencia, es huir, huir para siempre y de todo aunque la huida no sea del todo satisfactoria o certera. Huir es la única manera de librarse de todos sus tormentos. El hombre desea irse de lo que conoce hasta el momento “descansando de aquella fatiga de toda su vida, de los tranvías, de las calles llenas de gente y de ruido, de la prisa, de los relojes, de su mujer, de la horrible vivienda, de los niños…”[15]
La solución es escapar hacia el bosque en donde puede escucharse a sí mismo y tener tranquilidad; sin embargo, lo interesante de la decisión de huir es que eventualmente, aún antes de escapar, el hombre sabe que quizá el bosque no le otorgará otra cosa sino la muerte y, aún así, decide tomarla, después de imaginar una vida tranquila como árbol, comienza a ver la parte oscura de eso y dice que padecerá también de esa forma: “morir de angustia al oír las hachas de los leñadores, cada vez más cerca, más, más, más… sentir el cuerpo mutilado y la sangre escurriendo a chorros.”[16] El hombre se da cuenta de que si se convierte en árbol también ha de morir, quizá incinerado, lastimado y muy triste, y no sólo eso sino que sus hijos no lo reconocerán a través de esa nueva forma; pero decide morir así de todos modos y desde la azotea, donde el hombre imagina todas estas posibilidades, la voz de la mujer que lo acompaña lo llama pero él aún aletargado en el sueño se va corriendo, no escucha nada: “el hombre no la oía, o ya no le importaba oírla y seguía bajando las escaleras como si lo estuvieran persiguiendo”[17] y corre y se adentra en el bosque con la desesperación de un verdadero esquizofrénico que no ve en la vida otra cosa que no sean peligros, acusaciones, reproches, acechos.
En estos dos cuentos Dávila plantea atmósferas verdaderamente angustiosas plagadas de un halo de inconformidad de esa imposibilidad de lograr un cambio benéfico en la vida. Las maneras de huir de los personajes de ambos cuentos son las resultantes de una alteración del juicio tan potenciada que los llevan a hacer cosas desesperantes e irracionales. Si el señor X se sale por la ventana, huyendo para salvarse; el protagonista de “Muerte en el bosque” apresura el paso sin escuchar nada, dejando el sombrero en las escaleras, todo por querer huir de algo que los persigue y no sólo eso sino que creen, en sus imaginaciones, que sus actos no son irracionales sino que con eso están escapando por fin de ese algo que los oprime, que los persigue y que no los deja ser. Buscan una salida, quizá sólo una manera de estar un rato en soledad.
En el final de ambos cuentos, Dávila nos enseña que es sólo la muerte la que puede hacer que las situaciones cambien, que es el bosque y su destino cruel, su muerte, lo único que salva de la vida; que es huir hacia cualquier parte, en otra realidad, la única forma de resistirse al paso monótono y condenatorio que es la vida.
El motor de estar asfixiado en esta vida inicia por presiones sociales, por responsabilidades que se supone han de cumplirse y de las cuales, en la realidad, es imposible eludir. Así, la mezcla entre lo fantástico y lo real aparece un poco en la salida alterna en la imaginación de estos dos personajes angustiados quienes se refugian en otros mundos los cuales, a su forma de ver, pueden ser mejores; Dávila propone que la única solución para huir de la vida y de la realidad es escapar hacia otras, o bien, entregarse un poco a la locura, lo cual es casi lo mismo.
Finalmente Dávila demuestra que escapar es lo fundamental y es la única manera de resistir la existencia, aunque sea incierto el futuro al tomar esta decisión, huir es el primer paso, claro, de acuerdo a la mente alterada de los personajes. Y sin embargo, Dávila de a entender también que todos podemos ser estos personajes, todo estamos cansados de la vida y de repetir la misma rutina siempre, que todos nos sentimos hartos de todo y que a veces, lo único que quisiéramos es correr, abrir una ventana, bajar unas escaleras y simplemente desaparecer La impersonalidad que Dávila le otorga a sus personajes son signos de que todos los hombres de la tierra pueden huir a morir al bosque y pedir un boleto para cualquier parte.
Bibliografía:
Carballo, Emmanuel, Protagonistas de la literatura mexicana, Alfaguara, México, 2005, 697pp.
Dávila, Amparo, Muerte en el bosque, FCE, Lecturas Mexicanas, México, 1985, 131pp.
Oviedo, José Miguel, Historia de la literatura hispanoamericana 4. De Borges al presente, Alianza Universidad, Madrid, 2004, 491pp.
La Jornada Semanal, sábado 31 de diciembre de 2005, núm. 565, Consultado: 18.05.08 en:http://www.jornada.unam.mx/2005/12/31/sem-amparo.html
Entrevista con Amparo Dávila, Consultado: 18.05.08 en: http://www.literaturainba.com/escritores/entrevista_amparo_davila.htm
[1]Carballo, Emmanuel, Protagonistas de la literatura mexicana, Alfaguara, México, 2005, p. 541.
[2]Oviedo, José Miguel, Historia de la literatura hispanoamericana 4. De Borges al presente, Alianza Universidad, Madrid, 2004, p. 57.
[3]La Jornada Semanal, sábado 31 de diciembre de 2005, núm. 565, Consultado: 18.05.08 en:http://www.jornada.unam.mx/2005/12/31/sem-amparo.html
[4]Entrevista con Amparo Dávila, Consultado: 18.05.08 en: http://www.literaturainba.com/escritores/entrevista_amparo_davila.htm
[5]Amparo Dávila, “Un boleto para cualquier parte” Muerte en el bosque, FCE, Lecturas Mexicanas, México, 1985, p. 24.
Alexander Pope exribió en su poema "Eloisa to Abelardo" los siguientes versos:
How happy is the blameless vestal's lot!
The world forgetting, by the world forgot.
Eternal sunshine of the spotlees mind!
Each pray'r accepted, and each wish resign'd
Y uno de ellos, no es sorpresa, se utilizó como título de la famosa película de Michael Gondry. Independientemente del atractivo visual de la película, creo que la situación que presenta con el olvido es muy interesante.
La historia se resume en el trailer insertado arriba, es un intento por borrar el recuerdo de alguien y así continuar adelante con la vida como si no se hubiera conocido jamás a esa persona. Hasta ahí es muy coherente, ¿a quién no le ha sucedido que después de una experiencia devastadora, lo único que quisiera es no haber tenido que pasar por ahí? y además, ¿cuánto tiempo nos atormenta terriblemente un recuerdo que se clava en la memoria y por más que queramos no lo podemos sacar? ¿no incluso pensamos que seríamos felices de no tener ningún registro al respecto? pues bien, en la película se obtiene esa posibilidad mediante un método que más o menos resulta convincente y con bases científicas, aunque ciertamente un poco nebulosas.
Como sea, el final de la película a ratos parece esperanzador: Joel y Clementine se encuentran de nuevo aún a pesar de que ambos han sido "borrados" de la mente del otro. Coinciden y aunque se dan cuenta de lo que les ha sucedido deciden darse otra oportunidad a pesar de lo mal que les resultó. Lo deciden así porque no tienen registro en la memoria al respecto, entonces, su elección parece sencilla y los dos terminan muy felices. Esto nos enseña, de manera optimista, que entre ambos quizá existía un amor muy grande o que tal vez muy a pesar de haberse olvidado por completo había algo que los tenía que juntar, incluso podríamos pensar que estaban hechos el uno para el otro o algo así.
Sin embargo, existe algo terriblemente triste ante su situación. Lo que se esconde bajo ese final es la lección de que el olvido nunca es una opción para ser más felices, en este caso les funciona como un placebo pero se sospecha que eventualmente terminarán odiándose y sufriendo, exactamente como la primera vez antes de olvidarse. Pope, según lo entiendo, plantea en sus versos una especie de segunda oportunidad sin pesar ni problema, privilegiando a aquellos que pueden olvidar como seres posibilitados para iniciar algo nuevo. Pero Gondry le da un giro pesimista enfatizado en la historia paralela del doctor y su asistente a quien le han borrado el recuerdo de sus aventuras sexuales quién sabe cuántas veces, y de todos modos vuelve a caer en la misma conducta, enamorada irremediablemente del doctor.
Joel y Clementine parecen terminar muy felices, ya lo he dicho, pues a pesar de ya haberse reconocido intentan su amor una vez más, en un momento en que no se desprecien y puedan empezar de cero, sin recuerdos. Parece ideal, pero no lo es tanto. Habría que preguntarnos si frente a una situación así en verdad optaríamos por el olvido. Tomemos en cuenta que el recuerdo forja lo que somos y que en este hipotético planetamiento, siendo como nuestros ingenuos personajes, estaríamos oprtando por un olvido que irremediablemente nos llevaría a cometer los mismos errores de nueva cuenta.
El recuerdo es la salvación, el olvido no es de ninguna forma la salida bendita a los problemas, al contrario, es condenarnos a andar sobre los mismos pasos y sólo el recuerdo puede salvarnos, gracias a esa lucidez de conciencia, de repetirnos hasta el hartazgo todas esas cosas que incrementan el dolor. Además, habría que puntualizar que no todo lo que recordamos es terrible, ¿por qué Joel se da cuenta de que no quiere borrar a Clementine? pues porque reconoce que existen cosas de ella de las cuales no se quiere desprender, recuerdos buenos.
¿Por qué habría que optar? Yo, aunque me carcoma la tortura y la nostalgia de no poder regresar los momentos buenos, prefiero un recuerdo antes que el olvido que de paso me estará perdiendo también a mí misma.
Music on: Hipnotízame - Fobia Quote: "Las cosas excelentes son tan raras como difíciles" Spinoza Reading: El mito de Sísifo - Albert Camus
Hace unos días alguien preguntaba en su Facebook si acaso las cosas que sucedían ya estaban escritas o si el ser humano era dueño de su destino. Yo contesté que es cuestión de perspectiva personal, a mí me gusta pensar que soy libre y que no hay un plan trazado pues, como dijera Sartre, asumir que hay alguien o algo que conoce de antemano nuestras acciones, además de coartear la libertad, permite culparlo por las cosas que no salen bien. Sin embargo, lo admito, la vida es tan perra que a veces pareciera que de hecho alguien conspira en contra de uno; al mismo tiempo es tan absurda y accidental que mejor nos valdría dejar de pensar al respecto y asumir que la primera premisa, bien nos puede dar igual pues no sabremos cómo resolverla.
No es algo sencillo, como ya a estas alturas nos habremos dado cuenta. Veamos algunas situaciones interesantes al respecto.
Parto del supuesto existencialista que afirma la no existencia de Dios y la sí libertad del hombre. Dice Sartre que como no hay un Dios el hombre puede ser totalmente libre y hacer lo que guste de su vida. En su línea de pensamiento esto implica que la libertad absoluta lejos de generar bienestar, crea una angustia terrible pues no hay ninguna fuerza mayor al hombre a la que le pudiésemos atribuir la causa de nuestro errar.
Para lo anterior, un ejemplo burdísimo: Estoy a punto de decidir si debo quedarme en el trabajo que tengo o cambiarme a otro que parece ofrecerme mejorías y nuevas posibilidades. Yo, como hombre libre, decido cambiarme de trabajo, pero después de unas semanas me arrepiento y me doy cuenta de que me está yendo peor y que desearía haberme quedado donde estaba. Entiendo que no es una decisión trascendental, pero el punto es que he decidido eso y cualesquiera que sean las consecuencias sé que las estoy viviendo a causa de mi decisión. Ahora bien, si hubiese dejado la decisión a Dios, si le hubiera pedido una señal para que me indicara qué elegir y si de algún modo hubiera existido tal señal y de cualquier modo hubiera optado finalmente (por el conducto de Dios) a cambiarme de trabajo, con el mismo resultado, entonces yo podría pensar que esa decisión, aunque mala de inicio, forma parte de un plan que Dios tiene para mí (¿acaso no es esto lo que muchas personas piensan actualmente? ¿acaso no se le reza a Dios para que se haga su voluntad aún si eso nos lleva entre las patas? pero eso es otra historia...) y he ahí que ya no fui totalmente responsable de mi decisión sino que estoy siendo parte de un plan mayor que no comprendo pero que me llevará a la larga a un buen lugar. Todo lo anterior, un ejemplo banal para aterrizar el pensamiento de Sartre.
La persona que preguntaba eso en Facebook luego agregó el ejemplo de un niño que ha sido violado para abrir la pregunta: ¿el niño eligió su destino o tal cosa pasó porque así debía suceder por algún plan mayor? A lo que yo contesté que en ese caso particular, el maestro trazador de planes era un desgraciado que no tendría por qué jugar de esa forma con la gente (ahí está Jehová con el buen Job); de cualquier modo, como mi postura es descartar a ese ser supremo que lo sepa todo y ante esas cosas horribles que sí suceden a quien no lo merece, sólo puedo regresar a afirmar la condición de la existencia que es una perra (ya lo había dicho), y que todo lo que pasa es un enorme accidente al cual no hay que buscarle justificación porque no la hay.
Después de pensar en eso me viene a la mente de nuevo la situación de la libertad del hombre. Si es que fuimos creados por un Dios omnisciente, no tenemos verdadera libertad; Dios lo sabría todo, incluso lo que nuestro andar nos llevaría a hacer. Me explico un poco: cuando Adán y Eva mordieron la manzana, Dios ya lo sabía, puesto que todo lo sabe, entonces, como él ya sabía lo que harían, la libertad otorgada a los primeros hombres fue una falsedad. Ergo, el hombre no hace su destino, Dios lo controla.
Ahora bien, todo regresa a Sartre, la libertad es angustiosa pues no hay a quién culpar de nuestros actos. Adán y Eva, por mucho que fueran expulsados del paraíso aún tenían el consuelo de que no estaban solos y que podían voltear la cara a un ser que ya conocía lo que les iba a suceder. Por supuesto que de aquí se abrirían muchas más preguntas concernientes a la naturaleza de Dios y su maldad, al menos el Dios de la Biblia que no es una buena persona, pero eso no es un asunto a discutir en este momento.
Etá también otro grande del existencialismo, Albert Camus, para quien todo es más sencillo: la libertad existe, sí, pues también niega la existencia de Dios, pero toma una vía más simple, por así decirlo, él asume que la vida es un total absurdo en el que todo se repite sin lograr nada realmente, llena de decepciones, angustias, torturas y donde da lo mismo hacer o no hacer algo pues todo es así, tan absurdo, que no vale la pena desgastarse en preguntas al respecto. El existencialismo, a muy grandes rasgos, es darse cuenta de que no hay un asidero posible en el mundo y qué solo nos queda aprender a vivir con esa certeza presente.
Yo, humildemente, me quedo con Camus, acepto que nada tiene sentido y que todos los días despertamos en un mundo que le hagamos como le hagamos está descompuesto y totalmente olvidado de la mano de su creador (si es que alguna vez existió), entonces, habría que simplemente seguir adelante (el suicidio no es válido pero esa cuestión también sería para otro momento) y evitar que la libertad sea motivo de angustia, pues se tome la decisión que se tome esta existencia es muy breve, muy tonta, muy accidental, muy absurda pues y no hay razón para estresarse demasiado por ella.
Así pues, si está hecho el destino o si uno lo elige, resulta ya irrelevante y repito, es simplemente cuestión de perspectiva y de elegir lo que nos ayude a sobrevivir sin suicidarnos.
Music on: As you are - Travis
Quote: "por chuparse los dedos vino el sastre y se los cortó con sus grandes tijeras" Salvador Elizondo
“La realidad es una enfermedad que sólo se cura con el sueño” dice el fantasmagórico protagonista de “Planta de sombra”. Y esta sentencia bien puede englobar el ambiente siniestro, oscuro y asfixiante que acompaña cada uno de los cuentos contenidos en Telaraña de Mauricio Molina.
Uno por uno va abriendo puertas hacia realidades alternas perfectamente trazadas a las que no se les escapa la verosimilitud. Viajes en el tiempo, desdoblamientos de personalidades, rituales y fantasmas antiguos, encuentros eróticos espeluznantes son algunas de las características que podemos encontrar en los relatos.
“Déjà vu”, el cuento que abre el libro, es un relato que contiene la eterna paradoja del viaje en el tiempo. Plantea la premisa de que en el futuro existe la posibilidad de enviar un emisario al pasado para que éste realice algún cambio imperceptible pero fundamental en su yo a ser. Molina agrega algo novedoso al asunto, es decir que tanto el pasado como el futuro están sujetos a la adivinación y que nada está escrito, además de que el emisario del tiempo no es un ente físico propiamente dicho sino un simple recuerdo de alguien que en algún lugar está rememorando ese encuentro, lo cual hace crecer la ya conocida tesis del viaje en el tiempo.
“La bruja y el alquimista”, por otra parte, presenta personajes totalmente reales, con un halo de desesperada sobrenaturalidad. Un asesinato hará posible que el cuerpo comatoso de una mujer renazca y que a través de una relación rito-sexual rodeada de voyeuristas misteriosos el alma de un hombre se traspase, siniestramente, a la de un recién nacido.
De más es sabido que es riesgoso incursionar en temas ancestrales trabajados un sinnúmero de veces sin perder la credibilidad del lector. Tan sencillo como que bien pudiera pensarse que en pleno siglo XXI, las historias de vampiros nos resultarían absurdas. Afortunadamente, “La máscara del dios vampiro” disipa las dudas al respecto. Este cuento, uno de los más fuertes en cuanto a estructura y contenido, viene a poner en duda la tesis de que ya no se puede hablar de la inmortalidad de los hombres con seriedad. Al contrario, el tema se torna profundamente humano y revela el simple deseo de obtener un lapso más largo de vida, de la mano de aquel que se ha convertido en inmortal.
Si bien lo sobrenatural es en gran medida el eje de los cuentos, existen otros en los que sólo habita lo perturbador: “Cuarteto” recuerda la historia de los que parecieran un par de turistas europeos en periodo vacacional por las playas de México y que poco a poco se revelan como el resultado de una parte truculenta de la historia de la cual nadie habla y acaso pocos conocen.
En resumen, uno a uno se podría describir la trama de cada relato enfatizando en que las obsesiones del autor regresan y se reinventan: Borunda encarna la inmortalidad y la posibilidad del desdoblamiento, la Bitácora póstuma de Daniel Macías enfatiza asimismo en ese doble que lo acecha al otro lado de la puerta y que eventualmente habrá de reclamar su vida. “Planta de sombra” retorna al ritual y a los fenómenos sobrenaturales e inexplicables que se suceden del otro lado del espejo. Sin embargo, la recurrencia a ciertos temas no implica que éstos dejen de ser contados de manera original y verosímil, lo cual, además de su buena prosa, es uno de los mayores aciertos del autor.
Molina está dando la vuelta a paradigmas ancestrales llenándolos de nuevas fases y ubicándolos en un presente cercano y tangible: en el corazón de Coyoacán, en una cantina del centro histórico, en un México que todavía puede sorprendernos con sus misterios. Al mismo tiempo esculpe personajes similares a nosotros, obsesos a ratos, oscuros y humanos que nos recuerdan que, como dice Hassan Sabah: “Nada es verdad, todo es posible”.
Music on: Beside - Jon & Vangelis
Quote: "Difícil saber de ti, incluso cuando estabas aquí" Ivan Thays