jueves, 23 de julio de 2009

El instinto

Hace unos meses escribí un artículo que jamás se publicó. Es una cosa formaloide pero interesante sobre el instinto visto un poco desde Freud y desde Darwin. Pensé que sería buena idea subirlo al blog, nomás porque me parece que no es tan malo.


Comer, dormir, desear, soñar, ¿qué tantas de estas cosas son causadas por el instinto? ¿en dónde se esconde esa parte que nace de la inconciencia y que quizá nos impela más cercanos a los animales? Un instinto es el impulso que nos lleva a hacer ciertas cosas, a satisfacer, a sentirnos bien y es algo tan antiguo como el hombre, algo que se ubica desde el animal que ya no somos y el neandertal que alguna vez fuimos; más allá de eso, ¿El instinto es diferente al de los animales? ¿Cuándo surge el ímpetu? Y ¿Cuáles son las formas en que lo satisfacemos o combatimos?

Definición de diccionario:

Calvin Hall en su libro Compendio de psicología freudiana define un instinto como una condición innata que imparte instrucciones a los procesos psicológicos. Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, en uno de sus tantos estudios sobre la psique humana lo define como “un concepto límite entre lo anímico y lo somático, como un representante psíquico de los estímulos procedentes del interior del cuerpo que arriban al alma y como una magnitud de la exigencia de trabajo impuesta a lo anímico a consecuencia de su conexión con lo somático.”[1]

Un instinto tiene una fuente, una finalidad, un objetivo y un ímpetu, esto como partes inamovibles de lo que el instinto es en sí. Las fuentes principales de la energía instintiva son las necesidades o impulsos corporales, entendidas como procesos excitantes en algún tejido u órgano del cuerpo que libera energía acumulada en el mismo. La finalidad última del instinto es la eliminación de una necesidad corporal.

Freud observó que existen finalidades subordinadas que tienen que ser satisfechas para que se puedan alcanzar finalidades últimas. Un ejemplo muy claro es la necesidad de satisfacer, por ejemplo, el hambre; existe en principio un instinto que busca complacer la necesidad fisiológica. Sin embargo, y de acuerdo a lo que plantea Freud, antes de poder aplacar el hambre es necesario encontrar el alimento y llevárselo a la boca; así, encontrar el alimento y comerlo están subordinados a la eliminación del hambre en sí. Freud llamó a la meta final de un instinto finalidad interna y a las metas subordinadas del mismo sus finalidades externas.

Un instinto tiene la peculiaridad de que es conservador porque su meta es que la persona retorne al estado de reposo que existía antes de la perturbación ocasionada por el proceso excitador. Este estado bien podría definir el comportamiento general del ser humano, es decir, la búsqueda de satisfacción de algún deseo o impulso, misma que una vez satisfecha retorna al estado inicia, como si la plena satisfacción no pudiera ser posible y el eterno retorno fuese en realidad la única condición humana. De acuerdo a la psicología freudiana y sus investigaciones se sabe que el curso de un instinto va siempre desde un estado de tensión a un estado de relajación, proceso que se repite pues siempre el instinto trata de producir una regresión a un estado anterior, este proceso es denominado compulsión de repetición.[2]

De acuerdo a Ronald Fletcher, el concepto de instinto debe incluir por lo menos lo siguiente: “la experiencia y el comportamiento instintivo suponen alguna condición interna que predispone al organismo para reaccionar ante determinados objetos específicos en su medio.”[3] Esta “selectividad” de respuesta sólo puede explicarse a partir de alguna percepción específica apropiada para producir respuestas articulares y para dirigir la atención y la actividad del organismo. La definición de Fletcher no está ligada solamente a la psicología lo cual abre otro panorama de discusión.

¿Instinto animal?

Más allá de pensar en un instinto animal y un instinto humano, conviene acaso focalizarlo bajo el término de ‘comportamiento innato’, entendido éste como “el conjunto de movimientos realizados por el animal intacto, es decir, el comportamiento que no ha sido cambiado por procesos de aprendizaje.”[4] De regreso a Fletcher, ya que el instinto sólo se explica con base en alguna percepción específica, en este caso, dada la ausencia del aprendizaje, las condiciones internas y las percepciones deben considerarse innatas. Así, ya que no ha habido posibilidad de aprender las respuestas motoras adecuadas, hay que suponer asimismo, un patrón de conducta innato y específico.

Para comprender de lleno lo que es el comportamiento innato, baste visualizar el ejemplo de un tigre al cual se le ha puesto enfrente un espejo en el que se refleja. Lo curioso del experimento es que el tigre, lejos de sorprenderse por su propia duplicación o de identificarse con ella, se enfurece y arremete en contra de la imagen como si ese otro fuese efectivamente otro, y no él mismo. El tigre responde de esta manera pues dentro de su comportamiento innato está establecido que debe atacar a cualquier otro macho que ronde su territorio y que lo pueda amenazar. Su respuesta está determinada por la naturaleza interna, cosa que más allá de ser relacionada con el impulso, es una reacción que no tiene propiamente una causalidad; se trata de un evento subjetivo que no se puede analizar mediante métodos objetivos. La forma de actuar de un animal hambriento no se puede reducir a que el animal caza porque tiene hambre pues la causalidad es lo que se entiende después de un proceso de racionalización que le animal no posee.

Inteligencia e instinto.

El ser humano se distingue de los animales, gracias a un grado de inteligencia específica que en cuanto a los instintos también es perceptible; la gente aprende a acumular grandes cantidades de tensión porque la liberación repentina de las mismas proporciona intenso placer. El humano, asimismo, es capaz de diseñar y modificar los medios por los cuales, no sólo logrará la satisfacción de un instinto sino que lo ayudarán para reducir la tensión de los mismos. De hecho, la elaboración de estos medios es uno de los caminos principales del desarrollo de la personalidad.

Se diría que la protección de una madre frente a sus crías, ya sea que se trate de una especia animal o humana, es un instinto de preservación nato que todas las madres poseen, esto es válido en los mamíferos generalmente; tomemos como ejemplo los cachorros de los perros, mismos que se ven protegidos por su madre a costa de todo; de una hembra humana se podría decir que conserva un instinto de protección semejante, aunque el factor “inteligencia” pueda ver modificado el instinto original. Las crías de otras especies, por ejemplo, no gozan del mismo grado de protección de la madre, lo cual cuestionaría seriamente cuál es el papel del instinto y por qué no se ejerce de la misma manera.

De regreso a la personalidad humana, que bien ayudaría a entender sus formas de comportamiento, ha sido clasificada por Freud en niveles: está constituida por el Ello, el Yo y el Superyo. Esta clasificación es importante para analizar el nivel de la personalidad y el inconsciente en que los instintos tienen lugar y ejecución.

Al respecto es necesario considerar la teoría de la evolución de Darwin en la que sugiere la probabilidad de que el conocimiento de procesos animales –de la experiencia y del comportamiento así como de la estructura y de la fisiología—arroje luz sobre la experiencia y el comportamiento humanos.[5] Esto nos habla de la continuidad del proceso evolutivo únicamente, pero tampoco cierra la posibilidad necesaria de establecer ciertas diferencias en las especies y enfocar estudios comparativos específicos en cada una de ellas.

Tanto Charles Darwin como Wiliam James afirman que “no existe una relación inversamente proporcional entre el instinto y la inteligencia. William James llega a sostener que incluso, el hombre tiene, en realidad, un mayor número de tendencias instintivas que cualquier otra especie.[6] Más allá de las obvias limitaciones de esta afirmación es crucial reconocer la importancia de la cuestión subyaciente: el que hallemos inteligencia en un animal o en una especie, no implica la ausencia de elementos instintivos en ellos. Acaso, como lo planteara Freud, es labor del Yo y el Ello balancear y manifestar los instintos o reducirlos a conveniencia de acuerdo a normas establecidas.

Ello, Yo y superyo ligados al instinto.

Freud dice que en el nacimiento de un individuo, el sistema nervioso es como el de cualquier animal, denominada Ello. El sistema nervioso como Ello, traduce las necesidades del cuerpo a fuerzas motivacionales llamadas pulsiones o deseos. El Ello tiene el trabajo particular de preservar el principio de placer, el cual puede entenderse como una demanda de atender de forma inmediata las necesidades. Cuando una necesidad no es satisfecha de inmediato y la necesidad misma sólo logra potenciarse, el deseo irrumpe en la conciencia. Es en esta conciencia donde el Ello se va convirtiendo en el Yo, este es el anclaje que existe con la realidad en la que es posible satisfacer los deseos del ello a través de una búsqueda de soluciones de manera conciente.

No obstante, el Yo se encuentra con obstáculos en el mundo externo en el camino de la satisfacción; sucede que el Yo en ocasiones se encuentra con objetos que ayudan a conseguir sus metas, ayudas de las cuales guarda un registro que eventualmente se convertirá en el Superyo.

Se entiende que como individuos sociales, no damos total apertura a la satisfacción necesariamente inmediata o completa de los instintos. Los conflictos entre el Yo y los instintos no constituyen las únicas oportunidades de realizar una penetrante observación de las actividades del primero. El Yo combate solamente con los derivados del Ello que intentan introducirse en su territorio para aflorar la conciencia y obtener así su gratificación. El Yo es responsable de mediar, controlar y transformar los instintos. Este despliega una defensa no menos enérgica y activa contra los afectos asociados a aquellos impulsos instintivos. Cuando pretende rechazar las exigencias instintivas, la primera tarea del Yo es siempre lograr un acuerdo con estos afectos.

Sea amor, nostalgia, celos, resentimiento, dolor y aflicción, lo que acompañe a los deseos sexuales; sea odio, cólera, rabia, lo que se asocie a los impulsos agresivos, todos estos afectos deben resignarse a aportar toda suerte de transformaciones; deben admitir toda tentativa de dominación por parte del yo que procure defenderse contra las exigencias instintivas a las que aquéllos pertenecen dondequiera que la transformación de un efecto sobrevenga dentro o fuera del análisis, encontramos un coactivo y nos es factible estudiar un modo de operación. Sabemos que ele destino de una carga afectiva no es exactamente idéntico al de la idea que representa su demanda instintiva.[7] Es, empero, obvio, que el Yo no cuenta más que con un limitado número de posibles recursos defensivos. Dependiendo de la situación y de acuerdo a determinados periodos de la vida, este yo individual puede seleccionar entre uno y u otro método defensivo: represión, desplazamiento, transformación en lo contrario etc.

Eros y Tánatos.

En su planteo final, Freud reconoció dos grandes grupos de instintos: los que están al servicio de la vida y los que están al servicio de la muerte. Esto lo conjetura a partir de 1920 en su artículo “Más allá del principio del placer.” Freud considerará que existen dos fuerzas en todo organismo biológico, fuerzas que determinan el curso de sus actividades y de apetencias:

Existen los instintos de vida o Eros, caracterizados por la disposición que crean en el sujeto para formar unidades siempre mayores; Eros es siempre apetito de unión y, por ejemplo, se manifiesta en el amor, la actividad sexual y el afán por mantener la propia unidad física y psíquica; por otro lado existen los instintos de muerte o Tánatos. Freud consideró que todo ser vivo manifiesta también una disposición a la disgregación, a la ruptura de la unidad entre sus distintas partes para volver al estado desorganizado y, en último término, inanimado. Tánatos es siempre un apetito de pasividad, de separación y de disolución de unidades. Las manifestaciones patológicas de este instinto son el sadismo, el masoquismo, el suicidio.

Instintos en la sociedad

Dejando atrás y sólo como telón de fondo los análisis sobre los instintos y su relación con cada uno de los rubros de la ciencia, el ser humano aún se distingue, a pesar de la inteligencia, por una necesidad semi animal que lo lleva a la satisfacción de sus necesidades a través de distintos medios. La sociedad está enmarcando un límite para la realización inmediata o plena de ciertos instintos, sin embargo, su existencia no cancela el hecho de que la naturaleza humana tenga ciertas partes de primitividad innata.

Si bien es cierto que la teoría de la evolución conecta al ser humano con el primate gracias a alguna especie intermedia, no es evidente que el comportamiento de uno y otro, aún conociendo el eslabón perdido, tenga su respuesta plenamente en el estudio de los instintos. Estos son cruciales en la construcción de la personalidad humana así como en el comportamiento de los animales y es aún más interesante la relación de estos indicadores y sus manifestaciones en primates, homínidos y el resto de los animales conocidos.

La inteligencia y la formación de comunidades y sociedades quizá han mermado la afloración de ciertos instintos y se han encauzado de manera diferente, acaso más racionalizada, aunque con esto no se niega la existencia de éstos.


[1] Sigmund Freud “Los instintos y sus destinos". Obras Completas, T2, Biblioteca Nueva, Madrid, 1973, p. 2041.
[2] Cfr. Calvin S. Hall, Compendio de psicología freudiana, Paidós, Psicología profunda, México, 2003.pp. 43-44.
[3] Ronald Fletcher, El instinto en el hombre, Paidós, Buenos Aires, 1972, p. 21.
[4] Niko Tinbergen, El estudio el instinto, Siglo XXI, México, 2006, p. 7.
[5] Op. Cit., Ronald Fletcher, p. 17.
[6] Ibíd., p. 19.
[7] Cfr. Anna Freud, El yo y los mecanismos de defensa, Paidós, Psicología profunda, México, 2003, pp. 41-42


Music on: Leslie Feist - La même histoire
Quote: "El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable" J. Sabines
Reading: Revista Algarabía de Julio

jueves, 16 de julio de 2009

Amistad y Amor

El amor es muy frágil, de eso me he dado cuenta con pesar a lo largo de los años. La amistad, aunque con sus matices, es una de las cosas que, hasta el momento, considero más tangible y duradera. Sin embargo, como todo, existe y coexiste en un constante cambio, a veces resulta complicado mantener una amistad sincera por mucho tiempo, la sinceridad es una cosa demasiado compleja, tengo la impresión de que aquella amistad que dura y dura es sólo porque los participantes han llegado a un cierto tipo de acuerdo implícito y secreto en el que se saben amigos sinceros pero al mismo tiempo se ocultan millones de cosas y oscuramente piensan que así está bien.

Esta es la razón por la cual considero que la amistad es mucho más fuerte que el amor, no hay cabida en el mundo para la verdad desnuda que el amor pide, éste en su afán por buscar la exclusividad enloquece al a gente y la transforma. Un amigo no se pone celoso de que tengas otro amigo, es más, tus amigos pueden llegar a ser amigos, no así tus novios o novias. Probablemente sea sólo cosa de semántica, de que la carga de significado que se imprime a un concepto dado nos fuerce a pensar tal o cual cosa de tal o cual situación y que a fuerza de aprendizaje forzado ya estamos hechos a ese pensamiento sin cambios.

Estoy convencida de que es una mentira enorme eso de que a un amigo de toda la vida se le puede contar todo, también es una mentira que se pueden llegar a conocer íntimamente, son sólo engaños que nos hemos fabricado para sentirnos más satisfechos ante nuestras desgracias personales. Así es la vida. Y sin embargo, otra vez, la amistad es mucho más fuerte que el amor. La falta de sinceridad de los amigos no afecta tanto ni crea conflicto ante esta verdad, en cambio, el amor es tan arrebatado que parece no tolerar nada.

Desde niña he tenido amigos que me han durado por mucho tiempo, algunos hasta la actualidad y con ellos compruebo que efectivamente existe un contrato de mentira que se sobrelleva felizmente. Cierto es que cuando uno es niño todo es más sencillo, la amistad tiene la misma base, la persona hace sus pininos amistosos con gente similar en gustos o carácter; al ser niño todo es simple, uno juega con la niña que tiene juguetes parecidos a los nuestras o que de alguna forma primitiva nos inspira apertura y compenetración. Así es cuando uno crece también, el mínimo problema nace cuando de niños somos unos y de grandes otros. Todo cambia, tengo amigos desde hace años, sí, y no hemos peleado debido precisamente a ese contrato silencioso en el que sobrellevamos la convivencia debido a una fuerza nostálgica. Es raro, no puedo terminar de explicar por qué sucede, pero sucede. Seguro que les sucede a todos.

Vuelvo a que el amor es demasiado volátil, y aún así se le busca. ¿Acaso es sólo un intento puramente humano por necear hasta obtener lo más imposible del mundo? En ocasiones no valoramos la amistad, no valoramos el hecho de que existe gente que, de manera desinteresada gusta de pasar un rato con nosotros y que tampoco se morirá de celos si no estamos ahí las 24 horas del día. Y el amor, esa ráfaga de incendio que todo lo arrasa sin nada que uno pueda hacer al respecto, ¿y para qué? Sólo para apreciar la finitud de este, que igual que como se iniciara, se extingue para no existir más.

Estoy de vacaciones del amor, no tanto por mi voluntad sino por cuestiones externas, puesto que para que el amor funciones se necesitan, obviamente, dos. Por el momento quiero una vida tranquila por un rato, hay que anclarse a la realidad al menos por unos periodos pues, al menos yo, después regresaré a la mala vida, a perseguir rayos de luna y a tirar la estabilidad por la borda, a cambio de un poco de frenesí efímero. Olvidaré otra vez lo que sí tiene valor. Soy absurda, eso no lo puedo negar ni pretendo hacerlo. Pero ¿no somos todos así, aunque sea un poco?



Music on: Feist - 1234
Quote: "La amistad y el amor son las creaciones más frágiles. Ambas representan la misma demencia: creer que las personas pueden llegar a conocerse" J. Volpi
Reading: El fin de la locura - Jorge Volpi

viernes, 10 de julio de 2009

La invención de Morel

Los instantes jamás regresan, pero qué tal si tuviésemos la posibilidad de recrearlos a voluntad de manera que resultaran totalmente verosímiles, casi reales. ¿La idea de la muerte nos detendría? A veces la vida parece llegar a un punto sin salida, en el cual la tentación ante una vida alterna es lo más real y poderoso que se tiene.

Adolfo Bioy Casares tuvo a bien escribir una novelita titulada La invención de Morel, en el año de 1940; la historia trata de un náufrago de cuyo nombre jamás se entera el lector y que llega a una isla en la que encuentra un aparato maravilloso inventado precisamente por un tal Morel. Al principio, la narración parece orillarnos a que nuestro protagonista está en una isla en la que no comparte el mismo tiempo o espacio con el resto de los habitantes, pues a pesar de que los ve y trata de interactuar con ellos, jamás recibe reciprocidad en ninguna de sus acciones.

La razón de tales acontecimientos se explica en la función y empleo de la invención de Morel. Se trata de una máquina o artefacto capaz de reproducir incansablemente las escenas capturadas a través de una especie de lente fotográfico o por una rudimentaria cinta de video. Poco a poco nos vamos enterando de que Morel estuvo haciendo experimentos con su aparato y logró capturar escenas específicas de sus amigos y de su acompañante una chica míticamente hermosa de nombre Faustine, de la cual el náufrago se enamora.

El único defecto de la invención de Morel es que todo aquello que ha sido capturado por su lente y que se repetirá hasta la eternidad en él, está condenado a morir en la realidad. Así, lo que el náufrago percibe son sólo imágenes de gente ya muerta, imágenes que se repiten sin novedad ni variación. Aún con esta certeza, el náufrago no logra desenamorarse de Faustine y al contrario, se gesta una obsesión que crece conforme pasan los días, hasta el punto en que se coloca junto a ella en las reproducciones de la máquina, pretendiendo que ambos existen en el mismo plano.

En un descuido con el artefacto, la mano del náufrago es capturada por accidente por la invención de Morel, el protagonista sabe que una vez sucedido esto, su muerte es inminente. El náufrago a pesar de esto, se siente feliz pues sigue recreando a voluntad una vida imaginaria junto a su amor imposible. Ahí termina el relato, no en la muerte sino en la idea alegre de la repetición.

Me pregunto si en estados tan extremos seríamos capaces de entregarnos a esa mentira feliz aún sabiendo que esta traerá consigo la muerte. El concepto me resulta perturbadoramente atractivo. No es novedad el deseo por negar la realidad y el hecho de tener la posibilidad de crear una nueva es una idea bastante tentadora. Sería maravilloso tener una invención de Morel para enajenarnos a capricho, creo que finalmente no importaría la muerte sino la idea feliz que la antecede. ¿Acaso mi locura ya ha excedido los límites? Estoy segura de que no.


Music on: Details in the fabric - Jason Mraz feat. James Morrison
Quote: "Cada momento cae la última gota de la clepsidra" J.L. Borges
Reading: El fin de la locura - Jorge Volpi

jueves, 2 de julio de 2009

Porque temo que digas que sí

Porque temo que digas que sí.
Mis ojos de lluvia suben tibios por tus paredes blancas.

Huyo a la verdad, a que de tu garganta se escape un rotundo y majestuoso no,
una canción crónica y eterna
que imite al cuervo ominoso que no sabía otro parlamento siempre igual y cada vez más apabullante.

Pero.
Porque sí es una esperanza pesada que me acompañará pintando de ilusión todos mis deseos.
También temo que de pronto digas que sí.

¿Cuántas noches más despertará mi oído ante tu fantasma?
Resplandece la melancolía entre pálidos desiertos.
Del insomnio rezagado tejo sombras en la cabeza del tiempo,
de las flores en la estancia hundo el alma a voluntad por el recuerdo.

Hoy las moscas siembran su nostalgia en la planta de mis pies.
No sé si es la distancia la única y verdadera guadaña del deseo
o si acaso es la muerte,
la muerte que es igual a la luna –cercana, mutable, definitiva-
la artesana de la tortura,
la gota que invade poco a poco el corazón desencantado.

Porque temo que digas que sí,
es definitivo:

El hacha dibuja fulminante un atardecer carmín sobre mi lienzo preferido: tu cuerpo.
De tus párpados se escapa el fulgor efímero de tu grito encanecido.
Es el último sonido proferido en el vacío del silencio.

Porque temo que digas que sí.

Music on: Absent friends - The Divine Comedy
Quote: "No hay crimen que no hayamos cometido con el pensamiento" Goethe.
Reading: El fin de la locura - Jorge Volpi

jueves, 25 de junio de 2009

La nada sí importa

"Para ti, Tania, canto. Quisiera cantar más melodioso,
pero entonces quizá no hubieras accedido nunca a escucharme.”
Henry Miller


Él es común y corriente, sin embargo, para algunas, es simplemente genial y maravilloso, inteligente, divertido, original, único. Su nombre no importa. Anoche durmió poco. Hacía demasiado calor. Está sentado frente a la computadora, su mente está en blanco, se ha quedado estático, sólo de vez en cuando pasa su mano con el cigarro encendido y fuma; es domingo por la tarde. Posa su mirada perdida en recuerdos. Mañana morirá, pero no lo sabe. Su muerte, por supuesto, tampoco importa.

Dios y Satanás son amigos, es mentira que han sido antagonistas ancestrales. Ambos se discuten la vida de los hombres como si jugaran al ajedrez. Luego, el perdedor se levanta y va a reclutar otra víctima. No importa, es una entre millones, mañana quizá pueda
ganar frente a los reyes y los alfiles.


Lo que hace ahora es pensar en ella. No se la puede quitar de la cabeza a pesar de la distancia y el tiempo. Ha estado triste, o acaso, algo muy similar a la tristeza; su nombre regresa a atravesar irremediablemente el umbral de su existencia y no hay modo de olvidarla. No es que no salga con nadie más, que no haya intentado enamorarse de nuevo. Es absurdo, eso lo sabe, pero no logra entregarse a nadie ni a nada. A cada respiro aún retumba el eco de su nombre: Tania. Quiere a alguien que la sustituya, o que supla cuando menos la idea que tiene de ella. No lo logra.

Existe una helada certeza en la mente de los hombres cuando por casualidad llegan a profundizar en su propio pensamiento, cuando la soledad les permite escuchar su voz y su verdad. Estos momentos son breves y fortuitos. Pero cuando suceden, los hombres se asustan
ante la conciencia de su finitud y rápidamente regresan el pensamiento a banalidades menos escalofriantes.


Hace unos días salió con otra mujer, el nombre de ella, no es importante tampoco. Se vieron en el centro, compraron cerveza y secretamente se dirigieron a un hotel sin haber pronunciado palabra alguna, sólo respondiendo a un plan previo discutido unas noches antes. Parece que él se entusiasma con el leve interés que le despierta, con su aroma fresco, sus piernas largas y la forma en que hunde sus manos en su cabello. Parece que tienen algo importante en común, que puede haber algo más allá del gusto por el reggae, las hamburguesas y Sabines. Pero es mentira. Cuando ella dice “te quiero” él contesta “gracias.” Después le reitera que sólo son amigos. Lo único que los une es que ambos están anclados a un fantasma.

La esperanza es una gotera que nace en lo más profundo del corazón, poco a poco va permeando la vida, poco a poco, el corazón se hace más húmedo y más insensible, hasta que el latido es imperceptible. Es sólo la verdad la que trastoca los sentimientos, es un simple preámbulo a la muerte. Luego todo se vuelve más nítido, la esperanza crece y el hombre traspasa en vida la puerta del infierno.


Mañana morirá. Será víctima de una bala perdida afuera de la estación La raza. Morirá casi al instante, sin nadie que lo acompañe mas que la nada, la única compañera que lo frecuenta realmente. Esto, por supuesto, lo ignora, mientras sigue fumando, sufre un poco todavía, está perdido. Mañana, a eso de las diez de la noche será liberado de su pueril tortura.

Qué felicidad sería saber que no somos sino un accidente de materia atrapado en siglos de infinito. Qué felicidad aprender a vivir con la verdad. Pero qué tristeza ser tan necios. Qué
tristeza no darnos verdaderamente cuenta de lo efímero e irrelevante de la existencia
.




Music on: Nude - Radiohead
Quote: Después del amor, ¿no viene una cierta melancolía? la de la plenitud. C. Lispector
Reading: Nada cruel - José Ramón Ruisánchez

jueves, 18 de junio de 2009

Una anécdota

Estoy en proceso de escribir un artículo que, con la suficiente buena suerte, podrá ser publicado en una revista de circulación nacional. Para complementar la bibliografía de dicho artículo y dado que algunas de las citas ahí puestas las cité -sin afán de presumir- totalmente de memoria, me fue necesario ir a la biblioteca y buscar detallitos como números de página, años de reedición etc.

El caso fue que me aventuré a la biblioteca felizmente, sólo para encontrarme que en ese mismo momento se encontraba todo hecho un desastre -en inventario, pues- y no podría tener acceso a la consulta electrónica. Afortunadamente, mis cinco años de estudio y de asistencia a la misma sección de estantes en la biblioteca (Literatura, letra PQ, PR o PS) albergaron en mi memoria algunos detalles sobre dónde encontrar, aproximadamente los libros que necesitaba.

De modo que me dirigí al último estante, el del fondo, para encontrar los sonetos de Shakespeare y las poesías más famosas de Keats. En mi paseo por los estantes me topé con Trópico de Cáncer de Henry Miller, lo tomé y lo abrí en la primera página de la novela. Como ya debe ser sabido para estas alturas de escritura frecuente en este blog, soy fan número uno de Miller y he de confesar que pienso en sus Trópicos como una especie de Biblia personal y que los cuido como tal cosa. Casi me sé de memoria esas primeras páginas de Trópico de Cáncer (y también de Trópico de Capricornio, por cierto) aún así, no pude evitar la tentación de releerlas.

No miento, debí haber gastado unos quince minutos hojeando el libro, me olvidé por el momento de Shakespeare y Keats y concentré mi atención en Miller, sin problemas y de manera increiblemente imperceptible. Luego me di cuenta de que el tiempo apremiaba, que debía apurarme para llegar a tiempo a clase, cerré con pesar -verdadero pesar- a Miller, como si me estuviera desprendiendo de algo que jamás volvería a ver y seguí con mi búsqueda.

Luego recapacité que en realidad cada que estoy en una librería y por casualidad, paseando en los estantes me topo con algo de Miller, en especial los Trópicos, no puedo evitar tomarlos y leer alguna de sus páginas, mismas que ya conozco muy bien. Es una obsesión, una que hasta el momento, no me hace ningún daño y que sólo me causa, acaso, una ligera inquietud cuando llega el momento de devolver el libro al estante.

Así que ese día regresé a mi casa y como si Miller fuese un vicio, saqué sus libros del estante, todos los que hasta el momento he comprado y los revisé de nuevo, releí unas cuantas páginas y me volvieron a atrapar. Entonces, hoy pensé en simplemente comentar mi feliz anécdota y compartir un poco, sólo un fragmento de esas páginas que tanto me extasían y que cada que regreso a ellas, aún pueden cambiar mi perspectiva de la vida.

He aquí el principio de Trópico de Cáncer, que es sólo una muy breve muestra de la grandiosidad con que Miller puede escribir y envolver al lector:


"Vivo en la Villa Borghese. No hay ni pizca de suciedad en ningún lado, ni una silla fuera de su lugar. Aquí estamos todos solos y estamos muertos.
Anoche Boris descubrió que tenía piojos. Tuve que afeitarle los sobacos, ni siquiera así se le pasó el picor. ¿Cómo puede uno pescarse piojos en un lugar tan bello como éste?. Pero no importa. Puede que no hubiéramos llegado nunca a conocernos tan íntimamente Boris y yo, si no hubiese sido por los piojos.
Boris acaba de ofrecerme un resumen de sus opiniones. Es un profeta del tiempo. Dice que continuará el mal tiempo. Habrá más calamidades, más muertes, más desesperación. Ni el menor indicio de cambio por ningún lado. El cáncer del tiempo nos está devorando. Nuestros héroes se han matado o están matándose. Así que el héroe no es el tiempo, sino la intemporalidad. Debemos marcar el paso, en filas cerradas, hacia la prisión de la muerte. No hay escapatoria. El tiempo no va a cambiar.
Estamos ahora en el otoño de mi segundo año en París. Me mandaron aquí por una razón que todavía no he podido desentrañar.
No tengo dinero, ni recursos, ni esperanzas. Soy el hombre más feliz del mundo. Hace un año, hace seis meses, creía que era un artista. Ya no lo pienso, lo soy. Todo lo que era literatura se ha desprendido de mí. ya no hay más libros que escribir, gracias a Dios.
Entonces, ¿éste?. Éste no es un libro. Es un libelo, una calumnia, una difamación. No es un libro en el sentido ordinario de la palabra. No, es un insulto prolongado, es un escupitajo a la cara del arte, una patada en el culo a Dios, al Hombre, al Destino, al Tiempo, al Amor, a la Belleza... a lo que les parezca."


Music on: Brain Damage - Pink Floyd
Quote: "Vivir sin conocimiento de uno mismo es como vivir en las sombras" S. Freud
Reading: El viaje - Sergio Pitol

jueves, 11 de junio de 2009

Sabios potenciales según Séneca y Platón.

Dentro de mis fases filosóficas, que no son muchas ni frecuentes, tuve a bien escribir un ensayo sobre la postura de Séneca y Platón frente a su concepción de lo que es o debe ser un "sabio". Fue una aventura, estos hombres sí que profundizan y reflexionan y encuentran cosas demasiado pensadas; aún así, me atreví a encontrar ciertos defectos en sus tesis. Y aquí están, pues:

La Apología de Sócrates es un texto escrito por Platón, que contiene las supuestas últimas palabras de Sócrates en su defensa antes de ser condenado. Aquí, a grandes rasgos, se expone la posición de Sócrates como un hombre sabio, presumiblemente humilde y justo que no teme a la muerte y que está convencido de que su forma de actuar a lo largo de su vida ha sido la correcta.

Cabe mencionar que este texto nos habla de un Sócrates que no necesariamente corresponde en su totalidad al Sócrates real sino que más bien se debe tomar como la ficción que hace Platón al tomar a Sócrates como personaje más que como persona real, esto con el fin de demostrar ciertas ideas que se ajustan a la apología; en realidad, este recurso no es para sorprenderse, pues Platón utiliza en muchos de sus Diálogos el pretexto de Sócrates como personaje para exponer las ideas de éste y dejarlo como el sabio más grande de todos.

Este sabio que se describe en la Apología, en las palabras del mismo Sócrates, se trata de una persona que lucha por defender la verdad y por manifestarla a cualquier persona que se atreva a ocultarla. Sócrates afirma que está a punto de ser condenado por cargos que no ha cometido pues él, lejos de ser “un hombre malvado que corrompe a los jóvenes (…) que indaga lo que pasa en los cielos y en las entrañas de la tierra, que no cree en los dioses, que hace buenas las más malas causas”
[1] es un hombre que se dedica a decir la verdad, a descubrir la ignorancia y a denunciar a aquellos falsos sabios que, con petulancia y en una actitud extravagante, dicen serlo, pero en realidad no lo son y están muy lejos de serlo.

Entonces para Sócrates el verdadero sabio es básicamente aquel que reconoce que su sabiduría no vale nada, aquel que se ciñe puramente a la verdad y que prefiere la muerte antes de ver cometida una injusticia.

Por otro lado tenemos a Séneca quien en sus Diálogos dedica un apartado que trata “Sobre la firmeza del Sabio” en donde ya desde el título se puede intuir el contenido, aunque sea vago, de lo que contiene el texto. Séneca habla mucho sobre la condición del sabio tratándose éste de un hombre cuyos atributos, cualidades y modo de conducirse lo han apartado incluso de la esfera de los seres humanos. La sabiduría en Séneca es explicada como un proceso en el que el sabio se ha convertido en un hombre que no es afectado por ninguna pasión y que tiene una firmeza tal que toda injuria y todo suceso externo a él no lo afecta.

Séneca también habla de la prudencia del sabio como una cualidad esencial en su actuar y su sentir. Dado que el sabio es casi un dios no se conduce de mala manera ya que todo lo medita y es prudente en sus acciones, lo cual le permite, por supuesto, negar las pasiones y no reaccionar impulsivamente ante las injurias, sino, como ya se había dicho, dejarlas pasar sin que lo afecten.

Ahora bien, si Séneca justifica la actitud del sabio a través de la prudencia, Sócrates la busca a través de la verdad. El sabio que personifica Sócrates no es para nada prudente en el sentido de que no le afecten las injurias y por eso no actúa ante ellas, al contrario, este sabio, lejos de la pasividad está dispuesto a demostrar que él tiene la razón frente a las cosas que él mismo propone. La acción de Sócrates frente a la pasividad de Séneca es una gran diferencia en cuanto a la concepción de sabiduría.

Sin embargo, si en algo coinciden ambos es en abstraer la figura del sabio como un ente que está más allá del alcance de los hombres. En Séneca esta afirmación es explícita: "Del mismo modo que algunos escollos que hunden su base en las profundidades cortan el mar y ni siquiera muestran vestigio alguno de violencia, a pesar de haber sido azotados durante siglos, así el espíritu del sabio es consistente y acumula tanta fuerza que está tan a salvo de la injuria como las materias de que te hablé."
[2] Es decir que el sabio es un ser que ya no puede ser afectado por ninguna de las acciones humanas y que se ha trasformado casi en un dios.

Para Platón el sabio no se ha convertido aún en un dios, sin embargo afirma que Sócrates es como el enviado de Dios, el que con su sabiduría se ha colocado por encima de los mortales y tiene acaso la misión de comunicar su sapiencia sin la cual el resto de la humanidad quedará en tinieblas: "Se me figura que soy yo el que Dios ha escogido para excitaros, para punzaros, para predicaros todos los días sin abandonaros un solo instante. Bajo mi palabra, atenienses, difícil será que encontréis otro hombre que llene esta misión como yo; y si queréis creerme, me salvaréis la vida."
[3]

Cabe señalar que ambos escritores parten de situaciones distintas, es decir, para Séneca en su diálogo sólo habla de las cualidades del sabio, mientras que en Platón el sabio es el que está hablando y lo hace no en una situación común sino en el momento antes de morir (o de ser condenado a muerte, que para el caso es lo mismo). Precisamente basándonos en la situación particular de Sócrates, cabe resaltar un elemento importante dentro de la conformación de la postura del Sabio; Sócrates recurre a la retórica para tratar de convencer a sus jueces no que no lo ejecuten, pues esta acción negaría sus propios ideales de justicia así como su no temor a la muerte, sino que se den cuenta de la pérdida que ocasionarían de ejecutarlo y no creer en sus palabras. Al hacer esto Platón se pone en una postura aún más petulante que los mismos sofistas a los que el mismo Sócrates critica, pues su actitud resulta bastante chocante y en su afán de decir la pura verdad cae en chantaje para lograr un remordimiento de conciencia en sus jueces.

Por eso, entre otras cosas que ya se han demostrado, es que el sabio que personifica Sócrates es un hombre activo que está involucrado en cuestiones humanas y que puede lidear con las pasiones, no porque no le afecten sino porque su sabiduría es tal que le permite estar en contacto con ellas y saberlas manejar. El sabio de Séneca simplemente se ha alejado de todo esto y como se ha alejado de las cuestiones humanas nos parece, creo, más artificial y no algo con lo que se pueda relacionar fácilmente.

Aunque el sabio de Sócrates es más petulante y manipulador, se siente más sincero y más real que el de Séneca y la realidad otorgada por Platón da a lector la impresión de que la sabiduría es algo que de hecho se puede alcanzar. Aparte, Sócrates sigue siendo humano porque aunque diga que su sabiduría no es para estarse presumiendo y da a entender que parte de la sabiduría reside en la humildad, es evidente que la humildad se le olvida en el momento en que afirma que efectivamente él es más sabio que todos los que lo están condenando y que el castigo más grande no reside en la muerte de éste sino en la eterna ignorancia en que quedarán todos los demás si deciden matarlo.
[4] Esta humanidad es por mucho, más lógica y más verdadera que todo lo que pudiera decir Séneca sobre ese ser inhumano, tan lejano de los mortales comunes. Pues aunque la sabiduría otorga una cierta calidad de superioridad, es también propio de la sabiduría el saber cómo utilizarla. Es decir, ¿de qué le sirve a Séneca presentar a un sabio impávido ante todo? ¿no es más válido hacer uso de esa sabiduría de acuerdo a la misma? Es por eso que la retórica de Sócrates también funge como parte de la sabiduría pues ésta consiste, en buena parte, en utilizar los medios necesarios para llegar a un fin que puede ser variable pero que debe ser conseguido.

De cualquier modo, pese a los defectos que encuentro en la postura de Séneca, creo que para conformar la identidad de un verdadero sabio, es necesario tomar características de ambos y no sólo ellos sino de otras ideas que complementaran la figura del sabio, por ejemplo un poco de la prudencia del estoicismo y de un buen balance entre razón y sentimiento, por mencionar algo.

Asimismo, restaría la petulancia de Sócrates porque en varias de sus frases esta actitud no lleva a nada y bien puede ser sustituida por un poco de la prudencia de Séneca en el actuar dado que ser prudente es actuar igualmente con sabiduría frente a situaciones determinadas; sin embargo, es admirable el uso de la retórica en Sócrates pues enseña una forma práctica de demostrar la sabiduría, es decir, maneja las palabras de tal suerte que logra convencer a sus jueces de que crean justamente lo que él quiere que crean y definitivamente se necesita sabiduría para lograr esta clase de efecto.

El sabio debe tener el valor de conocer todas las pasiones, de adentrarse en ellas y posteriormente, mediante el uso de su sabiduría, elegir cuál de ellas quiere permitir y cuál negar. Si acaso hay una sola virtud que resuma el comportamiento correcto del sabio, quizá esta residiría fuertemente en la prudencia pues lo hace capaz de elegir sobre todas sus acciones y palabras. La prudencia está muy ligada a la sabiduría, tanto que sin una no habría la otra; una persona que actúa impulsivamente es porque no tiene la sabiduría para discernir sobre sus acciones, de igual forma, una persona medianamente sabia siempre tiene la paciencia para pesar un momento sobre la forma de conducirse, es decir, ser prudente y obtener beneficios (ya sea personales o colectivos) de una manera más sencilla y hasta duradera.

Otra cosa relacionada con la virtud de la prudencia es que el sabio es una persona que tiene todo el derecho de sentirse superior al resto de los hombres; el simple hecho de llegar a la sabiduría ya otorga un estatus de superioridad y en este punto la prudencia indicará al sabio qué hacer con el poder que tiene (pues todo conocimiento es poder) y le ayudará a decidir sobre lo que quiere hacer en esta posición privilegiada.

Si el sabio está encaminado al bien o al mal no es algo que se diga explícitamente en ninguno de los textos pero se intuye que la sabiduría de ambos está encaminada al bien. Sin embargo creo que la sapiencia otorga también la posibilidad de actuar tanto bien como mal ya que a partir de un conocimiento obtenido a través de la sabiduría, el hombre tiene la capacidad de discernir hacia qué lado de la balanza desea dirigir sus acciones, si hacia el bien o hacia el mal, o bien, ya sea a conveniencia propia o para ayudar a otros. Este problema no es tratado por ninguno de los autores pero creo que vale la pena resaltarlo un poco pues consiste también en hablar de lo que representa el conducirse de una manera correcta o incorrecta o bien éticamente buena o mala, lo cual necesitaría un análisis más complejo de las acciones del hombre mismas que creo que no vale la pena analizar a conciencia en este momento, pues sería una discusión muy larga que ya no tendría como eje la sabiduría en sí sino la manera ética de actuar del hombre frente a situaciones determinadas; sin embargo, sí resalto el hecho de que nuestros dos autores consideran la sabiduría encaminada al bien y no consideran lo ambiguo que puede llegar a ser la concepción del bien o del mal pues depende de circunstancias específicas.

La sapiencia de ambos personajes parece algo difícil de lograr, aún en Sócrates, que es el que se nos presenta más humano. Y es difícil conformar la idea de un verdadero sabio pues la sapiencia depende, creo yo, de muchas más cosas de las que estos autores han considerado.

¿Existe tal cosa como un verdadero sabio? No lo creo; de existir, tendría que ser un dios como el de Séneca, (o algo muy cercano a so cuando menos), un ser que más bien está apartado de la concepción de los mortales y que no le afectan las cosas propias de la vida. Este sabio no existe y la sabiduría es bastante relativa ya que no es de ningún modo lo universal.

Los intentos de Platón y Séneca sólo contemplan algunas partes de la sabiduría, que no son suficientes para elaborar un concepto más universal de lo que esto implica e incluso la pretensión de universalizar esta clase de cosa sería complicada, así como lo es universalizar casi cualquier otra cosa.


[1] Platón, Diálogos, Porrúa, Sepan cuantos, México, 2000, p. 5.
[2] Lucio Anneo Séneca, Diálogos, Carmen Codoñer (trad.), Tecnos, Madrid, 1996, p. 37.
[3] Platón, op. Cit, p. 11.
[4] Platón, op. Cit, p. 13.


Music on: Dream again - Franz Ferdinand
Quote: "El sueño de la razón engendra monstruos" Goya
Reading: El viaje - Sergio Pitol

jueves, 4 de junio de 2009

Y es que hay tres




Dijiste que escoger algo era renunciar a lo demás. No lo dijiste por mí, no soy tan importante. ¿Yo? Sólo te puedo decir que ya no estoy escogiendo nada. Estoy suspendida en la superficie de la luna, flotando sin rumbo constantemente. Una vez escogí, escogí estar contigo, pero ¿qué puedo hacer cuando tú has escogido otra cosa? Supongo que tienes razón, lo supongo porque aún no lo sé, pero afirmarlo de esa forma me ayuda a sobrevivir. Me hundo en el pasado, en el recuerdo. En este instante me es imposible salir del ostracismo. No espero que lo entiendas. Es como si hubiera puesto pausa a mi existencia, y aún en esta suspensión pudiera ver cómo el resto del mundo camina sin parar. La única que no se mueve soy yo. Puedo ver cómo te mueves tú también, lejos. Y es frustrante no poder fluir a la par de nada, ni de mi propio ritmo.

No te culpo. No hay verdaderos mártires sino lo que uno mismo se construye y se cree, no soy una mártir, sólo erré al creer que tú y yo existíamos en el mismo espacio y pensábamos la misma cosa. Qué estupidez, lo sé, ¿cómo he de pedirle a otro, a cualquiera, que se meta en mis pensamientos y que, encima, los comparta? Me dejé llevar por un instante disfrazado de eternidad, me perdí en ese día glorioso que pasamos juntos, y nunca vi que después de eso ya no habría más. Nunca hay más, al menos no para mí. Algunos no estamos destinados al amor. Eso lo pienso una y otra vez como una especia de placebo que me aleja un rato de la inevitable verdad.

Jamás me prometiste nada, quizá debí haberte exigido una promesa, aunque en este momento tal cosa tampoco ayudaría. En este momento ayudaría renacer sin odio y sin esperanza, quizá. Pienso que tal vez a ella le has prometido todo, tal vez, simplemente, a ella la amas, así de sencillo. Siempre me sucede, hoy igual que hace dos años, hoy igual que en ese futuro etéreo pero igualmente terrible. Estoy convencida de que la existencia es cíclica. Y lo peor de saber, y no sólo de creer, es que sé que seguirá sucediendo dentro de tantos segundos inasequibles de respiración robada al espacio.

Mañana. Mañana es una palabra que no comprende el tiempo de ninguna forma. Mañana puede ser dentro de dos semanas, o dentro de un mes o un año, es lo que menos importa ahora. la vida es suficientemente tortuosa como para querer otorgarle un lugar específico al sufrimiento, sabiendo que en eso también se fracasará. Pero mañana, mañana sabré que puedo salir de aquí, que puedo dejar de derretirme, que el movimiento existirá, que fluiré como fluye el agua, la sangre, el semen, la vida. Pero también sabré que te seguiré adorando desde la distancia, que te veré pasar e intuiré tu forma del otro lado de las cerraduras y que todo esto, todo este dolor, igual que el paso del tiempo, es algo totalmente inevitable.

Dijiste que escoger algo era renunciar a lo demás. Todavía no sé si puedo escoger algo, cualquier cosa, y que esa cosa, no te contenga a ti.



Music on: East Jesus Nowhere - Green day
Quote: "El hombre no vive más que de religión o de ilusiones" G. Leopardi
Reading: Los días azules - Fernando Vallejo